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Desde las 9:00 de la mañana y hasta las 3:00 de la tarde permanece sentada en el suelo, esperando un corazón generoso que se detenga y le regale un peso. Doña Domitila Urbina, de 80 años de edad, tiene ocho años en las calles de la ciudad colonial, y aunque tiene su casa en el reparto San Alejandro, se traslada hasta la calle El Comercio todos los días para mendigar frente a una clínica oftalmológica.

Su indigencia inició al morir su esposo, quien era carpintero y su único apoyo financiero. Urbina dijo que adoraba a su esposo, así como él la adoraba,  y casi llorando lo recuerda. Ella narró con la voz entrecortada que tuvo 18 hijos, unos murieron en la guerra, algunos fallecieron a causa de enfermedades y aunque otros están vivos, no se acuerdan de ella, ni saben que aún existe. Nunca ha recibido apoyo de alguna institución u organización, ni siquiera del gobierno.

“Prefiero pedir antes que hacer algo malo, yo solo espero en la voluntad de Dios, hay días en los que solo gano 20 pesos, y en otros nadie me da; regreso a mi cuartito con las manos vacías”, relató la anciana.  

Extrema pobreza -Muchos ancianos deambulan en las calles-

Más de 200 personas viven en las calles de Granada: niños huelepega, jóvenes adictos, mujeres y ancianos enfermos, quienes han sido abandonados por sus familiares, carentes de un techo y alimento, aguantando sol, lluvia, frío, desprecio, enfermedades y maltrato.

El parque central de Granada se ha visto afectado por la gran cantidad de mendigos que habitan en ese lugar, donde a simple vista se puede notar que duermen en las bancas e incluso bajo los árboles, siendo este un refugio para todos ellos.

Por otra parte, la calle Atravesada es otro sitio que se ve afectado; en cada acera se encuentran enfermos por alcohol y discapacitados. El desempleo, abandono y las adicciones son las principales problemáticas detectadas; cada día el número de estas personas va en aumento.

Según las consultas realizadas en las instituciones de gobierno, hasta hoy no existe ningún programa en concreto para hombres, mujeres, adolescentes, ancianos y niños sin hogar o en abandono; tampoco hay un centro de rehabilitación.

Algunos de estos necesitados pasan de los 60 años de edad, y aunque tienen familia, no les brindan dedicación. Sin embargo, se conoce que son sus mismos parientes quienes los envían a pedir, para beneficiarse del dinero que estos recogen durante el día.    

Una funcionaria de una institución en esta ciudad dijo que “el asunto es que el mendigar se ha convertido en un negocio para estas personas”. Por tal razón no se busca cómo ayudar a estas personas, ni se les brinda apoyo económico.

René Roa Selva, secretario de información de la Asociación de Jubilados y Pensionados Independientes de Nicaragua (Ajupin), afirmó que muchas y muchos de estos viejitos, ni siquiera se interesan en ser internados en el asilo de ancianos La Providencia, no les gusta la idea y prefieren estar en la calle, porque según ellos, es más provechoso.

Un buen porcentaje de los ciudadanos granadinos entrevistados dijo a El Nuevo Diario que la alcaldía debe crear alguna fundación o casa hogar para todas estas personas que han quedado en el olvido y deambulan en sitios históricos y turísticos de la ciudad colonial.

De igual manera, el Ministerio de Salud debería intervenir para ver la situación de enfermos mentales que en algunos casos atacan a las personas, expresaron varios consultados.

Granadinos, descontentos, piden solución

PROBLEMAS• Estos indigentes habitan en lugares turísticos de la ciudad colonial: parques, plazas, iglesias, el malecón, entre otros, sitios que tienen historia y son patrimonio de este lugar, donde a diario miles de turistas llegan para disfrutar del ambiente y de su cultura.

“Claro que afecta al turismo, porque a los extranjeros  no les va a gustar visitar una ciudad de indigentes, donde no hay seguridad, mucho menos tranquilidad, ellos desean pasar un buen rato en familia”, refirió la ciudadana Teresa del Carmen Malespín.

“Es lamentable la condición de estas personas, viven de la basura y duermen en la calle; ninguna organización o institución se ha preocupado por ayudar a estos mendigos. Ellos necesitan una mano que les ayude a salir de esta situación tan lamentable”, expresó Luisa Canales, granadina.

Otra ciudadana del municipio, Martha Gutiérrez, declaró que entre las personas sin hogar hay algunas con problemas de salud mental que causan inquietud entre los vecinos y turistas por su condición inestable.

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