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La basura es uno de los problemas que más aquejan a las municipalidades y pobladores, sin embargo, hay experiencias que demuestran que los desperdicios pueden ser aprovechados para generar gas o energía y frenar la deforestación, como lo hacen los proyectos que impulsa el Centro de Estudios Biotecnológicos (Cebiot).

Especialistas aseguran que el 60 por ciento de la basura en el país no se aprovecha. El estudio del Banco Mundial “Instrumentos Económicos para un Eficiente Manejo de los Desechos Sólidos en la Ciudad de Managua”, publicado hace dos años, estima que cada persona en Managua produce 1.54 libras de basura diariamente, pero para el año 2025 serán 3.3 libras diarias.

Expertos del Centro de Estudios Biotecnológicos (Cebiot), de la Universidad Politécnica (Upoli), afirman que aunque se habla mucho del reciclaje del papel, del vidrio y del plástico, con eso solo se resolvería el 40 por ciento de la producción de desechos del país.

Por eso, este centro ha desarrollado propuestas de reciclaje de basura orgánica para producir biogás y fertilizantes, apuntando a varios aspectos: aprovechamiento de desperdicios orgánicos, producción de gas, energía, fertilizantes y reducción de contaminantes.

Para el director del Cebiot, Raul Piad, el desarrollo de estos proyectos no solo son posibles, sino que también son necesarios, ya que el país necesita de este tipo de tecnología para sustituir su actual matriz energética.

Capacitan a biotecnólogos

De hecho para Piad, que el Gobierno esté fomentando el uso de energía renovable, a través de políticas establecidas para eso, “es un gran empujón”, como también lo es que instituciones educativas como la Upoli estén capacitando a especialistas biotecnólogos.

En los últimos cuatro años el Cebiot se ha dedicado a desarrollar proyectos para la construcción y uso de biodigestores, propuestas académicas y proyectos con municipalidades y hay ejemplos exitosos.

De acuerdo con Tinoco, la inversión inicial para instalar biodigestores de escala media es alta, pero producen grandes beneficios y tienen la ventaja del bajo costo en relación con el provecho que se le saca. Los equipos tienen entre 10 y 40 años años de vida útil y se requiere solo de una persona para su mantenimiento. 

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La propia universidad creó un digestor escala media. Piad asegura que empezaron a trabajar fuerte en el tema de digestión anaerobia (proceso desarrollado en ausencia de oxígeno) en el año 2010, cuando se creó el primer Digestor de Presión Hidráulica (DPH) construido en el campus de la Upoli, para uso demostrativo en Centroamérica.

A partir de ese proyecto piloto se empezaron a interesar algunas alcaldías. La primera de ellas fue la de Juigalpa. Allí, en el rastro municipal El Cóbano se construyeron cinco digestores de 10 metros cúbicos, es una planta de 50 metros cúbicos usada para tratar los residuos de la matanza de la reses y cerdos, que antes se tiraban a un predio o a una laguna de oxidación, afirma Charlie Tinoco, del Cebiot.

Aprovechamiento 

El biogás se usa para la cocina domiciliar del mandador de la finca y para el horno calcinador en donde meten los huesos, con el cual se obtiene otro subproducto: harina de hueso para suplemento nutricional.

Según  la ingeniera Arlen Gutiérrez, también del equipo del Cebiot, en ese caso la municipalidad le ha tomado cariño al proyecto, “ha habido una voluntad política increíble, se han apropiado de la tecnología”, afirma.

La planta se ha convertido también en un centro de demostración del manejo de desechos a donde llegan turistas y estudiantes para conocer sobre el tratamiento de la basura. La Alcaldía está realizando estudios para ver si es posible extenderlo a centros educativos, comedores, mercado y escuelas.

En 2011 en San Marcos, Carazo, el Cebiot construyó otra planta en la cual usan residuos sólidos urbanos, formada por siete biodigestores para una planta de 10 metros cúbicos, que procesa una tonelada de basura para producir gas y biofertilizantes para el vivero de la Alcaldía.

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Entre el 2012 y el 2013 desarrollaron un proyecto con el Ejército de Nicaragua, con ellos instalaron 3 biodigestores de 10 metros cúbicos cada uno en la zona de Bosawas: en Bonanza, El Hormiguero y Ayapal, donde se produce gas para las cocinas del Ejército.

En el 2013 instalaron una planta de cuatro digestores de 10 metros cúbicos en el matadero San Martín, en Nandaime, Granada, que utilizan para derretir el cebo de la carne de los animales destazados y para producir gas para la cocina de la empresa.

El proyecto más reciente es el realizado en los dos últimos años en el rastro de Bluefields, con siete biodigestores para una planta de 70 metros cúbicos para producir biofertilizantes.

Experiencias domésticas en el uso de biodigestores

IMPLEMENTACIÓN. Entre las instituciones que se dedican a la generación de biogás para uso doméstico se encuentra la Asociación para el Desarrollo Integral de los Municipios (Aprodim), que trabaja en 11 comunidades rurales de San Marcos, promoviendo el uso de energía renovable y la reforestación. 

Aprodim ha instalado biodigestores de cuatro metros cúbicos, hechos en suelo natural con biobolsas, que son especiales para ese uso, en fincas de crianza de cerdo y ganado. Usan unas 20 libras de estiércol y 120 litros de agua.

Estos biodigestores, dice el ingeniero Herty Guevara, coordinador del proyecto, son suficientes para usar en las casas para la cocción de alimentos, durante dos y media o tres horas diarias.

Según Guevara, en la zona cada familia usa aproximadamente dos fletes de leña o un árbol por mes, es decir 12 árboles por año, multiplicado por las 15 familias que participan en el proyecto, da un total de 180, eso representa un pequeño bosque que dejó de proteger las fuentes de agua y purificar el ambiente y brindar frescura.

El experimento lo han hecho con 15 fincas de productores que cuentan con cuatro o cinco animales y efectivamente han logrado frenar el despale en una zona donde cada vez hay menos árboles, así como reducir el uso de químicos para fertilizar y la contaminación por las heces de los animales. Las familias ahora ahorran dinero al no comprar leña, ya que los dos fletes que pueden usar en un mes valen C$1,200 y cada vez cuestan más por la escasez. 

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