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En las últimas semanas de abril e inicios de mayo un par de aguaceros rompieron el silencio del cielo. Las lluvias torrenciales despertaron el optimismo entre los agricultores, que han enfrentado los embates de una de las sequías más intensas de las últimas décadas. David Sandoval, dirigente de la Unión Nacional de Agricultores y Ganaderos (Unag), en Boaco, dice que  la coincidencia de las lluvias con la celebración del Día de la Cruz, el tres de mayo, son un buen augurio para los campesinos.

Pero los registros meteorológicos indican que las lluvias deben asumirse con cautela. En 2015 ocurrió algo parecido. Un aguacero que duró dos horas parecía poner fin a la sequía ese año, pero en cambio provocó inundaciones y daños materiales en Managua y otras ciudades. Entonces la coordinadora del Consejo de Comunicación y Ciudadanía del Gobierno, Rosario Murillo, señaló que “toda el agua de mayo cayó en dos horas”. Como consecuencia, hubo calles dañadas, más de 60 barrios inundados y 200 viviendas afectadas. Luego de ese evento las lluvias se tornaron esporádicas. Este año, la intensa sequía que ha exterminado diversos acuíferos en toda Nicaragua hizo una pausa pero el deterioro ambiental que ha sufrido el país en décadas sigue siendo una amenaza.

Las irregularidades en las precipitaciones podrían volverse frecuentes. Según resalta la ingeniera ambiental María José Zamorio, coordinadora de la carrera de Ingeniería Ambiental en la Universidad Centroamericana (UCA), se ha establecido un sistema a nivel global que ha aumentado la presión sobre los recursos naturales y sobre el clima. Dicho sistema está marcado por un importante crecimiento poblacional. “Al haber más gente, se requiere más alimentos, se consume más agua, se utiliza más energía para producir y se generan más desechos que afectan directamente los recursos hídricos”, refiere la especialista.

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Zamorio indica que la humanidad ha sometido al planeta en un círculo vicioso en su propia contra. “Al utilizar más energía para producir alimentos, se genera más dióxido de carbono que aumenta el calentamiento global y por consiguiente se produce el cambio climático” dice.

Fotografía / CortesíaLa crisis por la falta de agua que ha sido reportada desde distintas zonas de Nicaragua a inicios de este 2016 es, sin dudas, una manifestación clara del impacto directo del cambio climático en la agricultura y las reservas de agua. Sobre este último punto, Zamorio explica que las lluvias intensas y esporádicas se escurren inmediatamente, arrastrando consigo grandes cantidades de sedimentos que terminan en los cuerpos de agua. “Las lluvias son las que alimentan los acuíferos, muchas de las zonas de recarga están impermeabilizadas, por ello las escorrentías son más intensas, comprometiendo la disponibilidad de las reservas subterráneas a futuro y ocasionando daños a la infraestructura y a la población”, agrega.

El estudio “Efectos de la sequía y cambio climático sobre los recursos hídricos y seguridad alimentaria en cinco comunidades de Ciudad Darío”, desarrollado por la UCA, permitió evaluar los efectos de cambio climático y la sequía sobre los recursos hídricos, dando como resultado un déficit de agua en el municipio. “Hay escenarios climáticos generados a nivel nacional, los hay con resultados pesimistas y óptimos, sin embargo en ambos casos se comprobó que hay déficit de 1.54 millones de metros cúbicos de agua para la agricultura y para el consumo humano”, asevera Zamorio.

Agua más cara

Y añadió que el problema se acentúa porque no hay un registro científico de cuánta agua hay ni cuánto se consume para administrar ese recurso.

Elizabeth Peña, ingeniera agrícola de la UCA, agrega que “lo que está pasando es que las aguas se están profundizando, lo cual no significa que vamos a quedar sin agua, sino que los costos de las extracciones se harán más elevados”. De acuerdo con Peña, las instituciones del sector agua están tratando de controlar los pozos y otras  fuentes de agua potable para  poder llevar un control más eficaz. “Ahora tienen zonificadas las áreas donde se está extrayendo el agua, eso va a poder darnos un dato más real. Es más, le están pidiendo a los productores instalar medidores en la extracción, lo que indica que ahora sí las instituciones a cargo de la gestión de los recursos hídricos podrán trabajar un balance más acertado que nos diga qué tanto estás extrayendo y qué tanto tenés en el área”, resalta Peña.

Un estudio elaborado por una organización independiente, denominado “Mapeo de riesgos, procesos, políticas y actores asociados al cambio climático”, visualiza que para el 2050 más de 6 millones de personas podrían carecer de agua a nivel nacional, lo que significa que habrá menos agua disponible tanto para el consumo humano como para la agricultura, advierte Víctor Campos, subdirector de esa organización ambientalista.

Según las proyecciones de ese organismo, al año 2050, 118 municipios presentarían bajos niveles de disponibilidad de agua segura, lo cual afectará negativamente la calidad de vida de al menos el 85% de la población nicaragüense proyectada para ese año, calculada en 6,343,025 personas, ubicadas en el 91% del territorio nacional.

Sonia Wheelock, consultora de la organización Wateraid Nicaragua, sostiene que el cambio climático agrava la situación desde ya.

Además, añade, exacerbará algunos problemas ya existentes, tal como el tema de la disponibilidad del agua.

“Se espera un escenario de más escasez debido a las prácticas de explotación de los recursos naturales, del aumento poblacional, a la poca organización entre los diferentes usuarios de las cuencas, esos problemas ya se están dando y el cambio climático viene a agravar esa situación y a encontrar a un sector débil”, comentó Wheelock.

Tanto Campos como Wheelock sostienen que desde ahora se deben implementar acciones en consenso para tratar de hallar soluciones de mitigación, ordenamiento y disponibilidad del agua, fundamentalmente desde las comunidades.

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“Este concierto, digamos, entre los diferentes actores, permitiría ordenar el sector en términos de los diferentes usuarios que acceden al agua, sobre cómo se está planificando la misma cobertura, la ubicación de la infraestructura y su mantenimiento y también la formación de capacidades dentro de las comunidades para mantener y operar el sistema de agua potable y a la vez dar seguimiento a los factores vinculados al cambio climático”, dijo Wheelock.

Finalmente, los especialistas ambientales coinciden en que debe haber un mejor manejo del agua potable porque “en unos 20, 30 o 50 años habrá zonas donde el agua se hará más escasa”, de seguir esta tendencia.

Una de las acciones que recomiendan es reforestar para que haya mayor infiltración de las lluvias, un manejo adecuado de los desechos que se generan en casa, no ver las fuentes de agua como sumideros o depositarias de desechos e iniciar a proteger las fuentes hídricas.

  • Una de las acciones que recomiendan es reforestar para que haya mayor infiltración de las lluvias, un manejo adecuado de los desechos que se generan en casa, no ver las fuentes de agua como sumideros o depositarias de desechos e iniciar a proteger las fuentes hídricas.
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