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“Recuerdo de su patrón”, dice la única frase escrita en el sepulcro abandonado de Víctor Manuel Castro, quien murió el 11 de septiembre de 1911. Proveniente de algún lugar de Managua, Castro fue enterrado en el cementerio San Pedro de la capital,  el campo santo más antiguo de esta ciudad. 

Frases como estas y muchas otras, algunas graciosas, otras solemnes, muchas más poéticas y una que otra religiosa, se encuentran en varios de los cementerios del país. Algunas demuestran el cariño de familiares y amigos y otras destacan una parte de las vivencias del difunto. A estas se les llama epitafios 

Para el padre Víctor Rivas, secretario adjunto de la Conferencia Episcopal de Nicaragua, la Iglesia Católica no ve mal el uso de los epitafios, pero comenta que “hay algunos que son sabios y otros que son más descabellados, y estos últimos no son edificantes”.

Además agrega que se estila usar epitafios desde tiempos griegos. “Por ejemplo, en el Vaticano se encontró una tumba donde decía ‘Aquí esta Pedro’, y efectivamente ahí es donde se supone que está”. 

Comienzos 

No hay una fecha exacta de cuándo se empezaron a utilizar en el mundo, pero se  supone que estos se pronunciaban al momento en que eran enterrados y se repetían cada aniversario para recordarlo. De esa costumbre se supone derivó el uso que ahora se hace.  

El epitafio más común está estrechamente relacionado con la Iglesia Católica: “Descanse en Paz”. 

Omar Francisco Rojas, coordinador de la Alcaldía en el cementerio San Pedro comenta que en los 17 campos santos públicos que se encuentran en la capital, es común encontrar sobre las lapidas epitafios que designan algunas características de los fallecidos.

Asimismo, Gustavo Medina, profesor e historiador  de la Unan-Managua, señala que “los epitafios son frases que quedan plasmadas durante el tiempo que aguante el material del sepulcro o se dé el abandono de sus familiares. Eso sí, en la mayoría de los casos estos reflejan parte de la vida que llevó el difunto”.

 “Hoy en día no se usan muchos porque lo que más se destaca son los nombres y apellidos. Así como también la fecha de nacimiento y la de defunción”, expresó Medina. 

Personajes 

“Viajero, descubre tu cabeza, recoge tu espíritu. Este mármol glorifica al maestro”, dice la frase sobre el monumento al maestro Gabriel Morales Largaespada (1819-1888) fundador de la educación gratuita en la ciudad de Managua. Desde muy joven se destacó por la disciplina, se consagró a la educación y nunca contrajo matrimonio.

En el cementerio San Pedro también yacen los restos de José Zacarías Guerra, un hombre que en vida fue considerado como un ermitaño. En su sepulcro hay dos fechas, la de nacimiento (1855) y la de su muerte (1914), pero además un epitafio que dice: “Benefactor de los niños sin hogar”, y no es para menos pues gracias a él se fundó lo que es hoy el centro de protección que lleva su nombre. 

“Al hondureño de origen y nicaragüense por adopción. Testimonio de admiración y gratitud por los servicios prestados a la patria”, señala una frase encima del monumento a Florencio Xatruch Villagra (1814-1893), un general de ejército que ayudó a Nicaragua en la lucha contra William Walker, y por quien “supuestamente” a las personas de Honduras se les llama “catrachos”.

En la historia mundial…

La periodista Nieves Concostrina, autora del libro Polvo eres. Peripecias y extravagancias de algunos cadáveres inquietos, contó al Diario Vasco que en sus investigaciones se ha encontrado todo tipo de epitafios.

“Uno de Valencia no me lo creía: “Aquí yaces, y haces bien. Tú descansas, y yo también”. Le dimos un premio, claro. Los hay sentidos. Simpáticos, como uno de Extremadura: “Pepa, hasta luego”. Uno en la Almudena, de restos de un esqueleto, que dice: “Por fin”. A ver cómo lo interpretas... Por ejemplo, el epitafio atribuido a Groucho Marx: “Perdone que no me levante” es falso. En su tumba comprobé que sólo pone su nombre, una fecha y la estrella de David por su origen judío. A un hombre canario le gustó y lo puso en su sepultura. En Barcelona hay una lápida que dice: “Hasta llegar aquí, todo fue bien”, en catalán”, relató en una entrevista con el citado diario.

En su página web oficial Coscotrina tiene un concurso de epitafios que están divididos por años. Hay uno que sobresale y dice “No somos nada y sin vino menos”.

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