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El día que decidió dejar la comunidad de Las Canoas, en San José de Cusmapa, Madriz, Wilber Leovanis Mondragón Vargas solo tenía el dinero para pagar el pasaje de bus y a dos amigos que lo acompañaban.

El jovencito, que caminaba cinco kilómetros para ir a clases al Instituto Nacional Rafael María Fabreto, y otros cinco kilómetros para volver a casa, deseaba convertirse en licenciado en Administración Turística y Hotelera, según dice, para salir de la pobreza.

Cuando llegó a Managua, Mondragón Vargas vivió “casi como refugiado” en una estación de la Cruz Roja y en la sede de la Fundación Rafael María Fabreto.

Pero también aprendió inglés, fue apadrinado por una señora que supo de su caso, ganó una beca en el American College, a través de una dinámica impulsada por El Nuevo Diario, y ahora lucha por ir a estudiar a Estados Unidos.

Tu vida en el campo estaba arraigada ¿qué te propusiste después de bachillerarte?

Les dije a mis padres que me iría a estudiar a Managua porque, aunque me gustaba el campo, no me conformaría con quedarme solo con el diploma de bachiller. El gran problema era que no tenía ni familia ni dinero para irme a la capital, entonces junto a mis amigos, Engels Josué Gómez y Marvin Giovanni Castro, recogimos para el pasaje y decidimos emprender el viaje a Managua. Durante dos semanas permanecimos en un albergue de la Cruz Roja y otras dos semanas en la sede de la Fundación Rafael María Fabreto, casi como refugiados, comiendo pan con un refresco en algunas ocasiones.

¿En algún momento, ante la adversidad, pensaste regresar a tu comunidad?

Doña Flora Hernández, propietaria de un comedor ubicado cerca del antiguo Cine Cabrera, en el barrio Martha Quezada, miró un video que el Programa Access de la Embajada de Estados Unidos publicó acerca de mi esfuerzo por aprender ese idioma, y decidió apadrinarme. Es mi ángel de la guarda, le ayudo en los quehaceres del negocio y ella gentilmente me da comida y la dormida. Doy clases de inglés a un grupo de niños auspiciados por la Fundación Rafael María Fabreto, que me da una ayuda económica y mantengo recargada la tarjeta TUC para movilizarme en las rutas.

¿Cómo lograste entrar a una universidad como la American College?

Soy católico, leo la Biblia y diario le pedía a Dios que me ayudara para entrar a la universidad privada o pública, porque mi propósito es alcanzar el título de licenciado en Administración Turística y Hotelera. Ese deseo se me hizo realidad, conseguí una beca en la Universidad American College a través de un convenio que tiene con El Nuevo Diario. Aprobé el segundo cuatrimestre de mi carrera con 96% de rendimiento académico. Me siento muy contento, cuando vine a Managua comencé a conocer la ciudad, he perdido la timidez, tengo muchos amigos en la universidad y la convicción que triunfaré.

Tenés una enorme ventaja porque sabés hablar y leer el inglés ¿cómo lo conseguiste? 

Cuando estaba en cuarto año de secundaria, el Programa Access, patrocinado por la Embajada de Estados Unidos a través del Centro Cultural Nicaragüense, llegó a mi instituto, fui seleccionado y aprobé siete niveles de inglés. Cuando vine a Managua, el 22 de enero de 2015, con la ayuda del director Franklin Téllez, quien me facilitó los libros y una beca, terminé los otros siete niveles de inglés para terminar catorce niveles. Practico el idioma con mis compañeros de clase, profesores y amigos. Manejar el inglés es una enorme ventaja, abre muchas posibilidades.

¿Contemplás conseguir una beca para estudiar en los Estados Unidos?

Las autoridades del Centro Cultural Nicaragüense Norteamericano me tienen mucho aprecio, saben de mi empeño y espero que la Embajada de Estados Unidos me consiga una beca para completar en una universidad norteamericana mis estudios de Administración Turística y Hotelera. Domino el inglés y tengo excelentes calificaciones para optar a esa beca.

¿Cuándo coronés tu carrera, dónde pensás ponerla en práctica?

En San José de Cusmapa. Tiene un gran potencial turístico, con un mirador del Occidente del país y Managua, varias reservas forestales y excelente carretera, me encantaría proyectar a mi tierra y poner en práctica mis conocimientos allí para explotar esa riqueza y contribuir a sacarlo de la pobreza.

