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Las playas de San Juan del Sur, Maderas y Tola, en Rivas, se han convertido en el escenario de varios proyectos de emprendimiento protagonizados por personas que habían perdido sus puestos laborales o no estaban conformes con sus salarios.

Tal es el caso de Gliny Vanesa Jarquín Gutiérrez, de 31 años, quien por más de 8 años trabajó como asistente del hogar hasta que decidió irse de Tipitapa a playa Maderas, ubicada en San Juan del Sur, para ofrecer servicios de masajes a turistas extranjeros y nacionales.

Su vida no ha sido fácil, ya que es madre soltera de tres menores de edad, y su única opción laboral era trabajar como doméstica, “pero ganaba muy poco y emigré ilegalmente a Costa Rica, para buscar nuevas oportunidades”, aseguró Jarquín Gutiérrez.

En Costa Rica, la joven permaneció entre el 2012 y el 2015, y según sus palabras era víctima de explotación laboral, por lo que decidió empacar sus maletas y retornar a Nicaragua, tras aprender el oficio de masajista.

“Aprendí este oficio en los tres años que estuve en Costa Rica y esto fue lo único positivo del viaje, porque desde septiembre del 2015 me vine a playa Maderas para ofrecer masajes a los turistas y me siento mejor porque percibo mejores ingresos y siempre hay clientes”, comentó.

Jarquín Gutiérrez realiza su trabajo al aire libre, en una camilla ubicada bajo un árbol y frente a las olas. Cada sesión cuesta entre US$20 y US$30.

La próxima meta de esta emprendedora es aprender inglés y disponer de un local adecuado para brindar una mejor atención a sus clientes y vivir junto a sus hijos de 4, 6, y 10 años, ya que por falta de condiciones, los de mayor edad viven con su abuela materna en Tipitapa.

UNA TUROPERADORA

Las paradisíacas playas de Tola también han sido pieza clave de emprendedores exitosos como Zacarías López Martínez, de 36 años, un joven mecánico que solía recorrer las calles en bicicleta y ahora es propietario de una microempresa turística en el balneario de playa Gigante.

“Yo desde joven me dedicaba a la pesca artesanal, también estudié mecánica automotriz en el Intecna (Instituto Tecnológico Nacional) Granada, y trabajé como capitán de una panga que realizaba tour por las playas de Tola y me gustó el negocio y terminé creando mi propia turoperadora e incursionando en negocios de bienes y raíces y construcciones”, señaló López Martínez.

Sus primeros pasos en el mundo de los negocios los realizó hace 12 años en su bicicleta y con el tiempo fue afianzando el inglés y relacionándose con clientes potenciales. Tras vender una propiedad que le encomendaron, recibió una comisión de US$2,500. El dinero lo utilizó para comprar una lancha, la cual se convirtió en su machete laboral.

“Con esta embarcación inicié a ofrecer los tour en pangas para disfrutar del avistamiento de delfines, ballenas, tortugas y de paisajes escénicos y la mano de Dios ha estado conmigo, porque por salvarle la vida a una extranjera que se estaba ahogando, el esposo me obsequió una camioneta con la que comencé a ofertar el servicio de transporte turístico”, relató.

En la actualidad, López Martínez genera 6 empleos en sus tres pangas, que ofrecen tour a US$60 la hora y con dos vehículos moviliza a los turistas por tierra y a la vez recibe comisiones por conseguir clientes interesados en adquirir propiedades o rentar casas junto al mar.

-Las playas de San Juan del Sur son de las más concurridas-DE ALBAÑIL A SURFISTA

Las ideas de crear nuevos negocios en el mar también atrajeron a Danny Bermúdez y al joven rivense Marcos Díaz, quienes en un tiempo se dedicaron a trabajar en construcciones y como mesero, respectivamente.

Bermúdez, de 35 años, dejó la cuchara de albañil desde hace 6 años tras percatarse de que los trabajos de construcción escaseaban, pero supo que sus conocimientos en surf representaban una gran oportunidad en su vida.

“Yo en mis tiempos libres solía ir a relajarme al mar y me percaté de que en playa Maderas podía ganarme la vida como instructor de surf, e inicié a dedicarme a este oficio que aprendí hace 12 años”, acotó Bermúdez, quien también es contratado ocasionalmente como juez en competencias de la Asociación Internacional de Surf  (ISA, por sus siglas en inglés).

En las dos horas que dura cada lección, Bermúdez dedica 30 minutos impartiendo teoría en la arena, para enseñar a los principiantes subir a la tabla de surf y mantener el balance y la dirección, y después se lanza al mar para las clases prácticas.

Las lecciones que se realizan en grupos de dos a cuatro personas tienen un costo de US$30 a US$35 y, según Bermúdez, además de ser un trabajo mejor remunerado, le ayuda a mantenerse saludable.

“Realizo bastante ejercicio remando y peleando con las olas y gracias a este oficio aprendí el inglés con los extranjeros”, comentó.

La creciente pasión por este deporte acuático también cambió el ambiente laboral de Díaz, de 28 años, quien dejó de atender a clientes en los restaurantes para ir a la cacería de turistas que llegan a las costas en busca de una tienda de surf.-Danny Bermúdez durante una de sus clases de surf-

Hasta hace dos años este joven viajaba de Rivas a San Juan del Sur para integrarse a sus labores de mesero, y tras “mi primer contacto con el surf, dejé atrás mi viejo oficio, porque me gustó el negocio de rentar tablas de surf e impartir clases”, comentó.

Díaz asegura que como en todo negocio hay días buenos y malos, pero según sus palabras en promedio percibe US$40 al día por brindar sus servicios como instructor de surf y, como en muchos otros casos, aprendió el inglés escuchando a sus clientes.

“Así es mejor que ir a una academia porque se aprende con los mismos americanos”, opinó.

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