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Cuatro días después de empezar el año escolar, al hijo de Perla Calero le retiraron la matrícula de una escuela privada por tres razones: porque la directora no podía tratar con un niño hiperactivo, porque a su criterio no iba a arriesgar el prestigio del centro y porque dijo quería proteger al resto de los estudiantes.

El niño de siete años tiene Trastorno de Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH) y mientras estaba en clases, sus compañeros le metieron un lápiz en el ojo, no era invitado a las fiestas y llegaba llorando a su casa todos los días.

Estos detalles fueron narrados en una carta que Calero le envió a Rosario Murillo, coordinadora del Consejo de Comunicación y Ciudadanía a finales de febrero. En ella le solicitó que en los talleres que se brindan a los maestros se les dé orientación acerca de cómo tratar a los estudiantes con TDAH.

Un mes después, Murillo relató en medios oficiales la historia de Calero y expresó que esta madre originaria de Masaya fue invitada a finales de abril a participar del congreso de educación especial para exponer cómo su hijo había sido discriminado en la escuela.

¿QUÉ ES?

El Trastorno de Déficit de Atención e Hiperactividad es un síndrome crónico iniciado en la infancia y caracterizado por una dificultad en mantener la atención y controlar sus impulsos. Se estima que el 4% de la población a nivel mundial lo padece, sin embargo, el 0.5% de los pacientes tienen un diagnóstico correcto y un manejo adecuado, explicó el neurólogo Julio César Hernández.

No existe una cifra sobre la cantidad de menores con ese trastorno en las escuelas de Nicaragua.

Por lo general, los neurólogos y psiquiatras utilizan el Manual Diagnóstico y Estadístico de los trastornos mentales, conocido como DSM y avalado por la Asociación Americana de Psiquiatría, para emitir su diagnóstico, que incluye una serie de señales propias de esta condición.

Este trastorno presenta relación de cuatro niños por una niña; es de múltiples causas generalmente asociadas a alteraciones genéticas, la exposición a sustancias tóxicas como el plomo y complicaciones durante el embarazo.

Hernández explicó que la región más afectada es la corteza prefrontal, encargada de organizar los impulsos y tareas, entonces cuando el funcionamiento de la corteza falla por la disminución de las sustancias conocidas como catecolaminas, el cerebro no reacciona adecuadamente.

Esto ocasiona que los niños obtengan bajas puntuaciones a causa de la falta de concentración a la hora de realizar las pruebas; sufran problemas con otros estudiantes o compañeros, al no seguir las normas o reglas del juego y estén en grados inferiores a lo esperado, de acuerdo a su edad escolar, detallaron Yajaira Pérez, Elistania Salgado y Aida Luz Herrera en su tesis “Causas de la Hiperactividad y su incidencia en el proceso enseñanza-aprendizaje de los niños y niñas del III nivel del Preescolar Paula Úbeda de Estelí, en el segundo semestre 2012”.

  • El Instituto de Salud Mental de Estados Unidos sostiene que una de las causas del Trastorno de Déficit de Atención e Hiperactividad son los aditivos alimentarios, entre ellos los colorantes artificiales.

El neurólogo Julio César Hernández comentó que estos pacientes son frecuentemente estigmatizados y sufren acoso porque no pueden estar quietos ni pueden prestar atención.

LÍDERES

Algunos de estos niños, afirma el psiquiatra Javier Martínez, llegan a ser líderes dentro de la clase porque son conversadores.

Hernández, por su parte, sostuvo que Nicaragua igual que el resto de Latinoamérica tiene problemas para tratar a estos niños en las escuelas, porque por lo general los pénsum educativos son rígidos y están diseñados para los menores que aparentemente no tienen problemas.

“Debemos tener escuelas que se adapten a nuestros niños, no niños que se adapten a las escuelas. Los colegios deberían ser flexibles y adaptarse a las condiciones particulares de cada uno para explotar lo mejor de ellos”, indicó Hernández.

"Debemos tener escuelas que se adapten a nuestros niños, no niños que se adapten a las escuelas”. Julio César Hernández, neurólogo.

La consejera clínica en salud mental y máster en educación, Ivette Gurdián, explicó que crear un hábito en estos niños los hace más dedicados en lo que están haciendo.

“Por ejemplo, en la casa los padres pueden pedirle a los niños que al momento de estar alistando los cuadernos y el uniforme del día siguiente les permitirá mantener una rutina sobre qué y cómo lo deben hacer”, sostuvo.

Establecer un premio podría modificar el comportamiento tanto dentro como fuera de la clase, de tal modo que el niño hará lo que sea para poder conseguirlo.Por cada niña, hay cuatro niños con el trastorno, indican los estudios.

Gurdián sostuvo que no es necesario que estos niños asistan a una escuela particular, sino que más bien en las aulas deberían adoptarse medidas que incluso ayudarían a los demás niños de la sección; por ejemplo, al escribir en el pizarrón cada una de las asignaciones que se tendrán durante el día cooperaría a que tanto los niños con trastorno de hiperactividad como los demás estudiantes tengan control y conocimiento de las actividades.

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