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A Kenexa Castillo Montfort se le ve recorriendo con mucha dificultad los pasillos de la Universidad Nacional Autónoma de Nicaragua (UNAN) en Managua, solicitando ayuda.

La joven de 34 años, que a lo largo de su vida ha soportado ráfagas de obstáculos, aún sonríe, pese a que ha encarado varias veces a la muerte, que justo ahora le ha puesto la prueba más difícil: un cáncer maligno en la cabeza.

Castillo Montfort, de 34 años, lucha contra el cáncer no solo por ella, sino por Valentina Castillo Montfort, su hija de cuatro años, a quien  deja en el Centro de Desarrollo Infantil Arlen Siu, administrado por la UNAN, cuyos dirigentes no le cobran ni un centavo. A Castillo Montfort le diagnosticaron el cáncer cuando tenía 30 años.La enfermedad le hizo perder peso, hasta dejarla bien flaquita, sufre fuertes dolores de cabeza, vómitos, desmayos y pérdida de memoria.

La joven fue operada en el 2013 y 2014, y próximamente se someterá a un examen para determinar si el cáncer sigue presente.

Castillo Montfort es la hija mayor de Carmen Montfort Tardencilla, de 66 años. Tiene dos hermanos, uno de ellos viajó a Honduras, pero no los ayuda económicamente, mientras que el otro está desempleado en Nicaragua.

Su mamá nunca cotizó en el Seguro Social y su papá es uno de esos hombres que escapó a la responsabilidad.

Según Montfort Tardencilla, por falta de recursos económicos su hija tuvo que dejar en algunos momentos el colegio, pero mantuvieron la lucha para que llegara hasta la universidad, que fue cuando le diagnosticaron el cáncer.

Hasta el año pasado, Castillo Montfort estaba en cuarto año de la Carrera de Derecho en la UNAN Managua, pero en noviembre pasado un segundo derrame cerebral que la mantuvo 28 días en coma casi le gana la batalla por la vida. El primero ocurrió en el 2002.

Para estudiar, Castillo Montfort ha trabajado en diferentes lugares, como agencias de modelaje y un casino.

La enfermedad la ha ido restando facultades físicas e intelectuales, por lo que ahora subsiste junto a su hermano y mamá elaborando y vendiendo bisuterías en la UNAN Managua.

También recibió un permiso especial por parte de las autoridades de la universidad para solicitar ayuda en los pasillos.

Ella casi a diario carga un pequeño tarro plástico solicitando la colaboración de los universitarios para costear los gastos que genera su padecimiento y ayudar a su familia.

“Eso lo hace para poder comprar un tratamiento bastante costoso, ella gasta alrededor de 35 mil córdobas al mes, tiene que comprar pastillas, inyecciones, leche Ensure, gasta bastante y también en el cuidado de su hija. Yo sé que ella va a salir adelante porque es un propósito de Dios y debe ser que los jóvenes conozcan de Dios”, dijo la mamá de la joven.

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