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Hace once meses fue la última vez que se enterró a un judío en el cementerio General. Se trata de Bernardo Sehtman Gorn, quien fue dueño de Radio Centro, relata Kurt Preiss, presidente de la Congregación Israelí en Nicaragua.

Sehtman Gorn no fue sepultado en cualquier lugar de este camposanto, sino en un espacio distinto, bordeado por un muro que un día fue de color blanco, pero que ahora tiene una tonalidad crema.

Está resquebrajado. El tiempo parece no haberlo perdonado. En cambio, las verjas ocultan lo oxidado debido a la pintura negra que hace poco más de dos años le aplicaron.

Los sepulcros ubicados en dos filas verticales, en un espacio no mayor de 100 metros cuadrados, conforman lo que es el cementerio judío de Managua.

Este lugar no luce sucio, aunque la hojarasca sobresale por los vientos característicos de mayo.

Aquí no hay flores naturales y menos artificiales como en el resto del cementerio.

En vez de una cruz, en el cementerio judío sobresalen las lápidas con mensajes en hebreo.

"Aunque tiene más de tres meses de no ser limpiado, no luce abandonado", dice Julia Ruiz González, de 42 años, y una de las 300 personas que trabajan limpiando tumbas en el cementerio General, ubicado en el costado norte del barrio Monseñor Lezcano.

CARACTERÍSTICAS PROPIAS

La estrella de David, símbolo principal del judaísmo, el candelabro —que para los israelíes significa la luz eterna— y las inscripciones hebreas son las características que diferencian a este pequeño espacio.

En este lugar, reposan los cuerpos de algunos de los primeros judíos que llegaron al país provenientes de Rusia, Rumania, Hungría, Polonia y Francia, asegura Roberto Sánchez en su libro

“El recuerdo de Managua en la memoria de un poblano”.

Hasta hoy se desconoce cómo se adquirió el terreno donde está el cementerio judío, pero sí se sabe que “el primero en ser enterrado fue Isaac Gorn, originario de Rumania, hijo de Leib Gorn y Sara de Gorn”, señala Sánchez en su libro.

El periodista e historiador explica que el segundo judío en ser sepultado fue Moisés Kontorousky Lederman, quien nació en 1888, originario de Kremencling, Rusia. Este falleció por un infarto en julio de 1937 en el puerto de Corinto, a sus 55 años.

RECUERDOS PERDURABLES

Entre apellidos como Gorn, Kontorousky, Stavisky y Pataky se logran contar 66 sepulcros en los que descansan mujeres y hombres judíos que murieron en Nicaragua.

Kurt Preiss, presidente de la Congregación Israelita en el país, dice que actualmente solo hay espacio para enterrar a siete o 10 personas más.

Esta congregación está formada por 60 personas, en su mayoría  estadounidenses descendientes de israelíes.

“Nosotros los judíos tenemos la costumbre de ubicar espacios para los difuntos en los cementerios generales porque estamos conscientes de que vivimos todos juntos en la tierra y debemos morir de igual forma: juntos. Estamos unidos en la vida y en la muerte”, relata Preiss.

Kurt Preiss llegó al país en marzo de 1967, se encuentra casado con una nicaragüense que se convirtió al judaísmo y comenta que los primeros judíos "no vinieron para buscar refugio por lo que estaba ocurriendo en Alemania, pues su llegada fue años antes del holocausto provocado por los nazis y los países que estaban ocupados”.

En la historia de Nicaragua muchas veces se ha tenido la intención de construir un canal interoceánico que comunique el Pacífico con el Mar Caribe, sin embargo, la fecha en que se puso al país en los ojos del mundo fue entre 1880 y 1892 —durante el periodo del gobierno conservador—.

El 12 de abril de 1887 el Congreso ratificó el contrato del Canal Marítimo Interoceánico, el cual fue celebrado entre el presidente Adán Cárdenas (1883-1887) y  Aniceto G. Menocal, miembro y representante de Nicaragua Canal Association, de Nueva York. Pero, por razones como las pugnas a nivel interno y el requerimiento de un gran capital no se logró arrancar con el proyecto.

Las probabilidades de construir un canal en Nicaragua levantaron el interés de extranjeros por habitar el país, entre ellos los judíos.

Kurt Preiss asegura que “esto fue uno de los motivos por los cuales comenzaron a llegar al país israelíes provenientes de distintas partes de Europa”.

LA CONGREGACIÓN

En cuanto a la fundación de la Congregación Israelita en Nicaragua, Preiss dice que fue en 1965, a la vez, comenta que el espacio para enterrar a los muertos en Managua no es el único. Hay otro en el cementerio general del departamento de Granada que es aún más antiguo.

Julia Ruiz González, tiene ya más de tres años de trabajar en el cementerio General. Ella es hija de Roberto Busto Ruiz, de 70 años, y quien ahora está mal de salud luego de haber pasado más de tres décadas trabajando en la limpieza y el cuido del cementerio judío de Managua.

