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Cuando se fundó la primera escuela de Magisterio de Nicaragua, en 1907, los docentes ganaban 40 córdobas. En aquel entonces, con cuatro córdobas los profesores podían comprar al contado un ropero, puntualiza la historiadora Isolda Rodríguez.

Este año, el salario promedio de un educador público de primaria es de 7,415 córdobas, indica el profesor y diputado suplente José Antonio Zepeda, secretario general de la Asociación Nacional de Educadores de Nicaragua (Anden). La canasta básica tiene un valor de casi 13 mil córdobas.

Vocación

Aunque la situación económica de los maestros no les permite comprarse un ropero ni ajustar para la canasta básica, los estudiantes de Magisterio siguen siendo cada vez más en el país.
Zepeda confirmó que para los años noventa, a nivel nacional, había unos mil normalistas, a diferencia de ahora, cuando hay cerca de 6 mil.Muchos estudiantes de magisterio en Managua provienen de los departamentos.

Hay dos razones de peso que motivan a pensar que parte de estos estudiantes tomaron su profesión por vocación.

Antonio es uno de esos chavalos internos que cursa en uno de los ocho colegios normalistas públicos de formación primaria. Está en primer año y quiere ser maestro de inglés, por eso también piensa estudiar una licenciatura en idiomas.

Confiesa que al principio, a sus padres no les gustó la idea de que él estudiara Magisterio, porque solo los viernes gasta 200 córdobas para movilizarse del colegio a su casa, en La Dalia, Matagalpa, donde pasa los fines de semana.

“Quiero ser maestro porque es una profesión que desde chiquito me gustó, independientemente de lo que me paguen. Este es un oficio que debés tomar con amor porque uno como profesor no solo está sentado, sino que imparte conocimiento a los niños, poniendo en práctica todo lo que te enseñan en las escuelas normales”, cuenta Antonio.

Inicio

El término normal tiene su origen en su propósito, el de establecer normas de enseñanza. Empezaron a constituirse en Francia y luego se extendieron al resto del mundo, incluyendo Nicaragua.

“Las escuelas normales fueron la base de la formación de la mujer en Nicaragua durante los primeros años del siglo XIX, quien demostró sus capacidades más allá de las maternales”, comenta Rodríguez.

La primera escuela de Magisterio que se estableció en el país fue la Escuela Normal de Señoritas, fundada el 25 de julio de 1907 por la educadora Josefa Toledo de Aguerri y ubicada cerca del Cine González. En 1939 se abrió un centro normalista para varones, llamado Franklin D. Roosevelt, construido en el mismo edificio del Instituto Ramírez Goyena. En aquel entonces, la docencia era la única profesión que podían ejercer las mujeres, a quienes también se les preparaba para desempeñar las artes manuales, costura y repostería. A los varones, en cambio, se les instruía en trabajos de madera y mecánica, al tiempo que llevaban las clases normalistas, detalla el maestro universitario Róger Norori, quien ha ejercido la profesión durante los últimos 30 años.

Las mujeres

A como demuestra la historia, las protagonistas del pizarrón y el borrador siguen siendo las mujeres.

Para el 2002 ellas representaban el 82% del cuerpo docente de la educación básica y media de los centros urbanos estatales, de acuerdo con el documento “Maestros de las escuelas básicas en América Latina: Hacia una radiografía de la profesión”, publicado en el 2006 por Denise Vaillant y Cecilia Rossel. Esta cantidad se mantiene, dice Zepeda, explicando que una de las razones de este comportamiento, más que ser un feminismo de la educación, se debe al compromiso en mayor escala de estas hacia la formación. Lo que sí se mueven, y para bien, son los números del salario en el Magisterio. En los últimos diez años el pago de los maestros se ha triplicado, asegura Zepeda.

Para darse una idea de cómo la situación ha cambiado, las autoras Vaillant y Rossel sostienen que para el 2005 el pago básico mensual de un docente de primaria era 100 dólares, con una jornada de 30 horas semanales.

"Las escuelas normales fueron la base de la formación de la mujer en Nicaragua durante los primeros años del siglo XIX”.  Isolda Rodríguez, Historiadora.

En este salario no se incluye el tiempo de preparación de las clases, que por lo general se realiza fuera del horario de trabajo. Este año, el sueldo de un docente de educación elemental ronda los 260 dólares, muy por debajo de lo que ganaba un maestro de El Salvador iniciada su carrera docente en el 2002, quien devengaba entre 372 y 409 dólares mensuales, se detalla en el informe de Vaillant y Rossel. Ahora un profesor salvadoreño  de educación básica gana en promedio 500 dólares.

Lo que falta

Ana Hurtado, docente de primaria de un colegio capitalino afirma que a inicios de año tuvo un aumento salarial de 1,500 córdobas.

“Estamos bien, pero aún falta porque uno se desgasta bastante, por eso sostengo que esta es una profesión por vocación, porque uno lidia con enfermedades y cambios de humor, sobre todo aquellos estudiantes que están en la adolescencia, y sobrellevar todas esas emociones correctamente conlleva amor”, dice.

Por el esfuerzo que conlleva ser docente, Zepeda reconoce que todavía deben hacerse mayores esfuerzos, aunque afirma que hay una política encaminada en un reajuste salarial. Otro de los pegones de la formación magisterial es la gran cantidad de docentes empíricos que aún persisten en el país. Para 1989 había un empirismo del 43.2%, con una mejoría en 1997, pasando al 16%. No obstante, en el 2002 incrementó a un 27%, se explica en el “Informe  del Progreso Educativo en Nicaragua”, realizado en el 2004 por el  Foro Educativo Nicaragüense Eduquemos.

“Lo que pasa es que la directora ve que faltó la profesora de primer grado y va a buscar a la señora de limpieza para que la supla, la señora hace sus cálculos y ve que le sale mejor impartir clases, entonces ya es maestra sin mayores conocimientos y de ahí la tienen que mandar a ganarse su título, con todos los vicios que arrastra en su formación”, revela Norori.

El empirismo

DATOS. El Ministerio de Educación se ve obligado a continuar contratando a maestros empíricos con la esperanza de que completen su formación mientras están en servicio.

En la clasificación de empíricos también se incluye a personas con títulos en disciplinas distintas como ingenieros o economistas para ejercer la docencia en secundaria, afirman en un estudio Denise Vaillant y Cecilia Rossel.

“Persiste el debate acerca de quién realiza la mejor labor docente, si el que domina la materia aun siendo de otra profesión o el que siendo graduado de una carrera pedagógica no tiene la base sólida de la materia que imparte. La realidad es que las dos cosas son importantes: Se necesitan profesionales que dominen la materia y que sepan enseñar”, se documenta en el “Informe del Progreso Educativo en Nicaragua”.

El dirigente José Antonio Zepeda afirma que para este año hay alrededor de mil docentes ejerciendo, pero que están en proceso de titulación normalista, a la vez que se están haciendo ajustes en la formación docente para que se eleve la calidad educativa:

“El pénsum de los normalistas está en revisión porque tenemos que ligarlo al desarrollo que está teniendo el sistema educativo en Nicaragua, formándolo en capacidades para entender su entorno y transformarlo en la educación”, finaliza.

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