Raúl Obregón
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Conversando con un amigo, adulto mayor como yo, coincidíamos que en estas fechas que la sociedad celebra el día de la madre y del padre, uno de los temas que más nos afectaba emocionalmente, era precisamente su ausencia física. Ciertamente, para personas en nuestra etapa de vida, se producen emociones encontradas, por una parte la alegría de ser padres y abuelos y disfrutar de ellos, y por otra, la nostalgia de la falta de nuestros padres, y la tristeza causada por los sinsabores que pudimos haberles hecho pasar en más de una ocasión.

La tarea más difícil para muchas personas es la referida a las relaciones humanas. Fuimos creados para relacionarnos con Dios, con nosotros mismos, con nuestro prójimo. Sin embargo, practicar dichas relaciones es sumamente complejo.

Cuando ejercemos el rol de hijos, creemos que nos merecemos todo y que los padres están en la obligación de cumplir todas nuestras necesidades reales o creadas. Cuando somos padres, pretendemos exigir a nuestros hijos comportamientos que quizá nunca tuvimos con nuestros padres, y lo que más nos llena y esperamos son satisfacciones que producen sus logros y su afecto.

En esta etapa, observando detenidamente el paisaje desde lo alto del monte del adulto mayor, cuando me ha tocado transitar por todo tipo de circunstancias en la vida: alegrías y tristezas; éxitos y fracasos; felicidad y llanto; etc... He llegado a entender porque Dios enfatiza el amor, como factor determinante para alcanzar la vida plena que él quiere para nosotros. La sabiduría popular dice: algunos entienden con señas y otros con leña.

Dios nos muestra claramente en su palabra que lo más importante para que los seres humanos tengamos calidad de vida, es el amor. En Mateo 22:37 dice amarás al señor Dios con todo tu corazón y con toda tu alma, y con toda tu mente. Este es el más grande y primer mandamiento. Y el segundo es semejante a este: amarás a tu prójimo como a ti mismo.

La seña que les toca agarrar a hijas e hijos es que, como tales, deben amar a su principal prójimo que es la madre y el padre. Si la agarran, entonces pondrán en práctica el cuarto mandamiento: honra a padre y madre, para que te vaya bien en todo y tengas larga vida.

Comentaba con mi amigo, que si hubiese agarrado la seña que Dios nos manda mediante sus mandamientos, posiblemente muchas circunstancias hubiesen sido diferentes en mi vida. Y esto es lo que anhelo para mí descendencia y para la suya, que logren alcanzar los mayores niveles de calidad de vida. Para ello, es necesario priorizar su vida espiritual, su relación personal con Dios, y practicar en su vida diaria el amor a la familia, iniciando con los padres.

Amiga, amigo, todos los días de su vida propónganse celebrar el día del padre y de la madre, hágalo honrándoles sobre todo con amor, atención, gratitud, pero también proveyendo para sus necesidades. Si usted lo hace probablemente recibirá el mismo trato por parte de su descendencia, y experimentará la mayor felicidad que puede lograrse en esta vida, que es la alegría de amar y sentirse amada(o), principal fuente de alta calidad de vida.

Queremos saber de usted, puede escribirnos al correo electrónico: crecetdm@gmail.com .

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