Algunas inscripciones de los sepulcros están en hebreo y otras —pocas— en español. El lugar no tiene mausoleos, estatuas de ángeles ni cruces encima de sus tumbas. Lo que sí hay son unas piedras de distintos tamaños y formas.

“Cuando ellos vienen a visitar a sus difuntos no traen flores, solo unas piedras que las colocan sobre el sepulcro. Otras veces nos dicen que busquemos un balde con piedras y lo dejemos a un lado para cuando ellos regresen de nuevo”, dice Ruiz González, mientras carga en sus manos una pala, un machete y un balde que son sus herramientas de trabajo. El sol del mediodía hace notar además del sudor, las arrugas en sus manos y el color café de sus ojos.

Al preguntarle al presidente de la Congregación Israelita sobre el porqué de las piedras en los sepulcros, explica que “nosotros tenemos costumbres propias al momento de enterrar a alguien. Las ponemos porque consideramos que las flores solo son usadas para eventos alegres, y no para un momento tan solemne  como es la muerte de alguien”.

“Estas piedras representan un recuerdo de cada persona”, dice Preis, a la vez que menciona otra de sus costumbres: “cuando salimos de los cementerios judíos también nos lavamos las manos, esto es un simbolismo en memoria de las epidemias que hubo en Israel desde hace más de 5,776 años”.

MUERTE Y SOLEMNIDAD

En cuanto a las actividades religiosas, los israelíes las realizan los viernes y los días que hay acontecimientos importantes, como fin de año o Navidad. Y cuando hay fallecimientos pasan por un periodo de duelo de ochos días.

Si las familias judías en el país pasan por este duelo, los demás integrantes de la congregación procuran apoyar en todo a la familia, “incluso llevándoles comida para que no tengan que caer en pecado”, dice el líder de la Congregación.

Las cajas fúnebres en donde se entierra a los judíos, según Preis, tienen que ser de madera y no pueden llevar clavos o metal, pues tienen un significado de guerra y armas.

Al ser enterrado, la cara del difunto debe estar viendo hacia el este, en dirección a Jerusalén, mientras tanto los presentes pasan "echando" una palada de tierra.

Otra de las costumbres como símbolo de duelo es que se deben rasgar las vestiduras del lado izquierdo, cerca del corazón y dejárselas al difunto, señala el libro “El recuerdo de Managua en la memoria de un poblano”.

Y, si se está presente en el instante de la partida del alma de un judío, las personas deben mostrarse cuidadosas de no iniciar una conversación ociosa o frívola. El cuerpo debe ser enterrado lo antes posible, salvo que el fallecimiento haya sido en sábado, indica el mismo libro de Sánchez Ramírez.

LA MUERTE ES EL PRINCIPIO

Las tumbas de los judíos son sencillas. Aún los grandes personajes del estado de Israel no tienen monumentos.

En el cementerio de Jerusalén, según el libro de Sánchez Ramírez, pueden verse las tumbas de icónicos personajes de la historia como Jaim Weizmann, David Ben-Gurion o Golda Meir en sepulcros iguales a las de otros judíos enterrados en el mismo lugar.

Aunque en esta religión no se contempla un día de los difuntos (como el 2 de noviembre en Nicaragua), es costumbre recitar el Izcor, que son las oraciones conmemorativas por los difuntos, las cuales se hacen cuatro veces en el año. En el aniversario de cada una de sus muertes se acostumbra ayunar y un día antes se ponen velas encendidas.

Para los judíos la vida es concebida en la tierra tan sólo como un periodo preparatorio para la vida por venir en el más allá. Lo que significa que para ellos la muerte no pone fin a la vida, sino que solo es el cuerpo material el que retorna al polvo.

TRABAJADORES

Datos de la recopilación histórica hecha por Roberto Sánchez Ramírez, indican que se dio el caso de judíos que adoptaban apellidos nicaragüenses o los modificaron, como el caso de Toiffel por Téffel.

Ya en el siglo XX se hizo más frecuente que estos se casaran con mujeres de este país, llegando a formar familias apreciadas por la sociedad de ese entonces.

Aunque la Congregación Israelita no llegó a ser numerosa, se distinguieron por ser muy trabajadores y organizados, dedicados al comercio, productores, fabricantes de telas y plásticos, y también apoyaban de forma cercana el deporte, en especial el beisbol.

EN LA HISTORIA

El portal web www.radiojai.com.ar señala que el exilio babilónico y la dispersión de los judíos en diversos países fueron causa de cambios en las costumbres funerarias judías, ya que en un inicio los difuntos eran enterrados en cuevas.

Esto se debía a que el suelo babilónico no se prestaba a los sepulcros en cavernas y se implantó el entierro en cementerios públicos.

El mismo portal indica que durante la Edad Media, en muchos lugares se prohibía a los judíos enterrar a sus muertos en el lugar de su residencia, por lo cual tenían que adquirir cementerios en poblaciones vecinas y pagar impuestos especiales por ese privilegio.  

