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Amante de montar caballos y de la pesca, el doctor Herman Ríos cuenta que nació en Chontales, en el auge de La Mina del Jabalí, apogeo que originó una ola de migración movida por la prosperidad de la zona.

Su papá era matagalpino y su mamá chontaleña, procedente de familia granadina. Su juventud la vivió en Matagalpa, tras el desplome de la prosperidad minera que afectó a la región.

Sus estudios los realizó en Matagalpa, aunque reconoce como la parte trascendental  de su vida académica sus estudios en la Universidad Nacional Autónoma de México, donde se graduó como médico y se enamoró por completo de la literatura.

“Las batallas veladas” es su última novela y fue la ganadora del certamen María Teresa Sánchez. El doctor Ríos conversó con El Nuevo Diario sobre cómo este premio le devolvió las ilusiones de juventud, además habla sobre sus proyectos literarios.

¿Por qué decidió estudiar Medicina?   

Los nacidos en esos tiempos de 1945 a 1950  éramos unos copiadores. No teníamos devoción o  creíamos en las cosas, sino que copiábamos el ambiente. Uno admiraba a los doctores y a los abogados, y  soñaba con tener ese título, porque si no se quedaba en la finca ordeñando vacas o haciendo negocios. Yo apreciaba a médicos que conocí que parecían tíos míos y andaba metido en los hospitales.

¿Cómo ligó la Medicina con la literatura?

Siempre me  persiguió la inquietud por escribir. En México me pasó algo muy interesante. En la ciudad universitaria el edificio de Medicina era gigante y el de letras muy pequeño, pero estaba lleno de mujeres bellísimas. Entonces me gustaba ir a clases de filología, oía clases de gramática y análisis literario. Llegaba de colado porque con mi credencial entraba donde yo quisiera en la universidad. Así fui aprendiendo de literatura y fui remitido a la lectura.

Tuve la dicha de conocer a Erich Fromm, alemán llegado a México que formó la Psicología Social en la UNAM. Él es la contraparte de Freud y me motivó más a la lectura. 

¿En qué género dio sus primeros pasos literarios?

Yo empecé escribiendo cuentos y como no tenía un poder mental para aventarme al ruedo, los escribía y los regalaba a mis amigos. Algunos eran de 4 o 5 páginas, otros eran hasta de 16. Hoy por hoy tengo 41 cuentos y una mentira, de forma inédita. Estoy esperando el éxito de las novelas para publicar este libro.

¿Sus 41 cuentos reflejan diversas etapas de su vida o solo la de universitario? -Hermán Ríos-

Tengo cuentos de cuando tenía 19, 25, 35 años, así que reflejan ámbitos diversos, hay facetas diferentes en ellos. Algunos los he cedido para publicarse en revistas y hasta en un periódico local de Matagalpa. Tengo uno de la vida real que me lo contó César Ramírez Fajardo, de los Bisturices armónicos, y nunca sospechó que iba a recrear la historia del brujo de Ometepe, que era visitado por gente de diversas partes y mi historia revela que de brujo no tenía nada, sino que era un psicólogo natural. En ese libro la mentira es mi mayor secreto, porque nadie la ha leído, los 41 cuentos sí. Solo puedo decirle que tiene que ver con el terremoto de 1972.

¿Qué especialidad médica estudió?

En México me gradué como médico y cirujano. Mi servicio social lo hice en Somoto, un año que voy a recordar hasta el último día de mi vida porque viví solo cosas agradables en el. Después me fui a Costa Rica, al Hospital Nacional del Niño, donde me especialicé como cirujano infantil. 

¿Tiene alguna anécdota de juventud?

Vengo de familia liberal, pero era rebelde y cuando regresé de mis vacaciones de primer año de Medicina mi maleta traía propaganda para Nicaragua, con todos los movimientos clandestinos contra Somoza. Pensaron que no me iban a tocar, así que enviaron revistas y folletos, pero me gané dos fajazos de la Guardia Nacional en el aeropuerto Las Mercedes y una buena regañada. Me salvó que un tío mío era coronel de la GN en Bluefields y yo les dije. Entonces me dijeron no te hagás comunista chigüín.

¿Cómo llegó a la escritura de novelas?

Me especialicé en Costa Rica y  viví allá cuando no había xenofobia. Me vine a Nicaragua y estuve en el Bertha Calderón, que en ese entonces era el hospital Central.  Me desempeñé como cirujano infantil de base, daba consultas privadas, operaba en el Bautista y trabajaba 25 horas al día, sin exagerar, lo digo porque no abundaban los cirujanos infantiles y tenía demasiada demanda. Estaba realizado como médico, daba clases en la universidad e hice intentos de escribir novelas, pero no me gustaron. 

