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Llegó a El Hormiguero a las 10:00 de la mañana con un quintal de frijoles rojos y otro de maíz. Seis horas atrás, justo cuando los rayos del sol empezaban a alumbrar, Francisca Suárez, su esposo, su madre y sus tres pequeños salieron de su comunidad subidos en tres bestias. En la casa de estos mestizos, ubicada en la zona núcleo de la Reserva de Biósfera de Bosawas, se terminó la ración de aceite, la sal y otros productos dos días antes de emprender el viaje a El Hormiguero, la comunidad que sirve de puerto de montaña.

La comunidad de El Hormiguero se ha convertido en la zona de confluencia económica de aproximadamente 22 poblados enmontañados, cuyos habitantes bajan con granos básicos para venderlos y a veces para intercambiarlos por otros productos de uso doméstico. Hasta aquí ha venido Francisca Suárez y su familia en un recorrido de seis horas desde el poblado Come Negro, cruzando lodazales, ríos y trancas de extensas fincas.

El Hormiguero, un poblado de no más de 30 kilómetros cuadrados, es un pueblo con un camino pedregoso que hace de vía central y donde se ubican una veintena de negocios que ofrecen ropa usada, agroquímicos para la siembra de cultivos, recipientes de plástico, productos de cocina, entre otros. Los puestos de compras se han extendido en todos los puntos de acceso a El Hormiguero, comunidad ubicada a 23 kilómetros al oeste de Siuna, en la Región Autónoma del Caribe Norte, puerta de entrada al corazón herido de Bosawas. Aquí las tierras son fértiles y arrojan buena producción.

Este puerto de montaña surgió como una pequeña cooperativa en los años 80. Hoy en día la comunidad ha sido invadida al igual que la Reserva de Biósfera Bosawas. El Hormiguero es un caserío multicolor ubicado a orillas del serpenteante río Wany, con un impresionante paisaje dominado por el brumoso y azulado cerro Saslaya. El sitio se ha convertido en la meca de quienes quieren establecerse en Bosawas o buscan hacer fortuna comprando “a guate mojado” la cosecha de granos básicos que luego revenden a precios altos en otros confines de Nicaragua.

La paz de la posguerra ha favorecido el acelerado crecimiento de este puerto de montaña, que cuenta con energía eléctrica las 24 horas, señal de teléfonos celulares, servicios hospitalarios y transporte fluido con Siuna.

Bosawas languidece por el avance inexorable de la frontera agrícola mientras que El Hormiguero florece, convirtiéndose en uno de los más pujantes polos de desarrollo del Caribe Norte.

Los alimentos  

Ciertas veces los campesinos que bajan de las montañas venden los granos para comprar alimentos que no les da la madre tierra, como José Moncada y su hermano, quienes venden dos quintales de frijoles a C$1,000 cada uno, y otros que sencillamente, sin necesidad de mediar dinero, hacen un trueque con los propietarios de los establecimientos.

Sobre la carretera que lleva a Rosita, otra ciudad del Triángulo Minero, una decena de caballos se encuentran amarrados a los postes de los establecimientos. Uno de los camarógrafos que acompaña a la misión de campo organizada por el Instituto para el Desarrollo y la Democracia (Ipade) en el Caribe Norte del país, impresionado pregunta: “¿Ese es un puerto de montaña?”. Sí, es la zona comercial de las comunidades indígenas y mestizas que habitan lejos de la carretera que une a los municipios.

La historia de los puertos de montaña, según José Martínez, de 70 años y poblador de una comunidad muy adentro del empalme de Alamikamba, se remonta a tiempos de la colonia española. 

“Siempre ha existido el intercambio de productos, pero los puertos de montaña se establecen cuando se empiezan a traer otras mercancías”, cuenta el hombre, quien ha viajado a Siuna por tres horas para entregar una encomienda a un amigo.

Francisca Suárez es una pobladora de Come Negro, que antes de partir de vuelta hacia su comunidad se detuvo justo en el río de El Hormiguero. Mientras sostiene un saco cargado de productos, comenta que adquirió aceite, mucho aceite, condimentos, baterías para las lámparas, jabón y aprovechó para recargar el celular de tiempo aire. Lleva lo necesario para sobrevivir 15 días, pero si necesita regresar, lo hará el otro jueves. 

Negocios 

Bismarck Ponce Duarte salió a la una de la madrugada de su casa en la comunidad Paraguas, asentada en el corazón de la Reserva de Biósfera Bosawas. Luego de cabalgar casi diez horas llegó a El Hormiguero. Ponce emprendió su viaje de madrugada para vender 15 quintales de frijoles.

El viaje es más prolongado porque las bestias vienen cargadas y se avanza despacio para no toparlas, relató este joven alto, de tez clara, bronceada y rostro acicalado con esmero. Con sus hermanos y cuñado lograron cultivar 14 manzanas de maíz y 17 de frijoles que le produjeron más de 200 quintales, aunque el precio no les favorece mucho, no dejan de tener sus ganancias, las que compensan las duras jornadas de trabajo desde que aclara el día hasta que anochece.

