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Alberto Avilés, un productor de caña y ganadero del departamento de Chinandega, siembra pastos y reforesta su finca con especies como laurel y eucalipto para mantener sombra, alimentos para el ganado y conservar los suelos.

“De esta manera se evita la erosión de los suelos y se retiene mucha humedad. En los años 70 los suelos del Occidente del país fueron usados para la siembra de algodón, por eso quedaron muchas terrazas, otra técnica para lograr la infertilidad”, detalló Avilés.

Las cosechas de agua y la colocación de dos hileras de sacos reforzados con madera para retener el líquido, son otras técnicas que el ganadero utiliza para mantener la humedad durante el verano.

"En Nicaragua no tenemos suelos totalmente improductivos. A nivel mundial los continentes más afectados por la desertificación son África, Australia y por último América”.  Matilde Somarriba, decana de la Facultad de Recursos Naturales y del Ambiente de la UNA.

Los dos últimos años de sequía han sido difíciles para muchos ganaderos y productores. En mi caso, no ha habido mucha afectación porque la reforestación, los pozos y la infiltración de agua en los suelos me han dado resultados en los buenos rendimientos de la caña y del ganado”, contó Avilés.

Él es uno de los que en Nicaragua combate la desertificación de los suelos, es decir el proceso avanzado de deterioro o degradación de la tierra, un fenómeno que provoca infertilidad productiva.

COMPROMISO

Mientras tanto, Luis García, productor de 15 manzanas de tierra en la comunidad San Luis Wasaca, jurisdicción del municipio de El Tuma-La Dalia, dijo que desde hace 12 años no realizan quemas agrícolas para no perjudicar los suelos.

“En vez de quemar, dejamos que los rastrojos se desbaraten y los enterramos en una zanja. Utilizamos barreras vivas con caña y valeriana para retener agua en los suelos, y que haya humedad en el verano”, explicó García.

En la finca de este productor, ubicada cerca del Macizo de Peñas Blancas, en la cordillera Isabelia, hay cosechas de agua que consisten en fosas tapadas con plástico, la cual utilizan en época seca a través del riego por goteo.

Durante el invierno y el verano, García cosecha frutales, vegetales, legumbres, cítricos, granos básicos y tiene varias reses.

“Estoy comprometido con la utilización de las técnicas que me han enseñado técnicos del Servicio Mesoamericano sobre Agricultura Sostenible (Simas) para conservar los suelos”, expresó García.

En Jalapa, el productor Argelio Palma, dijo para evitar la erosión ha establecido cortinas rompe-viento en su finca, la cual está reforestada con pinos.

Indicó que hoy y mañana se espera la siembra de 5,000 árboles de pino por parte de 300 personas, incluidos estudiantes del Instituto Alejandro Ramos Turcios y de la Escuela de Agricultura, en el cerro La Cruz, de ese municipio.

IMPULSO ACADÉMICO

Para mejorar los usos de los suelos en el país, la Universidad Nacional Agraria (UNA) desarrolla docencia, investigación y la extensión. Desde las aulas de clase la universidad brinda a los estudiantes programas orientados al manejo integral de los suelos y agua con fines productivos y de conservación.

Por ejemplo, desde la Facultad de Recursos Naturales y del Ambiente se ejecutan proyectos dirigidos al manejo de cuencas hidrográficas, sistemas forestales y manejo de bosques.

“Estos son proyectos que permiten que nuestros ecosistemas se conserven, lo que contribuye a mitigar los efectos de la sequía”, señaló Matilde Somarriba, decana de esa facultad.

Somarriba comentó que a nivel centroamericano la UNA desarrolla la iniciativa de promover el manejo de suelos y aguas con enfoque productivo, con la colaboración de Catholic Relief Services (CRS) y las universidades Catacamas, de Honduras, otra de El Salvador y la San Carlos, de Guatemala.

La decana de la Facultad de Recursos Naturales y del Ambiente de UNA dijo que para recuperar suelos degradados en el país es necesario que los agricultores y ganaderos elaboren terrazas, barreras vivas, coberturas vegetales, protección de áreas de recargas hídricas y realizar cosechas de agua.

“Esta es una manera de desarrollar buenas prácticas agropecuarias para un mejor aprovechamiento y uso de los suelos, lo que permite la reducción de la erosión y una mayor capacidad productiva de las tierras”, precisó Somarriba.

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