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Estar siempre limpio, ganar el dinero diariamente y disfrutar de lo que hace fueron las claves para que José Alberto Olivares Pacheco, 76 años, celebrara en abril pasado sus bodas de oro en el oficio de peluquero.

Olivares trabaja en la Barbería Central, fundada en 1950 por José Sirias, y dice con satisfacción haber cortado el pelo a los alcaldes Juan Munguía Espinoza, Rodolfo Gríos, Julio Velásquez y Enrique Saravia Hidalgo, entre otras  personalidades de Chinandega.

De chavalo se lo llevaron a Granada y visitaba a un barbero que le prestaba una navaja para afeitar. “Al ver que me afeitaba bien, Ramón Flores me aconsejó que me dedicara a eso porque era un oficio en el cual vería los reales diario. Trabajé en Managua hasta el terremoto y volví a Chinandega para quedarme”, recuerda.

“Julito”, barbero de Siuna

Todos le dicen “Julito” por el aprecio, confianza y relación amistosa que este joven de tez morena, baja estatura y esbelto ha cosechado cortando el pelo. En su  cuerpo se observan tatuajes y también lleva un piercing en su oreja.

Julio Saavedra González tiene 34 años y es el barbero de más trayectoria en Siuna, costa Caribe Norte, pero también es el más cotizado. Diario atiende entre 25 y 30 clientes.

Aunque es originario de Boaco, se mudó a Siuna hace nueve años y desde entonces es el barbero más reconocido de la ciudad porque en su salón fueron educados otros en el oficio. Sin celos o miedo a la competencia dice que esto es un proceso normal y recuerda que él mismo llegó a Río Blanco para remodelar una barbería, aprendió de otra persona y trabajó en negocios ajenos antes de independizarse.

“Cuando llegaba donde algunos colegas y miraba que llegaba la gente y solo le preguntaba, ‘¿lo mismo verdad?’, yo me sorprendía y me admiraba cómo hacían para acordarse del corte de cada cliente”, recordó Julito. Entre sus clientes se figuran los exalcaldes y jefes policiales.

En los pueblos los barberos son personajes de referencia convertidos en ocasiones hasta en confesores. En las barberías la gente suele enterarse de los últimos acontecimientos y comentarlos. 

“Cutufai”, el barbero de Masaya

Ernesto Obregón Marín tiene 94 años y conocido cariñosamente como “Cutufai”. Dedicó más de 50 años a la profesión de barbero.

Según Liseth Obregón, hija del reconocido barbero tanto en Managua como en Masaya, “Cutufai” inició esta noble profesión a los 17 años. Se trasladó a la capital donde trabajó con reconocidos barberos.

“Luego regresó a su tierra, la capital del folclore, para instalar la barbería San Jerónimo, con el apoyo de su mamá, quien comenzó a comprar espejos. Todavía hay uno de esa época, un abanico de techo y otros instrumentos viejos que aún se utilizan”, dijo llena de nostalgia su hija, quien continuó con la profesión de su progenitor.

El reconocido barbero tuvo cinco hijos, tres fuera de matrimonio, uno falleció hace algunos años. “Ahora mi papá está en casa con problema de próstata y a raíz de la muerte de mi mamá ha quedado en un estado depresivo”, detalló.

La entrevistada recordó que su padre contaba que a la barbería asistieron cantantes mexicanos que se presentaban en el antiguo González, la Sonora Matancera, un grupo español llamado Los Churumbeles. Además de familias reconocidas como los Porta, el expresidente Enrique Bolaños y su hermano Alejandro. También Hernaldo Zúñiga, padre e hijo.

En sus tiempos de alcalde, Gerardo Sánchez Vega entregó un reconocimiento por su destacada labor, el que ahora está colgado en la pared de la barbería.

“Pillina”

Iván Solís García, de 77 años, conocido como “Pillina”, es uno de los más antiguos barberos de Juigalpa, Chontales. 

Llegó hasta cuarto grado de primaria porque se dedicó a vender en la calle rosquillas y arroz con leche. “Iba a vagar con mis amigos, pero al final fui dejando mis estudios porque me gustó trabajar. Ser barbero fue un modo de sobrevivir y me quedé en esto”, dijo “Pillina”, quien recordó que cuando inició en el oficio había solo unos tres barberos en la ciudad. 

Hoy con las máquinas eléctricas de cortar pelo cualquiera es barbero en cuestión de días…”. Jerónimo Mairena Tenorio

Frecuentaba la barbería del señor Próspero Meza conocido como “Popo” (q.e.p.d.), su maestro y con quien trabajó durante 30 años.  

Inició a cortar pelo a los 20 años de edad y desde entonces no ha dejado de hacerlo. Con sus ganancias logró comprar sus utensilios, “tuve el chance de comprar mi casita, que ahora la estoy vendiendo”, manifestó  Solís, cuyo negocio está en su casa. 

Según Solís García cuando venda su casita de adobe, que se encuentra en mal estado, dejará la barbería para irse a vivir con una de sus hermanas porque se encuentra enfermo.  

