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En la comunidad Las Flores, municipio de Waslala, Región Autónoma del Caribe Norte, Maura Zeledón invierte varias horas de su día en la indispensable tarea de recolectar agua para su familia. Camina cerca de un kilómetro entre los cerros y quebradas que separan su casa de una pila en la cual ella llena sus recipientes. La mujer de 36 años y  de contextura recia repite el viaje una y otra vez todos los días.

La tarea no se termina con encontrar una fuente de agua, sino que Maura debe invertir varias horas más procurando convertir el agua de la pila en un agua que no amenace la vida de su familia. “El agua que bebemos y ocupamos para la cocina tenemos que calentarla en el sol durante un día entero. La ponemos dentro de botellas de plástico transparente o bien la hervimos o cloramos para no enfermarnos”, asevera sobre su método para potabilizarla. La misma rutina deben seguir todas las familias de los cinco caseríos que componen su comunidad.  

Abastecerse de agua limpia y en cantidad suficiente es uno de los mayores retos que actualmente enfrentan las comunidades en las zonas rurales e incluso en algunas áreas urbanas de Nicaragua. A trescientos kilómetros de Waslala, en el  barrio Hialeah de Managua, Roberto Vargas y su familia han pasado noches en las que casi no duermen porque el agua solo llega durante la madrugada y se corta antes de las seis de la mañana. “Nos ha costado acostumbrarnos. Me tengo que levantar a llenar un barril y dos baldes que se usan para cocinar”, refiere. 

Según él, aunque el recibo del servicio de agua potable le llega puntual y paga un poco más de “ciento y pico de pesos”, la cobertura es deficiente y muchas tareas domésticas que deberían ser realizadas durante el día las tienen que efectuar en la madrugada.

“Hace poco tuvimos tres días sin agua y lo que hice fue sacar el carro y llevarme toda la ropa sucia a otro lado para lavarla”, cuenta el capitalino, quien además asegura que esa acción conlleva un gasto adicional en el consumo de gasolina. “O si no, compramos un barril de agua que pasan vendiendo a 50 pesos”, sostiene.

Un paraíso de agua dulce 

Aunque parezca un cuento o leyenda negra, la falta de acceso a agua que viven estas familias es sin duda una de las mayores ironías de Nicaragua. De acuerdo con diversos estudios, este país es uno de los más privilegiados en cuanto a la disponibilidad de fuentes de agua dulce en América Central. Según el Diagnóstico del agua en las Américas, Nicaragua tiene cinco de las 19 cuencas más grandes de Centroamérica, de las cuales dos son cuencas binacionales, el río San Juan -la segunda más grande del istmo- y el río Coco. Esta abundancia de ríos, lagos, acuíferos subterráneos y otras fuentes de agua dulce hace pensar que cada nicaragüense podría disponer de unos 38, 668 metros cúbicos de agua al año, lo suficiente para llenar 15 piscinas olímpicas. 

El capítulo sobre Nicaragua estuvo a cargo de un equipo conjunto integrado por científicos del Centro para la Investigación en Recursos Acuáticos de la Universidad Nacional Autónoma de Nicaragua, la Facultad de Medicina de la misma universidad y la Fundación Nicaragüense de Desarrollo Sostenible. Los especialistas señalan que el país “posee aproximadamente cuatro veces la disponibilidad de agua que Estados Unidos o algunos países europeos como Suiza”.  

A pesar de la abundancia, otras fuentes de información reflejan que  Nicaragua aún enfrenta retos importantes en cuanto a la cobertura de este servicio. El Programa de Monitoreo Conjunto sobre servicios de agua y saneamiento de la Organización Mundial de la Salud y las Naciones Unidas para la Infancia (WHO-Unicef/JMP, por sus siglas en inglés), señala en su informe de 2015 que Nicaragua ha alcanzado la meta de reducir a la mitad la población sin acceso a servicios de agua de calidad, sin embargo, según el mismo reporte, aún existe un 13 por ciento de la población nacional que toma agua de mala calidad. La brecha se torna más significativa si se observa la zona rural, donde hasta un 31 por ciento de la población aún carece de agua potable.

Riqueza perdida

El Diagnóstico del agua en las Américas refiere que, a pesar del gran volumen de agua superficial disponible en el país, la principal fuente de suministro es de origen subterráneo, debido a que las aguas superficiales presentan más problemas de contaminación. En el campo, las fuentes de agua superficiales como ríos, lagunas y ojos de agua, están experimentando severas afectaciones por prácticas inadecuadas en la agricultura, la deforestación y la disposición  de aguas residuales sin tratamiento que afectan la calidad del recurso.

En las zonas Pacífica y Central, que albergan el mayor acuífero subterráneo, se desarrolla la actividad agropecuaria más intensa y por consiguiente, se aplica la mayor cantidad de agroquímicos. Es en esa zona donde coincidentemente se han registrado numerosos casos de enfermedades como insuficiencia renal crónica (I.R.C.). Este caso atiza una dolorosa polémica, ya que las víctimas y muchos expertos sostienen que el problema se origina en las malas prácticas agrícolas que han contaminado el  agua. “Muchos de los pesticidas que se aplican en la agricultura son nocivos para la salud humana; estos se utilizan en la producción de frutas, verduras, trigo, arroz, entre otros y en cultivos no alimentarios tales como algodón”, comenta el agrónomo Román Martínez.  

Como si eso fuera poco, el avance de la frontera agrícola se muestra imparable. Según datos del Instituto Nacional Forestal (Inafor), en los últimos cincuenta años se perdió un 56% de los bosques de Nicaragua debido al aumento de actividades agropecuarias, en particular la ganadería.

En síntesis, el Diagnóstico deja claro que la industria es uno de los sectores que relativamente consume menos agua y mantiene una demanda constante, mientras el consumo de agua a nivel domiciliar se ha incrementado anualmente como resultado del  crecimiento poblacional del país (1,3% anual según el Instituto Nacional de Información de Desarrollo, Inide 2008). Este crecimiento poblacional sumado con la demanda de las actividades productivas que son indispensables para el desarrollo del país, se traduce en una mayor presión sobre las fuentes de agua. 

Un reto extraordinario

Calmar la sed que viven nicaragüenses como Maura en Waslala o Roberto, en Managua, plantea al país un reto de dimensiones extraordinarias. Según el ingeniero Luis Ángel Montenegro, director de la Autoridad Nacional del Agua, se ha conformado “una comisión interinstitucional que está presidida por Enacal, pero también lo integran el Ineter, Marena y otras instituciones que estamos trabajando en elaborar un plan nacional de recursos hídricos coordinado por el Enacal y supervisado directamente por la compañera Rosario Murillo”.

“Estamos en una etapa de reflexión y análisis” de la problemática, expresa Montenegro, refiriéndose en su momento a la sequía que golpeaba al país desde hacía tres años y que provocó una baja importante en el caudal de ríos y lagunas y en los casos más graves, la desaparición de acuíferos.

Mientras tanto, la única esperanza que tiene Maura de Waslala, es que la pila donde ella se abastece de agua para el consumo no se vaya a secar y, en el mejor de los casos, que se establezca un sistema de distribución de agua potable a las cinco comunidades que componen Las Flores. “Eso sería ideal y ojalá que se pueda hacer pronto”, finaliza.

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