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Miércoles 22 de junio. Tres de la tarde. Anielka Espino sobrevuela la comunidad Los Brasiles, Mateare, en un avión Cessna 152 que ella misma pilotea. El motor de la máquina se apaga. La aeronave comienza a temblar. Si no actúa de forma acertada e inmediata, la caída es inminente. Un error le puede costar la vida. El tiempo para actuar es cuestión de cinco segundos. La concentración es clave.

La joven sabe qué hacer, solo es cuestión de pericia. Tras recuperar el control de la aeronave, continúa su recorrido por el Circuito Los Brasiles. La escena anterior forma parte de la simulación de emergencias que tuvo que pasar Anielka Espino, de 25 años, como parte de su curso de piloto privado en la escuela de aviación Golden Wings Nicaragua.

La pasión por la aviación le nació cuando tenía nueve años y vivía en Ocotal, Nueva Segovia, de donde es originaria. Sin embargo sus padres lo consideraban una locura. Desde niña siempre jugaba con aviones, carros y helicópteros.

A los 16 años se trasladó a Managua para terminar su secundaria. Al terminarla revivió en ella la inquietud de profesionalizarse en la aviación, así que insistió a sus padres, quienes le dijeron que estaba loca. Estudió comunicación empresarial y relaciones públicas en Managua, luego se trasladó a EE.UU. para continuar con sus estudios, pero siempre con el deseo de estudiar aviación.

Ya en EE.UU. insistió una vez más sobre su vocación por la aviación y su mamá por fin le dio la respuesta que Anielka tanto anhelaba: “Está bien, te apoyo. Andate”. Se había informado sobre la escuela de aviación en Nicaragua y así fue como regresó al país para iniciar la carrera.

La aviación es una carrera cara y poco demandada. Quienes optan por ella en su mayoría son hombres. Anielka Espino dice que no conoce más de cinco mujeres en Nicaragua que hayan volado un avión. El capitán Moisés Dávila, instructor de vuelo desde 1986, coincide con esa cifra.

Anielka ingresó a la escuela de aviación Golden Wings Nicaragua —única en el país— hace dos años para obtener la licencia de piloto privado. El curso teórico cuesta US$1,000 y está compuesto por 100 horas de clase, las que son impartidas en Managua. 

En ese tiempo aprenden lo relacionado a las características de los aviones que van a volar y para qué sirve cada botón que se encuentra en la cabina del mismo, así como el lenguaje de aeronáutica.

Recientemente se tatuó un jet de unos tres centímetros en la mano derecha. “Siempre dije que si tengo la aviación en mi corazón y en mi mente, la tengo que tener también en mi piel”, confiesa.

Después del curso teórico esperó un año para iniciar sus clases prácticas porque tuvo que reunir el dinero para el curso, cuyo costo es de US$7,000, según información disponible en la cuenta oficial en Facebook de la escuela Golden Wings Nicaragua.

Los aviones que se usan para las prácticas son modelo Cessna 152. Tienen capacidad para dos personas y pesan 500 kilogramos.

Los mejores momentos de mi vida son cuando estoy en un avión. Si un día se me presenta una emergencia real, ojalá vaya sola. Si me toca morir, moriré haciendo lo que más amo”. Anielka Espino

La bitácora de vuelos de Anielka indica que acumula 26 horas. Para obtener su primera licencia de piloto privado debe acumular 50 horas. Actualmente vuela seis a la semana y este año dice que obtendrá su licencia.

Posteriormente planea acumular más horas de vuelo para obtener la licencia de piloto comercial. “Quiero ser la primera mujer nicaragüense en volar un jet de una aerolínea grande”, afirma. El jet tatuado en su mano derecha representa para ella el recordatorio constante de esa meta.

El capitán Moisés Dávila confiesa que lo que más se le dificulta a los estudiantes de aviación es el aterrizaje, pero reconoce que Anielka “voló bien desde el inicio”.

PROPÓSITO CLARO

Wing-Yip Sujo, de 18 años, es compañero de clases de Anielka Espino. Su pasión por la aviación le surgió durante sus viajes en La Costeña desde Puerto Cabezas —de donde es originario— hacia Managua. 

A diferencia de Anielka contó con la aprobación de su familia desde que anunció que quería ser piloto. Llegó a Managua en 2014 e ingresó a estudiar aviación y relaciones internacionales de forma paralela. 

“Mi papá me decía que estudiara las dos carreras, porque creía que no iba dar la talla en aviación”, dice el joven. Pero el tiempo le dio la razón a Wing-Yip. Abandonó sus estudios universitarios para entrar de lleno en la aviación. Este año culminó el curso de piloto privado y sigue estudiando. 

Quiere la licencia de piloto comercial y una vez la obtenga, planea volar un tiempo en La Costeña para acumular al menos 300 horas de vuelo, que son las que se necesita para volar aviones de aerolíneas internacionales. Dice que esa es su principal meta.