Hace falta formular un proyecto para conseguir ayuda nacional e internacional para construir infraestructura turística y que la gente llegue a Cusmapa, que disfrute de sus atractivos, tal como lo hacen en el Cañón de Somoto, en el mismo departamento de Madriz.

¿Añorás el campo, tu hogar, las tierras de tu padre?

Sinceramente, sí. Por eso cuando tengo vacaciones en la universidad siempre voy a mi comunidad, juego con mis hermanos y con mis primos porque a pesar que soy mayor de edad, me siento un niño cuando estoy con ellos. Cada vez que llego allá la gente me anima a seguir adelante y no los defraudaré, por eso me pongo las pilas todos los días a estudiar para sacar excelentes calificaciones.

¿Cómo transcurre un día tuyo en Managua?

Me despierto a las 5:30 a.m., a las 6:30 me baño, desayuno y a las 7:30 me voy a clases. Me monto en la ruta para estar puntual a las 8:00 a.m. Termino a la 1:00 p.m. y vengo a la casa de doña Flora Hernández, al comedor donde ayudo a lavar trastos y a servir a los clientes. Pongo mucha atención en clases, por eso me siento adelante, estudio si tengo tiempo en la casa y veo un rato televisión. Todas las noches leo la Biblia, mi libro por excelencia y me duermo temprano.

¿Cuáles son tus pasatiempos favoritos en tus momentos libres?

Me encanta la música y la computación, por eso quiero tener una guitarra y cuánto añoro contar con un piano, mis instrumentos preferidos. También deseo una computadora para hacer mis trabajos de universidad. No tengo vicios, ni espero aprenderlos. Mi llamado a la juventud es que estudien y se porten bien para que triunfen en la vida y contribuyan al desarrollo del país desde distintas carreras universitarias.

¿Cuál es tu mayor motivación en la vida?

Primero Dios, soy católico y mi mayor referente es el padre Rafael María Fabreto, quien dedicó su vida para ayudar a los huérfanos y fundó el pueblo de San José de Cusmapa. Después mis padres y mis cuatro hermanos, a quienes ayudaré cuando logre coronar mi carrera. Dos están en secundaria, uno en primaria y el chiquito que tiene tres años.

La vida en San José de Cusmapa

NECESIDAD • En sus días de secundaria, Wilber Leovanis Mondragón Vargas saltaba de la cama a la 3:00 a.m. para ayudar a su mamá a palmear las tortillas que venden en Las Canoas, una comunidad en el municipio de San José de Cusmapa, Madriz, fronterizo con Honduras.

En su segunda tarea del día, este joven, de ahora 19 años, tenía que ir a buscar agua a un kilómetro de distancia de su casa.

Para Mondragón Vargas, caminar era lo habitual en Las Canoas, porque a las 6:30 a.m., ya bañado y con su uniforme escolar, viajaba a pie cinco kilómetros para estar a las 8:00 a.m. en el Instituto Nacional Rafael María Fabreto.

La historia se repetía a las 5:00 p.m., cuando terminaba la escuela y le tocaba caminar otros cinco kilómetros para volver a su casa.

El viaje duraba hora y media y algunos tramos eran escabrosos, dice Mondragón Vargas, ahora becado en la universidad American College.

Las noches estaban cronometradas cuando estudiaba la secundaria. Cenaba a las 6:30 p.m.. De 7:00 a 8:00 p.m. hacía las tareas y dormía de 8:30 p.m. a 3:00 a.m.

El sacrificio dio buenos resultados a Mondragón Vargas, quien se bachilleró con excelencia académica en noviembre de 2014.

El guerrero

Wilber Leovanis Mondragón Vargas

Nació el 11 de marzo de 1997 en el poblado de San Juan de Cinco Pinos, departamento de Chinandega.

Admite que por ahora su meta es una: coronar su carrera universitaria para salir de la pobreza.

“Aunque nací en un hogar pobre, gracias a Dios, nunca me faltaron los alimentos porque mi papá siembra una parcela de granos básicos. Donde vivo es una zona seca, por eso cuando el invierno llega es una bendición de Dios. Ahorita el maíz ya está en flor y los frijoles están germinando”, explica.

 

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