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Las temperaturas de verano se han vuelto abrasadoras en las zonas urbanas de los pueblos y ciudades de Las Segovias, a causa de la variabilidad climática global y de otros factores antropogénicos de ámbito local, tales como la deforestación, la pavimentación de calles, desorden en el crecimiento urbano, uso inadecuado de los sistemas constructivos en las viviendas, entre otros.

La ciudad de Ocotal ha quedado sin floresta que la oxigene y refresque el ambiente. Los bosques han sido talados por la extracción de la leña y avance de la frontera agrícola. La pavimentación de las calles, aunque disminuye las polvaredas y mejora la estética urbana, suma algunos grados al ambiente por la reverberación de los rayos solares.

Falta planificación

A partir de los límites del centro histórico, Ocotal ha crecido sin ceñirse a un plan urbano que permitiera la reservación de espacios en las calles para la circulación peatonal, arborización o zonas verdes, necesarias para disminuir las temperaturas y el estrés. Los asentamientos humanos, en su mayoría, surgieron de forma espontánea hasta en sitios de riesgo, propensos a inundaciones y derrumbes, en algunos casos terrenos invadidos por precaristas que posteriormente fueron legalizados por las autoridades.

Se añade el uso inadecuado de los diferentes sistemas constructivos en las viviendas. Materiales que calientan con estructura de baja altura y desaprovechamiento de las corrientes de aire, iluminación natural y renuncia a los espacios para áreas verdes.

Los arquitectos Julio Aguilera e Indiana Barreda reconocen que solamente el adobe, el taquezal y las tejas, como materiales de construcción tradicional, son los que contribuyen a equilibrar las temperaturas en los ambientes internos de una vivienda.

“Se agrega la altura de las paredes. Las casas coloniales en el centro histórico tienen hasta 5.69 metros, más un 30% de elevación en los techos. Eso las hace frescas”, observó Aguilera.

Recordó que esas casonas solariegas responden a modelos análogos que los españoles trasladaron acá durante la colonización. “Son casas altas, con corredores y patios en los interiores con un jardín al centro, de manera que hay una mayor circulación de aire que las vuelve más frescas”, describe.
Las viviendas populares en los barrios periféricos son más pequeñas, de baja altura y en patios más reducidos, por la presión del crecimiento poblacional que demanda más solares.

“Son viviendas donde la circulación de aire es menor por falta de una entrada y una salida. Hay  paredes con la mínima de 2.20 metros de altura, que no es la adecuada para procurar una temperatura más confortable, y tomando en cuenta que el zinc calienta más que la teja”, señala.

El adobe y la teja

“El adobe y las tejas tienen un comportamiento térmico-dinámico. En la noche, que las temperaturas bajan, absorben la humedad y el frío, y en el día los liberan dentro del local. Igual pasa con el calor del día, que también lo absorben, y en la noche lo liberan, manteniendo una temperatura equilibrada”, explica Barreda.

Añadió que por esas características, estos materiales son preferidos en las zonas de temperaturas extremas, como los desiertos. Pero en Las Segovias, con tendencias a soportar más calores de lo acostumbrado, se torna una necesidad la conservación, mejoría y rescate de los sistemas constructivos tradicionales.

En el caso del bloque de concreto y el zinc, son materiales no térmico-dinámicos, no equilibran las temperaturas porque las dejan filtrar hacia los interiores de la vivienda. “El bloque es poroso, no actúa como una barrera contra el calor, igual el ladrillo cuarterón.  Sí protegen, pero no al mismo nivel que lo hacen el adobe y la teja”, resalta Barreda.

Pero para Aguilera, el surgimiento de nuevos materiales y nuevas propuestas constructivas hacen que la población incline su preferencia por el techado de zinc y perlines. “Es más duradero y más seguro. Tirás una piedra al zinc y rebota, mientras que la teja se quiebra; los gatos la mueven, después viene la molestia de las goteras. Por otro lado, la cubierta de teja requiere más madera y esta escasea. La teja está quedando como un elemento más decorativo”, supone.

No obstante, Barreda expone que la clave está en saber implementar el sistema constructivo del adobe y la teja. “Hay construcción de tejas y adobe que han perdurado, como (el edificio de) la misma municipalidad, que tiene cientos de años. Una madera bien curada, extraída en el tiempo adecuado, va a durar mucho tiempo”, defiende.

También está en la combinación de los diferentes sistemas que ya se está utilizando, que aunque a un mayor costo, gana un clima fresco para contrarrestar los calores. “Combinar una estructura de perlines con techo de zinc, pero cubierto con teja. Así obtenemos la durabilidad de los materiales modernos con los beneficios de los materiales tradicionales”, propone Barreda.

Espacios frescos

Ante la subida de los calores extremos que se vaticinan para las próximas décadas, los arquitectos ocotaleanos sugieren la construcción de paredes altas en las viviendas, independientemente de los materiales elegidos, con la finalidad de aminorar el impacto de los rayos solares y el calor del ambiente externo.

Barreda también enfatiza en un mejor diseño constructivo y distribución del espacio, que en arquitectura llaman “factor de ocupación del suelo”, y donde se garantiza un porcentaje de área libre para los retiros (de la propiedad vecina) y áreas verdes.

“La vivienda no debe estar pegada a la vecina, sino separada por al menos un metro y medio del límite de la propiedad. Entre las dos habría 3 metros, que es un factor que viene a mejorar las condiciones de ventilación, la no filtración de ruidos y olores, y también la seguridad, porque a la hora de un sismo, una pared caería sobre una área libre”, añadió.

En el diseño también recomienda usar la ventilación cruzada, que consiste en dejar ventanas amplias de entrada y salida en la dirección predominante de los vientos.  “Eso ayuda a que la corriente del aire limpie y o disminuya las temperaturas, a veces también acumulada por los electrodomésticos que emanan calor”, apunta.

Por su parte, Aldo Rivas Rivera, propietario de Tejera San Antonio, en Mozonte, afirma que la demanda de la teja para vivienda y otras edificaciones se mantiene.

Tendencias del clima   

Las temperaturas promedio en Ocotal, según la municipalidad, es de 24.3 grados Centígrados la mínima y la máxima de 29.8. Pero, según un estudio reciente elaborado por encargo de la misma comuna, titulado “Enfoque territorial contra el cambio climático, medidas de adaptación y reducción de la Vulnerabilidades en la Región de Las Segovias – Nicaragua”, existe una ardiente tendencia en la zona a subir: “…un sustancial aumento de temperatura; en el período de 1980-2000 ha alcanzado un poco más de un grado centígrado”.

Y hay más, el estudio pronostica que para el 2020 la temperatura sumará 0,9ºC más en La Segovias y se prevé de 2,1ºC para el 2050. También vaticina una drástica disminución en las precipitaciones pluviales por año de hasta 120 mm, mientras el período seco pasará a ser de 7 meses.

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