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Cuando era un niño, Carlos Luna postergó la idea de seguir jugando con la pistola de su abuelo Pablo al encontrar varias fotonovelas en el mismo cajón donde guardaba el arma. Esos libros  junto con otros más que fue leyendo años después le sirvieron de inspiración para escribir "Debajo de la Cama", una novela publicada en 2013.

Este escritor de 29 años de edad confiesa que de no ser por el Centro Nicaragüense de Escritores (CNE), que seleccionó su obra entre otras 71, su novela de 144 páginas todavía sería un montón de hojas sueltas porque publicar en Nicaragua no es fácil, sobre todo debido a la impresión y a las revisiones, lo que se traduce en dinero.

"Debajo de la Cama" es la historia de un joven homosexual que decide salir “del clóset” para  vivir abiertamente sin sentir la necesidad de justificarse o pedir perdón por su orientación sexual, un tema fácilmente rechazable en la sociedad nicaragüense, reconoce Luna. De los 1,000 ejemplares que lanzó en 2013, ha vendido 600 a 150 córdobas cada uno. Él recibe el 10% de esas ganancias de parte del CNE, la mitad durante el lanzamiento y la otra parte cuando todos estén vendidos.

“No es una preocupación primaria  para mí la cantidad de libros que se han vendido, sería errado de mi parte querer intentar hacerme rico de un libro, pero sí me gustó el hecho de haber ganado porque refleja la calidad de lo que escribí”, sostiene Luna.
Martha Cecilia Ruiz,  escritora y miembro de la junta directiva de la Asociación Nicaragüense de

Escritoras (Anide), dice que a final de cuentas lo que le importa a la mayoría de los escritores nicaragüenses es que lo lean, sobre todo los jóvenes principiantes, quienes se distancian de la idea que van a volverse ricos o que van a vivir de eso.

Engorroso

“Publicar en Nicaragua cuesta, hay que dejar claro eso: nadie anda buscando a los autores para publicarles, salvo casos puntuales de autores nuestros que son reconocidos en el exterior. Pero a diferencia de autores de mayor edad, los autores noveles o más jóvenes tienen además en contra que no cuentan con recursos propios para afrontar todos los costos de una publicación, ni están al frente o cercanos a instituciones que puedan respaldarles, por ser desconocidos y en ocasiones hasta son vistos con desdén”, cuestiona por su parte Ulises Juárez, joven escritor nicaragüense.

Carlos Luna fue el penúltimo en publicar una obra con apoyo del CNE, antes de que se retirara la cooperación extranjera. A nivel nacional, el Banco Central de Nicaragua es la institución más reconocida que mantiene vigente su ayuda económica a los escritores seleccionados. También se dedica a rescatar anualmente la obra de autoras  nicaragüenses “olvidadas”, distribuyéndolas en bibliotecas y universidades, asegura Martha Cecilia Ruiz.

En la capital se estima que existen unas siete casas editoriales pequeñas, las que publican  anualmente unas 100 obras, detalla Jimmy Javier Obando, escritor y presidente de la Sociedad Nicaragüense de Jóvenes Escritores. En León, una de las editoriales más conocidas es La Chancha y la Iniciativa de Roberto Loáisiga en Estelí.

  • En promedio, una mujer en Nicaragua publica su primer libro a los 50 años de edad, según un estudio realizado por Anide y presentado el año antepasado.

“Nicaragua es un país de editorial muy limitada, donde a diferencia de otros países centroamericanos no existen filiales de las grandes transnacionales. Después del auge que hubo en los años ochenta, con editoriales estatales de grandes tirajes, a partir de los noventa y en la última década y media uno puede contar con los dedos de la mano las empresas que se dedican exclusivamente a publicar libros", reflexiona Ulises Juárez.

Por ejemplo, los mil ejemplares de un libro de 230 páginas, con edición, diagramación, portada y contraportada a todo color, y el código ISBN (que vendría siendo como el número de cédula de cada libro) cuesta 2,900 dólares, revela Jimmy Javier Obando. En ese costo no va incluido la presentación ni la distribución, que es igual de cara.

Para evitarse todos estos gastos, muchos de los autores nicaragüenses están lanzándose a publicar sus obras en internet, aunque reconocen que un libro en digital no aporta las mismas sensaciones que tenerlo en físico.

"Un libro que no circula es un desperdicio de papel, de tiempo y espacio. Esto puede deberse, según mi opinión, a que la mayoría de nuestra incipiente industria editorial está dirigida por autores y no por administradores". Ulises Juárez, narrador y editor nicaragüense.

"Muchos autores han descubierto que si tienen un buen manejo de las redes sociales y otros espacios en la web como Amazon (tienda de comercio electrónico), además de una buena labor de autopromoción y teniendo el mismo rigor literario, sus libros pueden llegar más rápido al público y mucho más barato", comenta Martha Cecilia  Ruiz.

Esta escritora expresa que conoce casos de escritores que utilizan Amazon para poder jugar con los precios. Un día lo venden a 99 centavos de dólar y el otro a su valor real.

Así también están utilizándose otras formas de promoción que resultan interesantes y creativas, ya sea publicando parte de su poemario en las redes sociales o dándoles una probadita de sus versos imprimiéndolos en tazas para luego venderlas.

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