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En el transcurso de un año, la niña de iniciales M.C.G.S. fue violada en la sacristía de una iglesia, en dos hospedajes y en un predio vacío, contó su papá. En ese entonces, la niña tenía 13 años de edad, ahora tiene 15 y un bebé de un año producto del abuso cometido presuntamente por un sacerdote de Masaya. Este testimonio fue recopilado junto a otros 29 que conforman el estudio “Vidas Robadas”, donde se refleja que la mayoría de los casos de abuso sexual quedan impunes.

Este estudio, realizado por la Asociación de Mujeres Axayacatl y presentado en esta semana, concluyó que de las 30 niñas y adolescentes entre los 10 y 19 años de edad que sufrieron violación y estupro, 19 interpusieron la denuncia, 5 tienen sentencia con penas mínimas (entre tres y cinco años) y las otras 14 siguen esperando respuesta judicial.

El padre de la menor detalló que su hija pertenecía al coro de la iglesia y después formó parte del grupo de evangelización, lo que el guía espiritual presuntamente aprovechaba para violar a la niña.

“A ella la tenía amenazada, le decía que valía más su palabra como sacerdote que la de ella”, continuó.

La abogada Eveling Flores Mayorga, participante del estudio, explicó que esta es una violación agravada donde el culpable es protegido por su misma  condición de sacerdote.

Las penas

El Código Penal en el artículo 8 referido a la violación y otras agresiones sexuales establece de 15 a 20 años de prisión; sin embargo, en  los testimonios señalados en el estudio las penas otorgadas a estos agresores fueron entre los 3 y 5 años, mientras que los demás casos fueron engavetados en primera instancia por la Policía, como el abuso sexual presentado.

"Existe una falta de sensibilidad en estos temas por parte de muchos jueces, porque no consideran las circunstancias agravantes que ocurren en cada una de las violaciones, por ejemplo, la relación de autoridad que tiene el violador con la víctima, las graves secuelas psicológicas y el daño a la salud", explicó Flores.

Los padres de la niña se dieron cuenta de que su hija estaba embarazada cuando tenía seis semanas y en un principio ellos pensaron que era problema del colon o gastritis que ella padece.

“Nosotros le zampamos pastillas, porque mirábamos que lloraba recostada en su cama y creíamos que era su misma enfermedad. Fue hasta que le hicimos el ultrasonido que nos dimos cuenta”, dijo el papá.

El señor refiere que desde el 11 de octubre del 2014, cuando la niña tenía 8 semanas de embarazo, interpuso la denuncia en la Policía. También fue al Complejo Judicial Central, pero le dijeron que el caso está engavetado, sin conocer aún la razón.

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