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Más de un año atrás, el 19 de junio de 2015, Lizandra Norisel Jarquín González se presentó por primera vez en el consultorio del cirujano David Páramo. La joven quería realizarse una liposucción y aumentarse los glúteos. 

Según la acusación presentada el jueves por la Fiscalía, en la que se le imputa a Páramo el delito de homicidio imprudente por la muerte de Jarquín González, en ese momento el médico le expresó que tenía sobrepeso y pocos glúteos, por lo que requería la intervención quirúrgica para mejorar su cuerpo. 

Páramo realizó una cotización calculada en US$4,300, monto que la joven consideró caro, por lo que se fue. El tres de junio de este año regresó al consultorio y le expuso que se realizaría la cirugía y luego de realizarse algunos exámenes convinieron que la fecha de la operación sería el 17 de junio y el costo sería de US$2,900.

De acuerdo con la acusación, entre otros, Páramo extrajo más grasa de la debida. “Producto del procedimiento inadecuado realizado por el acusado al momento de la cirugía estética, fue que al momento de ser trasladada de la mesa operatoria a la sala de recuperación, presentó un paro cardiorrespiratorio, recibiendo tratamiento de reanimación pero luego sufrió otros dos  estando en la Unidad de Cuidados Intensivos”, concluye el dictamen médico firmado por cinco forenses del Instituto de Medicina Legal.

Riesgos

El cirujano plástico Enrique Zúniga García calificó la muerte de Lizandra Norisel Jarquín González como un hecho lamentable y a su vez aclaró algunos aspectos relacionados con las operaciones estéticas y sus riesgos. 

Según Zúniga, previo a que un paciente sea sometido a una intervención quirúrgica debe pasar por todos los exámenes de rigor: un electrocardiograma, examen de sangre, valoración del cardiólogo o el internista y del anestesiólogo.

El doctor Zúniga dijo que el anestesiólogo es quien valora el riesgo que ha determinado el internista o el cardiólogo en el paciente. Indicó que toda cirugía presenta tres niveles de riesgo.

El primer nivel está relacionado con las personas que no padecen de ninguna enfermedad, pero que debido a la intervención quirúrgica podrían resultar con un paro cardíaco provocado por la anestesia. El segundo es cuando el paciente padece de una enfermedad de la cual no fue advertido el galeno, y el tercero está referido a aquellas personas que llegan con heridas provocadas por armas de fuego o cortopunzantes y buscan la intervención de un cirujano.

“Perfectamente el paciente puede presentar problemas después de la operación, por ejemplo, puede presentar un espasmo reflejo de las vías aéreas superiores, lo que le llamamos espasmo laríngeo, se le cierra la orofaringe y le da el paro cardíaco. Los anestésicos tienen reacciones colinérgicas y pueden bloquear la respiración al final del período, por eso es que siempre después de una cirugía se observa al paciente unas horas y no se le da de alta inmediatamente”, dijo Zuniga.

La acusación del Ministerio Público contra Páramo indica que “conforme a los resultados del Instituto de Medicina Legal se establece que producto de la inobservancia de las normas del deber de cuidado quirúrgico del acusado Páramo Sandoval, (es el resultado) que la víctima presentara una embolia de grasa masiva y microscópica a nivel pulmonar ocasionándole un edema cerebral y pulmonar desencadenando su muerte”.

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