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Calles polvosas, casas con techos de pajas, paredes de caña y rampas que contrarrestaban la furia de las corrientes de agua que caían en el arroyo de la laguna de Masaya han quedado en la historia del pueblo indígena de Monimbó.

“En esas chozas no existía calor, eran frescas, no se sabía si era de día o de noche. Sus caminos eran de grandes paredones donde se refugiaban La Cegua, La Carreta Nagua, el Padre sin Cabeza, la Chancha Bruja o La Llorona, espantos que vivían en el camposanto o en la Cruz de San Pedro en el bajadero de la laguna, la esquina caliente. Leyendas eran utilizadas por los padres de familia para educar a los hijos malcriados y desobedientes”, recordó el secretario de la alcaldía de vara, Eddy Antonio López Palacios.

Monimbó era habitada por indios chorotegas, pero ahora hay barrios anexos donde no se distingue quién es quién. Sin embargo, en un 60% de los patios hay talleres artesanales que trabajan la palma, el bambú, el cuero, los dulces, la gastronomía que se deriva del maíz, alimento de los antepasados.

López Palacios considera que la comunidad indígena sufre cambios tremendos, aunque aún se cuentan mitos y leyendas, ahora los monimboseños no hacen sus chozas con la ayuda de los vecinos, ni usan zacate de jaragua o palma real, bejucos de las faldas de la laguna de Masaya y horcones de madera de guachipilín o madero, ni el burrillo para las amarras.

Tampoco hay temor por esos mitos y leyendas, porque existe una transculturación, las mismas autoridades locales se han adjudicado el derecho de competir con los grupos tradicionales, que tienen entre 50 y 80 años de conservar esas costumbres.

Monimbó aguerrido 

Ramiro Antonio Pavón Pascua, de 76 años, actual alcalde electo en plaza abierta, recordó que lo que ha hecho progresar a Monimbó ha sido los buenos hijos que han sabido corresponder a este pueblo.

“Si Nicaragua tiene el realce es por Monimbó, por los buenos padres que han forjado a sus hijos y sus hijos han sabido corresponder a sus padres, porque el hijo que es desobediente con sus padres le va mal”, dijo el alcalde de vara.

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Alcalde de vara

En tanto, el secretario de la alcaldía indígena de Monimbó, afirmó que la junta directiva es electa mediante el voto y firma popular del pueblo en plaza pública, la cual se caracteriza por las costumbres y tradiciones, la ley que los cobija, la ley natural que lo asiste son las costumbres y tradiciones que arrastran desde hace 300 años desde el primer alcalde de vara Vital Noriongue.

“Desde entonces venimos practicando la tradición de sucesión o de generación a generación, es la más antigua y la costumbre que hasta hoy el pueblo indígena tiene es de elegir a sus autoridades en plaza pública, en fila india y de acuerdo a las prerrogativas”, expresó López Palacios.    

Casta indígena de la virgen del “Hato” -Veracruz, Rivas-

Pese a las grandes contradicciones que atraviesa la casta indígena de la Virgen del Hato en los últimos tiempos, sobrevivió dos siglos, manteniendo la romería y la devoción que iniciaron 14 familias de El Viejo.

La comunidad se reúne los primeros domingos de cada mes, tienen elecciones en diciembre cada cinco años, con voto a mano alzada, sus descendientes continúan registrándose en un censo comunal y conservan al consejo de ancianos, con el alcalde de vara a la cabeza.

“Una directiva organiza el periplo de la Virgen cuando baja el tercer domingo de noviembre a lo urbano, porque el resto del año permanece en su hacienda, ubicada a 30 kilómetros de El Viejo”, testificó Guillermina Moreno Pomares, cuya familia es parte de esta tradición.

Moreno relata que la casta cuida que los estatutos se cumplan.  La misión es que la Virgen viaje a pie por los caminos que recorre. Los miembros continúan usando el sombrero adornado, la vara quemada y un tambor acompaña el paso de la Virgen, por las más de 50 comunidades que visita desde diciembre hasta abril.

“La Virgen del Hato va a Corinto, una tradición que cumplirá ya cien años. Va a Masaya, Ticuantepe, León y Chinandega.  También hace cortas salidas a Estados Unidos, cuando la comunidad nicaragüense organiza las visitas”, apuntó Moreno.

Veracruz pierde costumbres

La comunidad indígena de Veracruz del Zapotal, del municipio de Rivas, lucha celosamente por preservar sus tradiciones y costumbres, que según ellos  se ha debilitado en las últimas  décadas  por  efectos de la modernización y la tecnología.

Ubicada a 13 kilómetros de la ciudad de Rivas, esta comunidad era tierra de parteras, curanderos  y sobadores, pero en la actualidad  es difícil encontrar a personas que realicen esta labor.

El único sobador activo del pueblo es el expresidente de la comunidad, Francisco Dimas Ulloa, de 71 años, quien asegura que antes nadie salía a tratar sus males a hospitales o médicos, “porque se disponía de parteras, sobadores y curanderos que hacían uso de plantas medicinales y la gente les tenía mucha fe, y algunos hasta los llamaban brujos por la efectividad en que sanaban a los enfermos”, precisó Ulloa.

Asimismo señaló que del pueblito que surgió en la década de 1810  con casas de barro o  palma y techos de teja,  solo quedan recuerdos, al igual que  las leyendas que atemorizaban a los que pretendían salir de noche.

  • 856 manzanas posee como territorio ancestral.

“Las casitas se contaban con los dedos de la mano, las calles eran de tierra, y como se carecía de luz eléctrica a las seis de la tarde todo mundo estaba dormido, a Rivas se viajaba a pie por un callejón que hoy es la carretera adoquinada”, señaló Ulloa.

En el pueblo era común caminar descalzo, hasta antes de que surgieran  los caites. Hoy los jóvenes visten a la moda, lucen pantalones de mezclilla o de vestir, zapatos tenis o zapatillas y raramente se ve a alguien con sombrero.  

  • 5,000 habitantes tiene la comunidad de Veracruz.

Según los pobladores de mayor edad, la comunidad surgió con siete familias  descendientes de indígenas que llegaron supuestamente de  Nandaime.

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"Cerca del agua"

Monimbó está habitada desde más de 2,000 años, cuando los indígenas vivían cerca de las laderas de la laguna de Masaya, se ubicaron en el lugar más alto, montañoso, con mucha arborización, porque ellos sabían que tenían el cultivo, la pesca, que era su sobrevivencia, por eso le ponen su nombre en náhuatl, Moz significa cerca y nimbo agua, es decir, "cerca del agua".

  • 5 comarcas integran la comunidad indígena rivense de Veracruz. 

Antes de la colonia española esta comunidad era rica en flores, por eso Masaya es nombrada por la escritora española baronesa Emilia Serrano de Wilson como "Ciudad de Las Flores", pues habían cultivos de plantas medicinales para curar a toda la familia que los indígenas compartían con los vecinos, ya que farmacias no existían en esos tiempos.    

Hay 14 expresiones culturales nacionales que vienen de Masaya, como los torovenados, los ahuizotes, bailes tradicionales, el baile de las inditas, el Güegüense que nació en Masaya, hay documentos que así lo revelan, también las tradiciones de la Iglesia católica, como la Judea, un teatro de carácter religioso, después las miles y miles de expresiones culturales como la elaboración de cuero calzado, textil o madera.

 

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