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“Angélica” tiene 16 años. En enero dio a luz a su hija en medio de dificultades económicas, críticas de su vecindario y el abandono del que hasta que se enteró de su embarazo, fue su novio.

Nicaragua es el primer país con embarazos adolescentes de América Latina, con una tasa de 109 nacimientos por cada 1,000 mujeres en edades entre 15 a 19 años, según datos de 2014 del Fondo de Población de las Naciones Unidas, Unfpa. Angélica forma parte de esas estadísticas.

Cuando salió embarazada, sus padres se molestaron. Vivió tres meses en casa de una tía y luego sus padres terminaron por aceptarla de regreso. Desde entonces, “me puse a trabajar para tener lo básico cuando naciera mi hija”. No les podía exigir mucho a sus padres, puesto que con lo que ganan al día —tienen un tramo de verduras—  solo les alcanza para la comida y los gastos básicos del hogar.

“Ser madre sola es difícil porque una tiene que ser madre y padre para su hijo, y lo es más difícil si el padre de tu hijo es un cobarde que solo le pone la criatura a una y dice que no se puede hacer cargo porque también es un menor de edad, mantenido. Además, una tiene que enfrentar un montón de gastos solas, está la parte del cuerpo que te cambia por completo, la parte emocional. El embarazo me hizo madurar a la fuerza”, dice Angélica.

Como Angélica, el 85% de las adolescentes que están en secundaria y salen embarazadas, no regresan a clases, según datos de la Fundación Nicaragüense para el Desarrollo Económico y Social, Funides. Aunque la muchacha planea retomar sus estudios  cuando su hija cumpla al menos dos años. Todavía sueña con estudiar enfermería y poner un negocio de comidas rápidas.

Ella no se arrepiente de tener una hija, pero sí de haber quemado etapas en su vida. Su bebé tiene cuatro meses de vida y conforme va creciendo los gastos aumentan. Pero ahora cuenta con el apoyo de familiares, quienes le cuidan a la niña mientras ella y sus padres trabajan. Angélica es ayudante de cocina en una comidería de Diriamba.

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“La gente me dice que demende por pensión al papá de la niña, pero no lo hago porque ¿para qué mendigar dos pesos? Yo agarré mi batuta y me puse a trabajar. Así me evito tener que compartir mi hija con otra gente”, confiesa Angélica.

"A veces me dan ganas de salir a pasear con mi hija o comprarle sus juguetes, su cochecito, pero una madre sola prioriza”, explica la joven.

  • 24.4 por ciento de los embarazos lo tienen mujeres entre 15 y 19 años.

“Como dice el dicho, 'una madre para cien hijos y un padre para ninguno'. Yo me la rebusco por mí y por mi hija. Ahora ella es mi fuerza y mi inspiración para salir adelante. Muchos dirán 'pobrecita esa muchacha', pero la verdad ser madre a pesar de mi edad, es la experiencia más linda y gratificante que he tenido”, asegura Angélica.

Hoy Día de las Madres, Angélica solo desea que cuando su hija crezca y sepa su historia, “se sienta orgullosa de la mamá que tiene. En 15 años me veo realizada, con otro hijo, pero casada. Con mi propio negocio y mi familia contenta. Por eso me levanto día a día y lucho por eso”.

Se fue de la casa

En contextos distintos a los de Angélica, Estrella Marina Hernández tuvo su primera hija en 1999.  Hoy tiene cuatro hijos —dos niños y dos niñas—, y habita en el barrio Jorge Salazar, al norte de la capital. Estrella nació el 2 de octubre de 1981 en el Hospital Bertha Calderón. Su mamá era de escasos recursos y vivían, en ese entonces, en el barrio María Auxiliadora.

En su hogar había violencia. No por parte de su padre, ya que este se fue cuando supo que ella iba a nacer. Sino, por su padrastro.

15 años después —el 2 de octubre de 1996—, según cuenta, con el esfuerzo de su mamá y unos tíos que vinieron a la capital desde Camoapa, Boaco, le celebraron sus “quinceaños”. De carácter fuerte, no se apena al decir que “al día siguiente me fui de la casa con un hombre que tenía un taller mecánico”. 

