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Esperanza López vende frutas en el sector de Gancho de Caminos desde hace 42 años y no tiene planes de retiro, aunque está en edad de jubilarse, pues cumplió 60. La vivandera del Mercado Oriental no tiene seguro social, por lo que no piensa abandonar su carretón frutero. Todos los días sale de casa como si fuera aún joven, llega a las 6 de la mañana y se va a las 5 de la tarde del puesto.

En realidad, el principal motivo por el cual doña Esperanza se mantiene en el mercado es su familia, todavía es quien da alimento, ropa y otras provisiones que necesitan sus tres nietos. Sus hijos, aunque son mayores de edad, le dejaron esa carga. 

El único pago que recibe es el amor de ellos y confía que cuando esté más longeva, ellos velarán por ella.

Así como Esperanza López, muchos hombres y mujeres mayores de 60 años son proveedores de sus familias, se convierten incluso, en padres y madres sustitutas.

Fanny Jiménez, de 63 años, cuenta que ha tenido que pasar por muchas pruebas en la vida, ha tenido que hacer de todo para sobrevivir; después de haber educado a su hijo y sus 3 hijas, le correspondió por moral y amor, según refiere, “criar a sus nietos”.

Por participar en el proceso revolucionario en 1979 tuvo que dejar por un tiempo a sus 4 hijos, algo que, según ella, creó rencor. Sin embargo, doña Fanny cree que con haber cuidado a tres de sus nietos se reivindicó. 

Con ellos pasó situaciones aún más precarias que con sus hijos. Una de ellas fue el huracán Juana, momento en el que estaba con tres niños pequeños y uno enfermo, este último falleció bajo la luz de un candil en una noche de lluvia interminable.

Maltrato

A doña Esperanza no le molesta volver a criar; hacerse cargo de la educación y la protección de los hijos de sus hijos. Con lo que no está de acuerdo es con la desvalorización de las personas en la tercera edad.

No hablo de que me vayan a mandar a un asilo, sería el colmo porque estoy en mi casa, sino que me hagan la guerra en mi casa. Que cuando ya no pueda trabajar por mi cuenta, me miren como una carga”.  -Los mayores de 60 extienden su vida laboral-

Aunque parezca heroico el papel de padre y madre sustitutos, mucha veces se obvia la salud de los ancianos, dice la experta Martha Trujillo, se les expone a forzados sacrificios. 

El señor de iniciales O.A.E.M, de 73 años, se quejaba con intensidad por el maltrato, llegó a desahogarse y hablar de lo mal que lo tratan en su casa. En un intento por demostrar que todavía es productivo aportando dinero en su hogar con su pensión de 4 mil córdobas, sacó sus documentos del seguro social y los mostró. 

“Yo no estoy bien en la casa, mucho pleito, mucho cuecho. Me siento desvalorizado. Siento como que me dan una patada, que me dicen andate. Si te vas, es tu problema”. 

El anciano vive con su nieta y nieto, ambos mayores de edad. Sus hijos se fueron a otro país y le dejaron una casa, en la cual no pasa el día. Su centro familiar ahora es la Casa Club para adultos mayores en Ciudad Jardín, donde él mismo asegura sentirse mejor.

Abuelización

En Nicaragua se desconoce exactamente la cantidad de menores criados por sus abuelos, pero hay estadísticas que revelan que al menos el 55 % vive con otros adultos, además de algunos de sus padres, y un 5% vive sin ninguno de ellos, según el Reporte Mundial de la Familia 2013, elaborado por la organización Child Trends.

Investigadores de la Universidad de Seattle crearon la palabra “abuelización”, un término que utilizan para referirse a las complicaciones de los abuelos que deben criar a sus nietos porque sus padres emigran.

El estudio publicado el año pasado explica: “Las abuelas que cuidan de sus nietos porque sus padres emigran, están sometidas a un constante estrés, porque tienen que cargar con el peso del hogar, además de las enfermedades que el paso de los años causa en ellas”.

  • 55 por ciento de los menores de edad en Nicaragua convive en un familia extensa.

Esta investigación destaca el papel de las abuelas, porque generalmente son ellas quienes cargan con el deber. Martha Violeta Trujillo, experta en psicogerontología y docente de la Universidad Centroamericana, UCA, explicó que se trata de un fenómeno llamado, “socialización femenina”, en el que las mujeres son vistas como “eternas cuidadoras”.

“A las mujeres la socializan desde que nacemos, para ser las eternas cuidadoras. Quien cuida al miembro de la familia que está enfermo, es la mujer. Y aunque convivan abuelo y abuela, ella se echa a ‘tuto’ los nietos que les dejaron”.

Desde la perspectiva de la familia, la abuela puede ser más valiosa porque la “socialización femenina” lo ha naturalizado, dice Trujillo, que señala que la figura del abuelo muchas veces queda en desventaja y puede ser menos estimado. 

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