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“María” no quiere dar su nombre. Tiene 65 años de edad y le fue diagnosticado cáncer de mama en etapa terminal. Fue desahuciada por los médicos y en la actualidad recibe cuidados paliativos en la Institución Proveedora de Servicios de Salud (IPSS) a la que está adscrita. Aunque sabe que hay poco que hacer, confía en que Dios la sanará.  

“Estamos claros que solo un milagro del Señor la sanará. Tiene mucho dolor, come y duerme poco, pero ha superado la depresión gracias a la atención que le dan en la clínica dos veces por semana”, contó una de sus hijas.

Amayda Cruz Méndez es anestesióloga y tiene una subespecialidad en medicina paliativa. A su criterio, es de suma importancia que el Instituto Nicaragüense de Seguridad Social (INSS) haya incluido los cuidados paliativos en el Programa de Oncología. 

Cruz Méndez detalló que atienden a pacientes que no responden al tratamiento curativo, que contribuyen a controlar el dolor, y les brindan atención psicológica, psiquiátrica y espiritual. 

“Mientras Dios nos tiene aquí en la tierra siempre hay una esperanza, por eso trabajamos con mucho ahínco para el bienestar de estas personas con apoyo de sus familias”, dijo la médica. 

EQUIPO 

Los oncólogos de las clínicas médicas previsionales remiten a los pacientes que precisan de cuidados paliativos al subespecialista de ese ramo. Los cuidados paliativos contribuyen a amortiguar el dolor en los pacientes desahuciados. 

El oncólogo Ludwing Bacon Fonseca dijo que en esta labor trabaja un equipo médico compuesto por personal de enfermería, nutricionistas certificados, trabajadores sociales, psicólogos, masajistas terapeutas y guías espirituales. 

“Los cuidados paliativos también contribuye a los pacientes con cáncer en la mejora del apetito, el síndrome de fatiga, la anorexia y a continuar batallando contra esa enfermedad”, expresó Bacon Fonseca.  

A su juicio, esos cuidados impactan de manera positiva en los pacientes.

AMPLIACIÓN 

Roberto Guillén, coordinador nacional de Servicios Oncológicos del Ministerio de Salud, opinó que los pacientes que logran superar el cáncer a través de la detección temprana o el tratamiento de quimioterapia no requieren de cuidados paliativos. 

“Los pacientes que nunca se curaron con los tratamientos o cuando el cáncer regresó son los que necesitan esos cuidados y con estos mejoran su calidad de vida”, apuntó Guillén. 

El médico anunció que a partir de agosto capacitarán a médicos y enfermeras para desarrollar el tratamiento en cuidados paliativos en los hospitales de referencia nacional Manuel de Jesús Rivera “La Mascota”, Roberto Calderón y Bertha Calderón, así como en los hospitales regionales de León, Matagalpa, Bluefields, Chontales y Estelí. 

De esta manera, los pacientes con cáncer que no tienen recursos económicos y no son afiliados al INSS tendrán la oportunidad de recibir ese tratamiento. . 

En el país existen nueve subespecialistas en medicina paliativa y se espera en el futuro la formación de otros.

De acuerdo con el oncólogo Roberto Guillén, los cuidados paliativos varían en dependencia de las complicaciones que los pacientes presenten. 

 “Después de recibir su atención en las clínicas médicas previsionales, los pacientes se van a su casa con sus familiares y estos les suministrarán las medicinas y el cuidado especial que requieren”, comentó Guillén.

La ayuda de los parientes es fundamental para que los pacientes con cáncer terminal enfrenten esa enfermedad. 

Para Guillén lo importante es que con la atención de los cuidados paliativos, los pacientes mejoran su calidad de vida, aunque no es fácil por el estado depresivo que presenta la mayoría.

NORMA 

La norma y el protocolo para los cuidados paliativos en Nicaragua aprobados por el Minsa en julio de 2010 establecen que las unidades deben tener un odontólogo, un psicólogo, un trabajador social, un rehabilitador, voluntarios o guías espiritual  y  personal de enfermería. 

El documento del Minsa, firmado en la referida fecha, establece que en una primera revisión (donde se incluyeron 44 estudios y 25,074 pacientes) identificaron 37 síntomas evaluados al menos en cinco estudios. 

Los cinco síntomas que con más frecuencia ocurren en más del 50% de los pacientes fueron: fatiga, dolor, pérdida de la energía, debilidad y pérdida del apetito. Durante las dos últimas semanas de la vida fueron frecuentes la pérdida significativa de peso, dolor, náuseas y  menos frecuente los síntomas urinarios.

Como parte integral del dolor existen medidas no farmacológicas que pueden complementar el tratamiento del paciente. Usualmente incluyen una combinación de terapia física y psicológica. Estas intervenciones deben estar a cargo del personal de psicología y rehabilitación entrenado para este fin.

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