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Enrique José Oliú Smith, de 54 años, no es un narrador común en el beisbol de las grandes ligas de Estados Unidos.

Este matagalpino es ciego de nacimiento, pero esa barrera no impidió que siguiera tras sus sueños, lo que implicó abandonar Nicaragua a los cinco años de edad y asentarse en Estados Unidos, donde narra los partidos de los Tampa Bay Rays.

Oliú recibió la semana pasada la Orden Alexis Argüello a la Excelencia Deportiva y fue quien le puso el toque emotivo a la ceremonia, celebrada en Managua.

Para conversar, Oliú es un hombre de pocas palabras, tal vez porque guarda su arsenal para cuando le toca estar frente al micrófono comentando los partidos de beisbol. Su esposa, Debra Perry, siempre está a su lado.

¿Cómo hace una persona que no ve para comentar un juego?

Cada que inicio mis transmisiones sé a lo que me atengo. Pero con solo escuchar el sonido y la fuerza con que la pelota golpea el bate yo sé si es un batazo, un hit, un jonrón o es foul. Si hay algo que me ayuda mucho son las ovaciones o las expresiones de los fanáticos. Ellos son los que me dicen qué tipo de bola es y a qué área va.

¿Su esposa juega un papel extra en sus transmisiones?

Ella está siempre a mi lado. En este viaje a Nicaragua no pudo acompañarme, pero ella está todo el tiempo. En la cabina de transmisión también, incluso me sirve de ojos. Me dice los nombres de los jugadores, a qué lugar va la bola y las estadísticas. Por cierto, antes de los partidos ella me lee los periódicos y como está la cuestión de los equipos y los jugadores de beisbol.

¿Cómo pasó eso de llegar a ser comentarista deportivo?

Todo comenzó cuando era apenas un niño. Yo escuchaba la radio y escuchaba las transmisiones de los otros comentaristas, de allí nació esta pasión. Sin embargo, nací en el seno de una familia muy práctica. Aunque en mi adolescencia quería ahorrar dinero para estudiar ciencias en computación. Pero mis padres me dijeron: “Eso no te gusta, no eres el tipo de persona que va a estar encerrada en un cuarto. Eso no va contigo, aunque si tú quieres hacerlo te vamos apoyar”.

Entonces yo toqué puertas y las personas pensaban que cómo lo haría siendo no vidente.

Ya estando en Estados Unidos participé en un par de programas de televisión y un día me pusieron a hacer un análisis de beisbol, ya después comentaba una liga mayor durante dos años y luego seguí hasta que un amigo mío trabajaba para los Rays de Tamba Bay y así llegué a tocar la puerta, y me quedé.

¿Además de comentarista de beisbol, tiene otra profesión?

Así es. Soy abogado y me gradué en Florida, Estados Unidos.

¿La etapa en la universidad cómo fue?

Siempre lidié con algunos comentarios negativos. Las personas decían cuestiones como que no podría alcanzar mis sueños, o si no cómo lo haría o que nadie me daría trabajo. Sin embargo, salí adelante.

¿En qué momento llegó a Estados Unidos? ¿Cómo fue ese proceso?

A la edad de 10 años, en 1972. Pero antes yo salí de Nicaragua hacia Costa Rica para ir a estudiar en 1968, ya que aquí no había una escuela para no videntes, y ese país era el único que la tenía en Centroamérica. Después me enviaron a Estados Unidos.

¿En qué año nació?

En 1962, en Matagalpa. En el Hospital San Vicente, en el centro de ese departamento. Recuerdo que había poca población y ahora ni se puede caminar por las aceras.

¿Es curioso su apellido?

Es un apellido catalán que proviene de mis bisabuelos.

¿Tiene hijos?

No. Ya encontré a mi esposa muy tarde y mi agenda es tan loca que ya no hay tiempo para eso.

¿Qué tal es el apoyo de su esposa?

Es tremendo. Sin ella no podría hacer nada. Se llama Debra Perry.

¿Cómo se conocieron? ¿Ella es estadounidense?

Sí, ella nació en Estados Unidos. Y nos conocimos a través de un amigo mío que trabajaba con ella en el servicio militar de ese país.

¿En qué año se casó?

Ya son 16 años, nos casamos en el 2000.

¿Actualmente se está cumpliendo uno de sus sueños?

Sí. Creo que sí. El hecho de comentar beisbol en las grandes ligas y recibir esta preciada orden por parte de la Alcaldía de Managua. Todo es muy bueno.

¿Aquí en Nicaragua cómo se siente?

Siempre ha sido mi tierra. Pese a que me fui de muy niño, siempre ha sido mi país, yo he venido aquí de vacaciones en el verano y aún mantengo mis raíces. Además, estoy orgulloso de ser nicaragüense.

¿Qué es lo que más le agrada de estar aquí?

Mi familia, mis amigos...

¿Dicen que en cuanto llegue se irá al estadio a narrar un partido más?

(Ríe). El sábado que llegue no podré porque llegaré tarde, pero al día siguiente, el domingo, claro que sí. Es el partido entre los Rays de Tampa Bay contra Detroit, el último juego de la serie.

¿Ahora que usted regrese a Estados Unidos, vuelve con más orgullo?

Me voy de Nicaragua con el corazón lleno.

¿Algún partido en especial que recuerde?

Cuando fuimos a la Serie Mundial en el 2008 y que un muchacho de la Associated Press llegó y me escribió un artículo que rodó por todo el mundo.

¿Cuáles son sus perspectivas para este año?

Seguir haciendo lo mejor que pueda. Y espero que mi equipo haga un mejor trabajo porque es mejor narrar cuando se está ganando y no cuando está ocurriendo lo contrario.

¿Algún temor?

No, miedo ninguno.

¿Un recuerdo de infancia?

Ah, (piensa)... pues cuando me monté en un caballo y puse el pie equivocado en el estribo caí al suelo. Pero mi papá de inmediato me dijo que debía levantarme y montarme al caballo otra vez.

¿Qué tal está de salud?

Muy bien, bastante bien.

¿También tiene otro trabajo?

Claro, soy asesor público de la oficina de abogados de Tampa, Estados Unidos.

¿Usted es el segundo nicaragüense no vidente en ser comentarista?

Así es, el primero según el Salón de la Fama de Nueva York en Cooperstown, el primer narrador nicaragüense no vidente fue Don Waldon.

El comentarista

Enrique Oliú
Edad: 54 años
Profesión: Comentarista de beisbol de las Grandes Ligas.

No tiene hijos, pero lleva 16 años de matrimonio.
Antes de ser comentarista quiso ser especialista en computación.
Oliú hizo radionovelas con algunas amigas.

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