Ya cuando me fui asentando inicié a escribir “Sueños de amor en un país desafortunado”.  

¿Qué lo motivó a  publicar esa que era su primera novela?

En realidad la presenté en el certamen anual del Centro Nicaragüense de Escritores en 1997 y resultó ganadora. La publicó la Universidad Centroamericana con un poco de protesta de mi parte, porque faltaba la revisión y ellos tenían prisa para imprimir. La entregué y en realidad creo que vale la pena revisarla, pero le ha gustado mucho a la gente porque habla de la historia del "Vapor Victoria". Es una novela de amor y de conflictos, ahí sale mi agnosticismo y el protagonista es un médico.

¿Cuál fue su segundo trabajo novelístico?

“Las burlas de la vereda infinita” es mi segunda novela, publicada en 1996. Creé un pueblo que lo llamé Lóvago e inicié el periplo del abogado local Abel Conde Soto, a quien  fui transformando poco a poco hasta convertirlo en un miserable. Es el viejo de los versos. Tengo una figura de madera de una sola pieza de este personaje que llegó a andar hasta descalzo, a pesar de ser de alcurnia norteña. Él se vino de Nueva York porque allá no había zanates. Su hija se hizo revolucionaria y lo buscó tardíamente. La historia termina cuando llegó a la casa en ruinas del viejo de los versos y ella lo vio “aletear en el centro del patio luchando por remontar su cuerpo al cielo, porque su alma ya  había remontado el vuelo”. 

¿Qué siguió en su itinerario literario?

En 2008 vino ¡Oh, divina soberbia! Esta novela tiene prólogo de Erick Aguirre y es la historia de cuatro viejitos en un asilo. Ellos van contando su vida. Los personajes son Su Excelencia, que había sido como la máxima autoridad del pueblo, El Intelectual, que tiene muchos conocimientos y es ateo, el tercero es un Sabio multifacético con destreza en química, física y electricidad. El cuarto es un ángel, porque es asexual, era muy pulcro y se doblaba como las palmeras, para donde le convenía. La soberbia llevó a que siempre Su Excelencia creyera que el poder le había llegado del cielo.

¿Qué ofrece a los lectores en "Las batallas veladas"?

Esta novela tiene una historia. En el año 80 ya se había creado una contrarrevolución y Costa Rica fue ocupada como base de la contrarrevolución. Quien fuera en esos años el ministro de Seguridad Pública,  en 1994 leyó “Las burlas de la vereda infinita” y le gustó el estilo. Me invitó que lo viera porque estaba como en el exilio y lo habían mandado como embajador en Panamá, hasta donde llegué a visitarlo. Él me relató el testimonio de lo que había pasado en los 80, lo que la gente no sabe, las pláticas por teléfono y es así como comienzan las batallas veladas, porque nunca se dieron pero estuvimos a punto de vivir una invasión, que no iba a ser tica, porque no tienen ejército. Cabe resaltar que cuando Nicaragua invadió la zona de La Cruz siguiendo a unos contras, nos amenazaron con que los aviones venezolanos caerían en una hora y media en Managua si se seguía ocupando su territorio.

Mi personaje principal  lo transformo, le pongo  un hermano que es su antítesis. Es una novela relatada en primera persona, la cuenta Hilario Lima, el hombre allegado al ministro. No hablo en mal de ninguno de los dos países. El relato está marcado fuertemente por la ironía. 

¿Qué significa para usted haber ganado el certamen María Teresa Sánchez?

Cuando a uno le reconocen por lo que hace, uno siente que algo vino a hacer a la vida. A mis 70 años cuando me dan este premio, más que sentirme halagado o pegar brincos de alegría, sentí que me regresaron en la vida a la época que uno tiene grandes ilusiones. Me mandaron para atrás mentalmente, volví a soñar, volví a tener ilusiones, porque con el paso de los años las ilusiones se van haciendo chiquitas.

¿Qué proyecto literario tiene entre manos, además de sus cuentos?

Estoy trabajando ya en una novela cuya protagonista es una periodista. Es la primera vez que tengo un personaje principal femenino. "La mujer del arete de diamante" es su título. Es narrada en tercera persona, el amor de ella es un periodista. Al inicio de la novela ella está en una cárcel y por primera vez toco un ángulo de mi infancia: las minas de oro. Todo lo hago basado en testimonios.

El amante de la literatura

Herman Ríos
Edad: 70 años
Profesión: Médico cirujano

Se graduó de doctor en Medicina en la Universidad Nacional Autónoma de México, donde también se enamoró de la literatura. Posteriormente se especializó de cirujano infantil en Costa Rica, ha trabajado por muchos años en hospitales de Nicaragua. También ha escrito varias novelas y cuentos.

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