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Darío ha sido un gran desconocido, advierte el escritor Erick Blandón, quien entre 2006 y 2011 se dedicó a estudiarlo desde perspectivas inéditas. El producto de ese profundo análisis es el libro Rubén Darío: un cisne entre gavilanes, que fue publicado cinco años atrás por el Banco Central bajo el título Discursos transversales: la recepción de Rubén Darío en Nicaragua. 

En palabras del académico Leonel Delgado, quien escribió el prólogo de la obra, el libro es un aporte fundamental a la biografía intelectual del máximo bardo. 

El libro pretende que el lector joven rompa con la lectura tradicional que se ha hecho de Darío y lo lea desde perspectivas nuevas, y que esta lectura derive en un estudio de la literatura que interprete, analice e interrogue.

Rubén Darío: un cisne entre gavilanes ahonda en el estudio intelectual de Darío, ¿es así?

Más que eso, el principio es entender por qué hay tantos Daríos, lo cual quiere decir desde dónde se ha leído a Darío, con qué horizontes de intereses te aproximás a un autor y qué querés de él. Eso es lo que te produce un Darío, actual, real, en tu mente, el que vos leiste o te indujeron a leer.

Por mucho tiempo de Darío solo se conocía su poesía y se le descalificaba porque era una poesía que no era contemporánea de sus tiempos, era una poesía muy imaginativa y eso disgustó a los realistas. Las sonoridades que Darío estaba produciendo escandalizaron a los conservadores de la lengua y llevó a crear una serie de estereotipos. Lo primero que yo quería era comprender por qué había tantos y diferentes Daríos y me parecía que lo primero que tenía que hacer era saber quiénes, cómo y en qué contexto habían leído a Darío. Más que una interpretación de Darío es una interpretación de las recepciones, de las lecturas. Esas lecturas han conformado una narrativa de un Darío que no es Rubén Darío.

Percibo que hay una crítica acerca de cómo se ha interpretado y cómo se ha promovido la imagen de Darío.

Lo que trato de explicar es cómo fue leído el niño Rubén Darío a los 14 años en León, en Managua, en Nicaragua y cómo estuvo siempre en oposición o en riesgo de atentar contra las buenas costumbres y las tradiciones establecidas principalmente por los gramáticos.

La lectura que hago es que la propuesta de Darío es una propuesta descolonizadora, que cuando éramos independientes políticamente de España, seguíamos hablando una lengua impuesta desde la metrópolis, desde España. Rubén Darío rompió una serie de fronteras y logró introducir la lengua de América en la lengua literaria del español, y entonces esto incomodó a mucha gente.

Ha habido distintas lecturas desde el momento mismo en que ese jovencito sale a la calle, escribe y comienza a haber una serie de recepciones. En Nicaragua escandaliza a los más conservadores. Luego va a España y estremece a los tradicionalistas, a los casticistas, se burlan de él, lo acusan de afeminado. En aquella época, esa homofobia era terriblemente marcadora y a él y a su grupo los estigmatizan porque están tratando de introducir nuevos ritmos y una nueva sensibilidad para la lengua castellana. Muchos lo acusaron de ser un importador de fórmulas extranjeras a la lengua. 

Yo veo que Darío tuvo la misma habilidad que tuvieron muchos artistas indígenas, que se apropiaron del arte y de la pintura que les trajeron los españoles y la revirtieron. Me parece que eso es lo que hay que rescatar. Este hombre se dio cuenta que primero tenía que estudiar, después conocer mucho y luego hacer sus propias propuestas. No lo arredraron los insultos, los ultrajes, las pobrezas, las miserias, los abandonos, la incomprensión y siempre estuvo muy claro de hacia donde quería ir.

De esas distintas lecturas que se han hecho de Darío, ¿cuáles son las más erróneas?

No creo que las lecturas hayan sido erróneas sino cuáles sirvieron para sustraer la esencia, la subjetividad de Rubén Darío y se le trata de imponer una subjetividad que no es la de él. 

¿Por ejemplo?

Por ejemplo cuando se recorta, se parcializa —que fue lo que hizo el somocismo en una época— a partir de los años 40, de presentar un Darío que no incomodara a Estados Unidos. Se evitó que se conociera el pensamiento antianglosajón de Rubén Darío para complacer al poder imperial. Ese fue un esfuerzo del somocismo. El otro es querer convertir a Darío en un luchador antimperialista y tenemos que quedar claros que Darío era, más que un antimperialista, un antintervencionista, porque cuando Darío murió ni siquiera se había elaborado la teoría del imperialismo, que es la que conocemos ahora. 