Tres años después —cuando recién cumplió los 18— nació su primera hija, Julissa Hernández. La historia después de este nacimiento ha sido casi la misma, juntarse con un hombre “pensando que por fin encontraré al que se quede conmigo, me embarazo, y al darse cuenta se van”. 

En estas llegó hasta el cuarto hijo, el menor, el que tiene apenas tres años, el cual es hijo del que antes fue su vecino. 

Su primogénita de 17 años se fue para Costa Rica “de mojada”, dice con sus ojos brillosos. La que cuida de los dos menores cuando ella no está es Priscila, de 13 años. Ahora cabeza de familia, trabaja en un salón de belleza como estilista en el mercado Iván Montenegro.

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“Yo sé que no hice lo correcto, pero ahora no puedo arrepentirme. Solo me queda luchar junto a mis hijos”, relata Hernández mientras corta el cabello de una clienta. 

Viejo problema

En Nicaragua los embarazos de adolescentes y jóvenes, constituyen uno de los principales problemas a los que se enfrenta el país en materia de salud pública. Hasta el año 2012 el país ocupaba uno de los primeros puestos en la región con el mayor número de embarazos en personas de edad entre los 15 y 19 años, con un 24.4% con respecto al 100%, según estadísticas de la Federación Coordinadora Nicaragüense de ONG que Trabaja con la Niñez y la Adolescencia (Codeni).

  • 6,404 embarazos en menores de 14 años fueron registrados entre 2009-2012.

Esto significa que 1 de cada 4 nacimientos ocurren en adolescentes. Según estadísticas del Ministerio de Salud (Minsa), durante el periodo 2009-2012 se registraron 138,868 partos en mujeres de 15 a 19 años, con un promedio anual equivalente a los 34,700 nacimientos. 

Más vulnerabilidad

Sin embargo, entre menos edad las niñas tengan, más vulnerabilidad hay. Los embarazos en menores de 14 años, según los mismos datos del Minsa revelan que durante ese mismo periodo se reportaron 6,404 nacimientos en niñas con edades de entre 10 y 14 años a nivel nacional.  

Para Marvin García, coordinador del observatorio del Codeni, “una de las consecuencias más visibles de la violencia sexual es el embarazo a edad prematura. Y culturalmente con el paso del tiempo se ha naturalizado esta problemática”.

Faltan datos del 2013-2015

No hay registros públicos sobre estadísticas de los embarazos adolescentes en los últimos tres años, pero Marvin García, coordinador del observatorio del Codeni, asegura que “si se ven las cifras del 2010 (34,415 casos); de 2011 (35,673), y de 2012 (33,812), entonces podemos deducir que en estos años que no hay registros, las cifras oscilan entre los 30 y los 35 mil embarazos de adolescentes y jóvenes”. 

Del registro total de nacimientos de madres menores de edad en el periodo 2009-2012, Managua ocupa el primer lugar con 1,091 casos, seguido por Matagalpa con 811, y en tercer lugar Jinotega con 618. 

Existe otro problema al obtener datos concretos, y es el de los subregistros y la dispersión de la información existente en el Minsa, ya que limita reconocer con exactitud la dimensión real de los embarazos en niñas y adolescentes, manifiesta Cristhian Steff Zeledón, sociólogo y docente universitario. 

“Cuando solo se reportan los partos institucionales, sin incluir los nacimientos en niñas y adolescentes que no tienen acceso al sistema de salud público, sobre todo en lugares donde la presencia de las instituciones públicas es limitada o nula, afecta el reconocimiento del impacto real”, analiza Steff Zeledón. 

El estudio “Estado de la Población Mundial 2013” de Unfpa, llama a revertir el “flagelo humanitario” del embarazo adolescente, que acentúa la pobreza, vulnera los derechos y tiene expresiones dramáticas en América Latina y el Caribe, única región donde los partos de niñas de menos de 15 años aumentaron y se prevé incrementen un poco hasta el año 2030.

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