•   El Castillo, Río San Juan  |
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Alrededor de un fuerte que los españoles levantaron en 1675 en el sureste de Nicaragua, surgió un puerto fluvial sobre el río San Juan llamado El Castillo, donde actualmente se encuentra el que tal vez sea uno de los pueblos más felices del mundo.

"Soy feliz de vivir aquí", dijo a la AFP Leonor Galeano, una joven de 23 años que trabaja de cocinera, cuando paseaba a su bebé por una de las veredas de este puerto, calificado como reserva de la biósfera por la Unesco, situado en torno a la fortaleza de la Inmaculada Concepción.

En esta pequeña ciudad de cuatro calles y 4,000 habitantes, muy cercana a la frontera con Costa Rica, nadie roba, está prohibido andar en vehículos, tienen servicio de luz, agua y la alcaldía recoge la basura en una vistosa carreta jalada por un caballo.

La gente se dedica a la agricultura, el comercio, el turismo o trabaja en las fincas del lado costarricense. En sus tiempos libres juegan béisbol y se enorgullecen de la historia de la ciudad.

"Es un lugar limpio, sano, tranquilo y posee una bonita historia", explica la joven Eva Aburto.

Cuando el alcalde Rigoberto Obando camina por las calles, la gente se asoma a las puertas para saludarlo, entre ellas Rosa Herrera, una menuda anciana de 83 años y madre de 13 hijos.

Al recóndito pueblo nicaragüense, al que se accede en bote por el río, llegan al año unos 15.000 turistas para visitar la fortaleza, hacer senderismo en las reservas cercanas y conocer los caimanes del río en paseos nocturnos, dice Obando a la AFP.

Las casas están sostenidas sobre pilotes de madera para protegerse de las inundaciones cuando llueve en la zona, donde la fresca brisa del río se mezcla con el bochornoso calor tropical.

"El Castillo siempre ha sido una comunidad muy unida, limpia, las familias viven tranquilas, sin discordias y se ayudan mutuamente. Viven contentas", comenta a la AFP Digna Avilés, vicealcaldesa del departamento de San Carlos, en Río San Juan, 350 km al sureste de Managua. No son ricos, pero "viven felices", subraya.

El sanguinario l'Olonés y la heroína nicaragüense

Un letrero ubicado en la calle principal de El Castillo recuerda que el pirata francés François l'Olonés "merodeó" en 1668 por el Río San Juan, una importante ruta de tránsito que nace en el lago Cocibolca, la mayor fuente de agua dulce de la región, y termina en el Caribe.

En 1640, piratas franceses y daneses navegaron por el río hasta Granada para saquear la ciudad construida por los españoles en 1524 en la rivera noroeste del Cocibolca.

Años después, otros piratas, como Henry Morgan, entraron con sus hombres a saquear Granada. "Morgan hacía robos, actos de piratería" contra los barcos y posesiones españolas, relata a la AFP la guía turística Olga Martínez.

Cansados de las incursiones, los españoles levantaron en 1675 el fuerte de la Inmaculada Concepción, sobre una elevación situada frente a este rio nicaragüense.

"Se construyó para detener a los corsarios británicos, como a los piratas y bucaneros que venían de la isla de Jamaica", donde los bandidos tenían su guarida, dice Martínez.

El fuerte era custodiado por decenas de soldados que sobrevivían con sal, agua y tortillas de maíz cuando se acababan las provisiones de carne seca del bastión, en el cual había una torre, tres cuarteles, cuatro baluartes, una capilla y dos celdas.

En 1762, tropas inglesas que dominaron la región intentaron tomarse el fuerte con ayuda de los indígenas.

La joven Rafaela Herrera, hija de un capitán de la guarnición que había fallecido y de que quien había aprendido a manejar las armas, se puso al frente del fuerte y disparó tres cañonazos, uno de los cuales mató al jefe invasor.

Ella "defendió El Castillo de los piratas desde la fortaleza", explica a la AFP Antonio Aragón, de 11 años, quien gusta visitar el antiguo fuerte. La epopeya convirtió a Rafaela en la primera heroína nicaragüense, aunque su vida fue dura, pues su marido murió y quedó sola con cinco hijos.

En 1780, el fuerte fue conquistado por los hombres del capitán británico Horacio Nelson, la mayoría de los cuales murieron por epidemias.

"Según la leyenda, aquí murieron miles de personas a causa de las epidemias, por eso le decían el infierno de Dante, porque al que se metía aquí le costaba salir", reflexiona el maestro de la zona Gabriel Mejía.

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