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Alejandro J Betts nació en las Malvinas pero defiende la causa de Argentina, que reclama la soberanía sobre ese territorio. Salió de allí tras el desembarco de las tropas argentinas en esas islas, en abril de 1982, y desde entonces ha vivido en la provincia de Córdoba.

Su mamá, con 88 años de edad, todavía vive en las Malvinas, igual que su hija mayor y sus tres nietas, pero él no ha vuelto a las islas. Sus familiares sí le han visitado en Argentina. “Mi hija vino primero con la intención de llevarme de vuelta a las Malvinas, y le dije: Disculpame pero yo estoy muy arraigado aquí, tengo una nueva vida, tengo tres hijos cordobeses”.

“Tengo mucho que agradecer a las Malvinas: la formación, la puntualidad, la honestidad, esos valores que son tan comunes de las familias campesinas”, comenta Betts, quien hoy representa a Argentina ante el Comité de Descolonización de la ONU, en una conversación con El Nuevo Diario en Managua.

¿Por qué está estancado el problema de las Malvinas?

Nunca va a desaparecer de la agenda de cualquier gobierno argentino, de cualquier color político, porque es algo que no depende tanto de la acción del gobierno sino que es algo muy arraigado en el pueblo argentino. La causa Malvinas es del pueblo argentino, aparte de ser ya, de 1994 en adelante, una causa constitucional. Es un tema que ha tenido muchas idas y vueltas, a mi entender es un tema que ha dilatado demasiado tiempo.

¿Cómo cree que debería resolverse este problema?

A través de la negociación, del diálogo civilizado de las dos partes, que lleguen a un acuerdo que puede ser similar o distinto al que ya el gobierno británico reconoció en 1968, con un tiempo de adaptación para los que viven en las Malvinas porque nadie está cuestionando si los que viven en las Malvinas hoy seguirán viviendo allí o no, sino de qué forma se desarrollará su vida. Lo que está en discusión acá es la soberanía del territorio. La diferencia de la descolonización de las Malvinas, frente a los restantes casos de descolonización, es que la presencia británica y los pobladores británicos son una violación a la integridad territorial sudamericana. Las Malvinas están acá en el Atlántico Sur, no están frente Europa o en el Mar del Norte. Yo soy sudamericano, como cualquier otro, igual que cualquier colombiano o peruano. Los argentinos o el gobierno argentino deberían tomas medidas de advertencia de que esto no es un juego; tal vez que la Argentina busque una medida cautelar para que se frene o se abstenga (el Reino Unido) de la explotación de los recursos naturales, renovables y no renovables en las Malvinas. Y, por otra parte, que Inglaterra retrotraiga la situación jurídica militar de las Malvinas, a como era antes de 1982, cuando no había militarización del Atlántico Sur, porque esa base militar está en abierta violación a disposiciones de Naciones Unidas.

Un eventual retorno de las Malvinas a Argentina, ¿cómo afectaría a la población malvinense?

En casi nada, porque el gobierno argentino en esto tiene que ser muy astuto, no hacer, salvando las distancias, lo que ocurrió en el 82 cuando al poco tiempo de desembarcar y tomar la decisión de permanecer en Malvinas, por ejemplo, se empezó a cambiar el sentido del tránsito vehicular. Ellos dirían: son pavadas. Aunque, para la gente en las Malvinas no era ninguna pavada, porque alteraba su costumbre instintiva de cómo tenían que conducir en la vía pública, marcando un riesgo, por el carril opuesto. Entonces había mucha confusión, no hubo choques pero había mucha confusión. Las garantías que nuestro gobierno tiene que dar a las Naciones Unidas, a la Corte Internacional de Justicia… es de un retiro británico del territorio muy ordenado, que todo lo que se produzca en ese traspaso no provoque traumas a los pobladores del territorio.

¿Cambiar solo la administración pública, no la vida de la gente?

Lo único que los isleños no pueden hacer, en su permanencia en las Malvinas, es permanecer en las Malvinas viviendo bajo leyes extranjeras. Nadie los va a cuestionar, nadie los va a echar, nadie les va a decir usted tiene que empezar a usar el peso argentino y no la libra propia del territorio, ni cambiar su idioma materno, el inglés, por el castellano. Lo único que tiene que hacer es continuar con su vida pero con legislación argentina. Así de sencillo.

¿Ve usted una posibilidad de que Naciones Unidas haga algo?

Naciones Unidas está tratando el tema de las Malvinas desde hace 50 años. Yo no estoy echando la culpa a Naciones Unidas, pero sí a un país del Consejo de Seguridad con derecho de veto que es el Reino Unido, que, no es por casualidad, es la contraparte de la disputa jurídica por la legitimidad de la soberanía. Es cuestión de que haya un dictamen jurídico que diga: Las Malvinas son británicas o las Malvinas son argentinas, después de haber escuchado a las dos partes y todo lo demás que quieran para aportar algo, evaluaciones, estudios, para llegar a ese dictamen.

¿Qué espera del plenario del Comité de Descolonización, que se realizará este mes en Nueva York?

Cada uno va a mantener su postura, distanciados en el tema jurídico. Ya hay una actitud más cordial entre las distintas delegaciones, británicos y argentinos, lo que me parece una señal muy positiva. No va a solucionar de inmediato la cuestión de fondo, pero es un indicio que ya hemos tenido en varias oportunidades, de que cuando hay una buena relación diplomática anglo-argentina, hay avances o al menos cambios sustanciales en el tema de las Malvinas en cuanto a tensiones, inclusive llegar a consenso sobre aspectos del tema que no son propiamente lo jurídico. Lo jurídico siempre va a tener que ser resuelto por la justicia. Pese a todos los contratiempos y a la unilateralidad de los actos del Reino Unido, conservo el optimismo.

 

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