“A veces me gano para comprarme las tortillas y cuajadas. A veces cobro 30, 40 o 50 córdobas y tengo clientes viejos que todavía me buscan”, recalcó “Pillina”.

“En aquellos tiempos me ganaba 60 córdobas y comía con 10 córdobas y ahora quiero almorzar y son 100 córdobas lo que se gasta”, dijo Solís García, quien manifestó que él siempre prefirió cortar cabello a hombres que a mujeres por ser estas últimas “muy tequiosas”.

La generación en Rivas

Mientras  camina de un lado a otro alrededor de sus clientes, sus manos se mueven con agilidad y destreza  para  ejecutar en 20 o 30 minutos  los cortes de cabello y peinados que le solicitan.

En su oficio como  barbero, Jerónimo Mairena Tenorio de 82 años también  ha “tomado del pelo” a personajes y políticos de Rivas, y dice que como parte de su trabajo les ha  pasado “una navaja por sus  gargantas”.

Con 66 años de experiencia es considerado uno de los pocos sobrevivientes de la vieja escuela de barberos  que existía en Rivas y según sus palabras pertenece a la segunda generación.

“Nosotros aprendimos este oficio cuando  se  requería de arte y estética, además de tener creatividad  y  habilidad  en las muñecas  para ofertar los cortes y peinados clásicos de la época y hoy con las máquinas eléctricas de cortar pelo cualquiera es barbero en cuestión de días, porque  esta herramienta te da el nivel de corte de cabello deseado y no requiere de ciencia”, comentó.

Su primer contacto con las tijeras, ocurrió a los 14 años cuando llegó como  aprendiz  a la barbería de Lolo Castillo (q.e.p.d.),  y  según sus palabras en ese entonces para ser barbero era necesario  saber afilar las navajas en asentadores de cuero, y a la vez manejar correctamente las  máquinas de mano y peines finos.

Hay gente que comparte sus problemas, anécdotas y hasta sus penas. Aquí estamos y se habla de todo, pero yo evito mezclarme en pláticas complicadas”. Roberto Andrés Solís

“En 1950 ya era un barbero  independiente con tan solo 16 años y recuerdo que el corte de pelo costaba  C$1.50 y en ese entonces la moda de andar pelón se la aplicaban solo a los reos para que la gente los identificara, pero ahora esta es la práctica y por ese te digo que en este mundo de la barbería todo se ha distorsionado, en cuanto a precios, frecuencia de los clientes, valor adquisitivo de la moneda, estilos de cortes, y el uso de herramientas”, detalló.

Según Mairena,  los rivenses de clase media y alta solían cortase el cabello cada ocho días y se afeitaban diario porque tenían que llegar catrines  a los eventos sociales que se festejaban en el antiguo casino de Rivas y los obreros solían rasurarse cada 15 días.

En la actualidad Mairena cobra por su servicio  entre C$50 y C$60,  pero  asegura   que el  negocio ya no es  rentable debido a que en los barrios  han proliferado los cortes de pelo con máquinas  eléctricas. “Cuando me inicié en este oficio solo existían cuatro barberías  en Rivas y con lo que recaudé hasta logré instalar una tienda de ropa a mi esposa”, recordó.

Este personaje ingresó al mundo de la barbería porque sus padres eran de escasos medios y no tenían dinero para que estudiara en la escuela secundaria.

Una vida oyendo historias

Máximo Rugama y Tania Narváez

Con toda una vida ejerciendo la barbería Roberto Andrés Solís, 72 años,  es un diestro en su oficio. Desde los 15 años inició esta noble labor. 

Su amabilidad y esmero hacen que también mujeres demanden sus servicios o que las madres les lleven a sus hijos.

A través de su trabajo ha logrado apoyar a una hija que ya cursó una carrera universitaria y otra ya está por concluirla. “De los hijos ninguno de ellos quisieron el oficio, ellos tienen otras opciones”, contó.

Recuerda que era el preferido del ya fallecido magistrado de la Corte Suprema de Justicia (CSJ),  Adrián Valdivia, pero también de distinguidos peloteros como Porfirio Altamirano y muchos líderes religiosos, tanto de la parte evangélica como católica.

El barbero confesó que “hay gente, en su mayoría hombres adultos, que comparten sus problemas, anécdotas y hasta sus penas. Aquí estamos y se habla de todo, pero yo evito mezclarme en pláticas complicadas”. 

Dice que las pláticas versan sobre distintos temas: “Platican unos de política, de crisis, de deportes, yo nunca me he visto involucrado en conflicto, aceptamos a quienes o quien opina a favor o en contra de un tema.

Carlos Manuel  Areas, de 76 años, es un barbero reconocido en Diriamba por su trayectoria y su carisma. Empezó en este oficio a los 18 años.

“Comencé con una silla y un espejito pequeño, mis tijeras y mis manos, me puse a trabajar y así gane clientela y fui surgiendo, dejando todo vicio y apretándome un poco”, dice. Hoy por hoy su negocio es rentable y tiene dos barberías.

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