Al igual que Ponce, decenas de productores bajan en estos días a vender sus granos. En esta temporada los que se mueve son frijoles y maíz, los cuales son acopiados por comerciantes locales que luego los venden a camioneros que llegan desde Matagalpa, Estelí y Managua.

El quintal de frijoles, los productores lo están vendiendo a C$930, el mejor precio consultado con los compradores en la zona, mientras el quintal de maíz lo pagan a C$350. “El precio está muy bajo, los comerciantes iniciaron comprando el maíz a C$430, que estaba muy bueno, pero no lo mantuvieron y lo que hicieron fue bajarlo a C$350, ellos se ponen de acuerdo para fijar un precio”, dice el productor de Agua Sucia, Santana Acuña Dávila, quien espera vender unos 30 quintales de maíz. 

El acopio de granos es un gran negocio para los grandes comerciantes. Esto genera ganancias de C$50 por quintal, sin embargo justifican que deben gastar para poder acopiar los granos. Necesitan mano de obra local porque se necesita gente que ayude a sacar la carga de los camiones, pesarla y dejar listo por quintal cada rubro.

Como la competencia por acaparar los granos ha crecido en el puerto de montaña, los comerciantes mayoristas han optado por crear puestos de compras en El Torno, una comunidad cercana a El Hormiguero y donde hay una trocha de penetración. Ahí está un puesto de control del Batallón Ecológico, a cargo de la protección de Bosawas. 

La carretera es únicamente accesible en verano. En este lugar está el waslaleño Calixto José Valdivia Centeno, uno de los acopiadores mayorista. Con una mochila al hombro relata que al día acopian no menos de 300 quintales, aunque hay días que llegan a comprar hasta 600 quintales. A su criterio y en comparación con otros años, la producción va baja aunque aún falta todo abril y los primeros días de mayo. “Hay otros que andan comprando, hubo dos días que incluso estuvimos con 750 quintales”, detalla.

A la par del puesto de Calixto José está la matagalpina Heysell Mairena, quien tiene a seis chavalos a que les paga C$150 el día, más la comida. El menú es un vigorón o bien arroz con carne desmenuzada de res acompañada de una tortilla que prepara Xiomara Jarquín, una mujer de tez morena que al día vende unos 40 vigorones.

Según estimaciones mínimas, los grandes acopiadores pueden ganar hasta medio millón de córdobas mensuales tras vender los granos en Matagalpa u otros departamentos.

José Daniel Herrera compra gaseosas, sal, papel higiénico, jabones, lleva productos para vender en un negocio que tienen como cooperativa en Limón, también asentada en Bosawas. Los productos en relación a los precios en el puerto de montaña tienen diferencia de hasta cinco córdobas. “Es por el viaje”, justifica él.

“Todos los días de la semana aquí son montones de gente, mire que ni se puede pasar por las bestias, es que la gente ahí anda buscando para el Consuelo (Bosawas), la gente saca bastante”, dice Isabel Ochoa, de Santa Rosa, quien agrega que montado sobre una bestia demora una hora desde su comunidad hasta el puerto de montaña.

“No vendemos todo, dejamos para el consumo y la semilla del próximo año. Por ejemplo, cuando la manzana pega bien nos puede dar unos 30 quintales, entonces vendemos la mitad”, especifica Pedro Juan García, también habitante de Santa Rosa.

El mercado persa 

El Hormiguero parece un mercado persa. Un chico que viaja a Waspuk Abajo, el poblado situado a dos horas del puerto de montaña, relata que en ese lugar se encuentra de todo, desde ventas de mulas hasta cantinas y mujeres que ofrecen sus cuerpos al caer la noche. Jorge, porque así se llama,  debe rondar los 15 años, tiene el pelo muy corto, vaquero estrecho y guayabera ceñida de color verde. 

De regreso a El Hormiguero relata que hace algunos días uno de los pobladores de su comunidad lo llegaron a traer porque se encontraba muy tomado en uno de los bares del puerto. El joven de 18 años partió de su casa con un quintal de maíz, luego de venderlo en 450 córdobas se sintió tentado a tomar cervezas y sucumbió al ingresar al bar De Paso. “Eso es siempre, ese muchacho que le digo, cada vez que viene se gasta el dinero en vagancias, y las que pagan son las bestias porque es gordo”, dice.

Sin pretenderlo, este puerto de montaña fue estableciendo un orden de acuerdo a los servicios que ofrecen los comercios. Si se transporta en vehículo se debe pagar un peaje para que la aguja instalada en la entrada de la comunidad lo deje pasar.

Y mientras avanza, en una curva pedregosa de aproximadamente 1.5 kilómetros, que culmina hasta el río del mismo nombre, se encontrará con las grandes distribuidoras de granos básicos, le siguen las tiendas agropecuarias, los negocios de ropa usada, las cantinas y finalmente una especie de establo donde se estacionan las bestias que transportan a los pobladores.

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