Mientras tanto, en Nicaragua estas personas que tienen un intenso amor por la vida, podrán esperar con sus costumbres tan distintas, históricas e interesantes el día en que encuentren: el inicio de la vida en la profundidad de la muerte.

"Todos los viernes son una fiesta en cada hogar judío"

TRADICIÓN• Todos los viernes son especiales en la Comunidad Judía Sefardí “Retoño de Israel” en Nicaragua, 15 minutos antes de ocultarse el sol, las mujeres judías honran a “Shabat” encendiendo las velas para traer paz y tranquilidad al hogar, cuenta Omar Henríquez Linarte, presidente de esta comunidad.

Se le llama “Shabat” al séptimo día de la semana, siendo a su vez el día sagrado de la semana judía.  “Las señoras tienen el honor de invocar la presencia divina a través de las velas de Shabat. Nosotros comenzamos el sábado a partir  del viernes. Después de las 5:30 de la tarde es otro día, pues primero fue la oscuridad y después la luz”, explica Henríquez Linarte.

"Nosotros tenemos costumbres propias al momento de enterrar a alguien. Ponemos piedras porque consideramos que las flores solo son usadas para eventos alegres, y no para un momento tan solemne  como es la muerte". Kurt preis, Presidente de la congregación.

La cena es una parte importante de esta reunión, a la que hoy asistieron 13 personas. Como toda fiesta, se lleva a la mesa la mejor comida de la semana, pero no cualquier menú. Ese día se ofreció pescado al vapor, arroz, pan pita con “hummus” (una crema de puré de garbanzos) y gaseosa.

Antes de ingerir los alimentos se realizan algunas oraciones y cantos de agradecimiento a “Hashem” en hebreo.

“Todos los viernes son una fiesta en cada hogar judío. Recibimos el Shabat con una bendición y la familia se junta para hablar del Torá. Es un día de agradecimiento a Dios porque en la ley está que trabajarás seis días y el séptimo lo honrarás a Hashem”, dice Marla Mora, miembro de la comunidad.

CENTRO DE APRENDIZAJE

Esta comunidad judía surgió hace siete años. Henríquez Linarte comentó que no es una religión, sino una forma de vida y todo eso lo pueden conocer a través del Centro Cultural Judío Sefardí en Nicaragua. “El centro es parte de la comunidad. Se brinda una explicación sobre nuestra vida culinaria y actividades sociales. También, damos un poco de historia porque muchas personas  no saben lo que es el judaísmo (religión monoteísta que se basa en la Biblia y la Torá)”, dijo este médico capitalino.

  • La estrella de David, símbolo principal del judaísmo, el candelabro —que para los israelíes significa la luz eterna— y las inscripciones hebreas son las características que diferencian al pequeño espacio judío ubicado en el cementerio General, camposanto que está conformado por 36 manzanas de tierra.

La Comunidad Judía Sefardí cree en la Torá —es decir, los primeros cinco libros de la Biblia o ley de “Hashem”—. “Nosotros creemos en un solo Dios, y nos referimos a él como Hashem. Además, para nosotros no existe mediador entre mis oraciones y Hashem”.  Actualmente ,la comunidad en Managua está conformada por unas 40 personas, entre adultos y niños. Sin embargo, hay otros grupos en varios departamentos del país, entre ellos: Estelí, Granada, Carazo y León.

“Nuestro objetivo es tener una comunidad en unidad, sin idolatría, egocentrismo y sin el cúmulo de poder que algunos desean tener. Que todos podamos vivir para ayudarnos entre todos y que no haya necesitados entre el pueblo", señala esta congregación en su página de Internet.

RESTRICCIONES CULINARIAS

La gastronomía judía es un reflejo de la cocina de los distintos países donde los judíos han habitado, siempre y cuando respeten las normas del cashrut, aquello "correcto" o "apropiado" para ser consumido.

Los judíos no pueden consumir cerdo y mariscos, así como tampoco pueden mezclar los utensilios donde se cocinan las carnes o  lácteos. “En lo culinario nosotros nos cuidamos mucho, no es que seamos radicales, sino que si me ofrecen algo simplemente no me lo consumo. También acostumbramos a tener divididos nuestros utensilios de cocina”, añadió Janette Alvarado, esposa de Henriquez Linarte.

"CASA DE LAS ALMAS"

Uno de los proyectos que la Comunidad Judía Sefardí quiere promover es el tener su “Casa de las almas”, a como se les conoce a los espacios en los cementerios para enterrar a sus miembros.  

Asimismo, el presidente de la comunidad menciona que  si un judío muere en el “Shabat”, es decir el día sábado, el cuerpo deberá reposar en un ambiente frío, pues no se puede excavar la tierra y realizar ningún trabajo, ya que está prohibido . “Se deja en un lugar que sea frío y se entierra hasta el domingo. Luego que el cuerpo se entierra, durante siete días 10 varones judíos se reúnen para hacer oraciones”, añadió.

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