Uno de los capítulos en el libro fue titulado Espectador y náufrago, ¿por qué?

Yo uso la metáfora del naufragio para describir los cinco últimos años de vida de Darío como los cinco años de su declive, por un lado vital pero también los últimos cinco años en los que él trata de organizar su pensamiento, en los cuales se identifica más, se preocupa más y mira la amenaza por la que está pasando su país, Nicaragua, que acaba de ser puesta de rodillas por Estados Unidos, con los conservadores que han derrotado el proyecto al que él se ha adscrito, que es el proyecto liberal, de una revolución liberal, y aquí no estoy queriendo decir que ese fue un proyecto liberal llevado a cabo por un gobierno democrático… Pero estaba estableciéndose las bases culturales y Darío era el máximo representante de esa cultura liberal (…). 

Veo la metáfora del naufragio porque hay una serie de ciclones, tanto naturales como políticos, que llevan de arrastrada a Darío a una crisis económica. El gobierno le niega su salario, él está muy preocupado porque mira que Nicaragua va a ser entregada a quienes él no quiere y mira la amenaza latente sobre América Latina, que es la presencia imperial de Estados Unidos.

Ahonda en el sufrimiento de Darío previo a su muerte.

Creo que a Darío se le ha envuelto en mucho papel celofán, en mucho oropel, se le ha constituido en un altar. Eso nos impidió conocer al documento humano, que es el ser, con su subjetividad. Hemos pensando que Darío fue un ser que vivió en la gloria y la celebridad toda la vida. Darío fue un hombre que vivió en mucha pobreza, un hombre trabajador desde los 14 años, lo cual desmiente esa imagen que se nos ha dado, del bohemio, del que no hacía nada. Darío tenía que escribir una crónica, y eran unas grandes crónicas, cada 15 días, para publicarlas en el periódico porque de eso vivía. Siempre peleó por la profesionalización del periodista, porque se le reconociera su trabajo. 

Él era una celebridad, era muy respetado, tenía muchos discípulos pero también tenía muchas carencias afectivas, económicas y era un ser muy sensible, muy noble, de un gran corazón y todas esas cosas le afectaban.

Me parece que la agonía, luego la operación de cuchillo que se realizó sobre su cadáver, la trepanación, la extracción del cerebro. Todo eso yo lo miraba como una metáfora de lo que ocurrió después con su obra, que fue despojada de todo aquello que aparentara vinculación con la modernidad a la que él estaba adscrito e impulsando, y se convierte a ese Darío de propuestas rebeldes, revolucionarias, de avanzada, en un hombre conservador, adscrito a una religión, al que estás viendo que no solo le extrajeron el cerebro sino también las ideas. Y que su pensamiento iba a estar oculto por casi 100 años porque es hasta las últimas décadas que han salido, gracias al esfuerzo de grandes investigadores y documentalistas como Jorge Eduardo Arellano y Günther Schmigalle, pero sobre todo desde el tiempo de Ernesto Mejía Sánchez, que son grandes dariístas que se propusieron rescatar del olvido la obra sepulta de Darío. Gracias a ese esfuerzo de esos investigadores es que cada día conocemos más el pensamiento de Darío.

(…) Darío fue un hombre que estuvo enfrentando a la más violenta crítica, agresión verbal y escrita. Una de las grandes y más constantes acusaciones de la prensa madrileña cuando llegó a España fue acusarlo de maricón por su estética, por su escritura, porque estaba revolucionando.

¿A quién le corresponde el estudio de esos diferentes Daríos?

A mí me parece que lo más importante es que primero leamos a Darío y lo conozcamos y no tengamos miedo. Ha habido esfuerzos en la educación formal de que conozcamos a Darío, pero no sé de qué forma lo enseñaron… Yo trabajaría para que Darío fuera incorporado no solo a los programas de estudio de las escuelas de español sino a las de las escuelas de periodismo. ¿Cómo es posible que los periodistas de Nicaragua no estudien las crónicas de Darío, siendo él uno de los grandes innovadores de ese género? Debería ser materia de estudio. 

A Darío hay que estudiarlo, incorporarlo a las materias de estudio. ¿Cómo fue el pensamiento de Darío sobre los hechos de 1909 y 1910 en Nicaragua? Dada la multiplicidad de temas que abordó. Recién acabo de dirigir una tesis doctoral de una chica donde habla de la moda y el buen gusto formado por Rubén Darío y Enrique Gómez Carrillo. 

Escritor 

Erick Blandón

PhD en literatura y estudios culturales latinoamericanos por The University of Pittsburgh. Se desempeña como profesor de literatura latinoamericana en la University of Missouri-Columbia. 

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