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Siendo estudiante de ingeniería industrial en la UNAN-Managua, Maykol Salazar creó un gel que se aplica a los cables de electricidad con el fin de protegerlos del calor y evitar que se quemen. Este es uno de los inventos que sobresale entre los emprendedores de esta alma máter.

Salazar confiesa que siendo un niño jugaba a meter en los tomacorrientes un tenedor con terminal de madera para ver cómo salían las chispas. Más de una década después esa fue la chispa de su primer invento.

“Nació como un gel a base de almidón que podía resistir transferencia de energía. Lo podías aplicar a un producto y no se quemaba”, explicó. Después de cuatro años de trabajo e investigación, descubrió que si en lugar del gel utilizaba una mezcla, la resistencia era cuatro veces mayor.

Según la Dirección General de Bomberos, en Nicaragua cada día se registran cuatro incendios. “La mayor parte originados por conexiones eléctricas, casi el 56% son por malas conexiones”, agregó Salazar, quien ahora se hace cargo de la primera oficina de Transferencia Tecnológica de la UNAN-Managua.

Pese a su éxito el joven ingeniero confiesa que a veces se siente frustrado.

“Yo quería hacer una empresa con eso, pero nunca pude conseguir el financiamiento. Necesitábamos 1,500 dólares para empezar, pero no se pudo. Entonces para que la investigación no se quedara engavetada, se la cedimos a la universidad”, lamentó.

FONDO

Desde 2010, la UNAN-Managua cuenta con un fondo para el desarrollo de investigaciones.

Léster Rocha, director de Investigación de Postgrado, relató que inicialmente el presupuesto era de 150,000 dólares, una cifra modesta “en relación con otros fondos, pero es uno de los primeros intentos que se hacen en las universidades públicas”.

Actualmente, el monto es de alrededor de 100,000 dólares y ha permitido mantener un total de 70 proyectos en todos los niveles. Uno de ellos es el de Josseling Lara, recién egresada de la carrera de fisioterapia y quien buscó la manera de dar más comodidad a los trabajadores de oficinas que pasan largas horas sentados en la misma posición.

“Vimos tanto uso de sillas de oficinas y la verdad es que son pocas las que cumplen con los requerimientos de la ergonomía”, reveló.

Así fue que pusieron manos a la obra para crear una silla que además de más cómoda y barata, afectará menos a la columna vertebral de quien la utilice.

“La altura se adapta mejor que las demás sillas, ya que algunas son muy bajas. Se hizo mucho más alta, pero igual se puede bajar y subir, y el respaldar es reclinable. También se hizo con relieve porque ayuda a los puntos de presión, por ejemplo, para las personas que tienen hemorroides, permite mayor ventilación y tiene el sistema de los colchones antiescaras para que no haya presión cuando uno está sentado”, detalló Lara, de 21 años de edad.  

El proyecto nació en una clase, pero con el Departamento de Innovación, recién creado en la universidad, "hicimos una ponencia para ver si pasamos a emprender una microempresa universitaria. Todavía se está estudiando qué proyectos pueden avanzar a esa etapa”, agregó Lara.

La idea es ofrecer una silla personalizada al gusto de cada cliente. Originalmente, los materiales de la silla son de metal y no de plástico para hacerla más resistente, y está forrada con tela de mezclilla debido a que la hace más fresca.

MÁS PROMOCIÓN

De acuerdo con Guadalupe Martínez, secretaria del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conicyt), el financiamiento es uno de los principales obstáculos para la innovación.

En las diez ediciones que se ha realizado del Premio Nacional de Innovación se han presentado unos 300 proyectos, pero solo 40 están funcionando actualmente, otros 30 están en proceso de búsqueda de fondos y el resto ha ido quedando en el olvido.

“Nosotros por eso vinculamos investigación, innovación y emprendimiento. La idea puede ser muy buena, pero si no se avienta a desarrollarlo de nada nos sirve que sea la mejor”, cuestionó Guadalupe Martínez, quien considera que el país ha ido avanzando tanto en investigación científica aplicada como en innovación.

“Se está apostando mucho a la economía del conocimiento, con doctorados, maestrías, que el país se especialice en nuevos temas y que no haya tanta fuga de cerebros. Trabajamos de forma articulada, conocemos varios espacios y actores que están trabajando en la misma línea, para que no haya tantos esfuerzos dispersos”, concluyó.

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