•   Masaya, Nicaragua  |
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Ubicado a solo 22 kilómetros de Managua, sobre la carretera hacia Masaya, más 6 kilómetros cuesta arriba para ascender a la cima del complejo volcánico, la reserva natural es uno de los íconos del turismo en Nicaragua.

Este coloso de fuego tiene una larga historia. En el siglo XVI los conquistadores españoles le llamaron “Boca del infierno”, y hasta enviaron al misionero padre Francisco Bobadilla, quien colocó una cruz de madera en el borde del cráter para conjurar al diablo, según cuentan las crónicas de la época.

Solo tiene 635 metros de altura, pero es visible en una zona muy extensa.

La actividad ininterrumpida, con gases sulfurosos y pequeños sismos, obstruyeron su cráter, lo que provocó la creación de un pequeño lago de lava con fuerte oleaje en efervescencia que se ve y escucha desde el Mirador, ubicado en la Plaza de Oviedo.

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Si de día es impresionante este volcán, de noche ofrece un  espectáculo único, porque entre más oscura es la noche, más vivo se ve el brillo amarillo-rojizo del lago de  lava, a tal grado que ilumina todo el borde interno de la caldera, y si uno se retira varios kilómetros, de lejos se ve un resplandor que iluminan los gases que emanan del centro de la tierra y resaltan la silueta de esta montaña de fuego.

Para disfrutar la belleza salvaje de este mágico lugar solo hay que pagar C$30.00 los nacionales y C$100 los extranjeros, de lunes a viernes, de 9: a.m. a 4:45 p.m. Para una visita nocturna, (la más impresionante), la entrada vale 10 dólares por persona, nacionales y extranjeros.  O busque su turoperadora favorita. Hay acceso en vehículo hasta la cima.

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