Vuelos difíciles

Previo a cada vuelo Anielka Espino duerme al menos ocho horas. No toma alcohol ni fuma. Se encarga de chequear las llantas e informarse sobre las condiciones del tiempo. También revisa el combustible, para esto debe subirse a las alas de la aeronave y lo hace con una facilidad sorprendente. Su buena condición física destaca.

Su vuelo más difícil, pero el más emocionante fue su soleo (el primer vuelo que un piloto hace completamente solo). Tardó 15 minutos, recuerda Anielka.

A todos sus vuelos siempre la acompañaba un instructor, aunque este no tomaba ninguna decisión en el trayecto. Anielka dice que llevar una persona junto a ella le daba confianza y seguridad. Pero ese día “mi soleo se lo encomendé a Dios. Él fue y sigue siendo mi copiloto. Siempre le digo que me conceda el mismo número de despegues como de aterrizaje”, expresa la joven. Wing-Yip Sujo

Una vez en el aire todo fue pura adrenalina. “Me iba riendo y afortunadamente no tuve ningún inconveniente. En ese momento toda mi insistencia a mis padre valió la pena. Lo más importante cuando se es piloto es saber reaccionar y tener la inteligencia de salir de una emergencia  tomando la mejor decisión”, explica Anielka.

El soleo de Wing-Yip Sujo fue como una especie de recital evangélico acompañado de lágrimas. “Cuando estaba en el aire iba tan nervioso que comencé a llorar y a cantarle a Cristo. Yo me sé las canciones porque toco guitarra y canto en el coro de la iglesia”, revela el joven.

Después sus soleos, a Wing-Yip y Anielka les cortaron el cabello y los untaron de aceite de avión. Es un rito que se practica desde hace más de 30 años, expone el capitán Dávila.

“Anielka siempre anda bien arreglada y solo dejó que le cortaran un poquito de cabello, pero a mí sí me dejaron pelón y me empaparon de aceite todo el cuerpo”, refiere entre risas Wing-Yip. Agrega que el rito se da por “si algún día sufrimos un accidente y el avión se incendia. Si pasamos este rito, se cree que no moriremos quemados”.

El grupo de Anielka y Wing-Yip era de seis estudiantes, pero actualmente solo están volando tres. Anielka es la única mujer del grupo. La joven reconoce que ver a mujeres pilotear una aeronave para algunas personas representa algo raro, “porque en pleno siglo XXI seguimos encasillando los oficios”.

Inspiradora

Amigas de Anielka le han manifestado que su caso les ha servido de inspiración para revelar su verdadera pasión ante sus familias, misma que ocultan porque muchas veces desean estudiar carreras que son estereotipadas para hombres, comparte ella.

“Ya no estamos para poner estereotipos o designar los oficios por sexo. ¡No! Una mujer puede lograr lo que se propone. Yo soy el ejemplo. Las mujeres no están solo para estar en la casa cuidando hijos. Estamos para vivir nuestros sueños también”, considera.

Ella ha sabido combinar su tiempo entre la maternidad y la aviación. Es madre de una pequeña de tres años llamada Valentina, quien juega con avioncitos, helicópteros, carros y muñecas. “Los juguetes no definen la orientación sexual que los niños vayan a tener”, explica Anielka al recordar que su papá le cuestionaba su preferencia por estos. Desea sobrevolar su natal Ocotal junto a su hija, una vez termine sus 50 horas prácticas. 

Otro componente en la vida de Anielka Espino es el modelaje. Pero de entrada aclara que es solo uno de sus pasatiempos, debido a que su verdadera pasión —y lo ha dejado claro— es la aviación.

En el modelaje tiene trayectoria. Estudió pasarela en Estados Unidos cuando tenía 15 años. En Estados Unidos fue Miss Oneness en 2011 y luego representó a Nicaragua en Miss Princess of the World en Praga, República Checa.

Después abandonó las lentejuelas, los tacones y el maquillaje para ponerse su uniforme de piloto en la escuela Golden Wings. 

Volar es caro. De eso está consciente Anielka Espino, por eso montó un pequeño negocio que fabrica productos cosméticos 100% naturales. Es buena administradora, el negocio que nombró “Buena vida Nicaragua” ha prevalecido por año y medio y poco a poco crece. 

Vende aceites de coco con fines cosméticos y maquillajes naturales. Su negocio ha participado en concursos de emprendedurismo y los productos son vendidos a través internet y redes sociales. Quiere abrir una tienda. 

“Soy una mujer visionaria con muchos planes. Una vida sin planes y sueños es una vida sin sentido. Todos los días trabajo para lograrlos y los voy cumpliendo”, comenta Anielka.

La carrera de aviación es una de las más caras.  US$8,000 cuesta el curso de principiante para obtener la primera licencia de piloto privado. 

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