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Yamileth de los Ángeles Saravia vive en la comarca Los Pozos y tiene 15 años, pero aparenta 12. Es la quinta hija de Ana María Saravia Fuentes, quien fue asesinada en marzo de 2015 por su esposo Juan Asiderio. La joven acaba de bajarse del carretón en el que se movilizó hasta Ciudad Sandino para traer una ayuda alimenticia y no quiere recordar cómo fue asesinada su madre ni qué le dijo antes de morir. 

“Parte del duelo es contarlo”, le recomienda Reyna Rodríguez, defensora de derechos humanos que le ha dado acompañamiento desde que ocurrió el femicidio. “Es para que poco a poco lo superés”, agrega. Ella agacha la mirada y llora en silencio. Su abuela, Mercedes Fuentes, le da una palmada en el hombro y la insta a hablar: “Contalo, no tengás miedo”. Pero no accede. 

La madre de Yamileth de los Ángeles tenía cuarenta años cuando su esposo la mató. Lo único inusual que ocurrió un día antes del crimen fue que pasó un hombre pidiendo agua por la casa, ubicada en la comarca El Chorizal. “Ella recibió una cuchillada en la yugular que hizo que se desangrara”, recuerda su madre, Mercedes Fuentes, de 68 años. 

“Yo sabía que un día la iba a matar porque ese desgraciado la golpeaba mucho”, relata Fuentes. De los doce hijos que dejó Ana María Saravia Fuentes solo cinco viven con su abuela en la comarca Los Pozos, al suroeste de Managua, entre ellos Yamileth de los Ángeles. Los demás se han separado, hecho sus vidas y olvidado de sus hermanos menores. Seis de los hijos —los mayores— se oponían a que el padre fuese detenido por la Policía.

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Un hombre violento

Sentada debajo de un árbol de tamarindo junto a su casa, construida con madera y zinc desgastado por el tiempo, ambas recuerdan la vida que llevó Ana María Saravia Fuentes junto al padre de sus doce hijos. 

Temerosa y con ojos brillosos interrumpe Yamileth de los Ángeles: “Cuando en las noches mi papá llegaba borracho nos golpeaba y no sabíamos por qué. Entonces mi mamá lo que hacía era llevarnos a dormir al monte que había en los alrededores”. 

“Contá lo del carretón”, sugiere su abuela. Dudosa, pero sin llorar, inicia el relato. “Mi hermano Miguel Ángel (16 años) y yo la montamos en el carretón. La sacamos lo más rápido posible a la carretera para que alguien nos ayudara a llevarla al centro de salud. Cuando íbamos con ella en el carretón nos dijo llorando: ‘Váyanse para donde su abuela, no quiero que se queden con él’. En cuanto llegamos a la carretera pasaron unas personas del Ejército en una camioneta y la montaron para llevarla, pero nos dijeron que ya estaba muerta”. 

Al terminar de contarlo se levanta para ir a buscar a sus hermanos, quienes estaban alimentando las seis vacas que tienen. De donde también se alimentan.  

Tres días después del femicidio fue enterrada en el cementerio San Andrés, donde los menores llegan a visitarla. Mientras tanto, Juan Asiderio cumple su condena de 30 años en prisión. 

Ana María Saravia Fuentes cuando estaba en vida trabajaba con sus hijos menores recolectando leña que luego vendía. “Ella amaba a sus hijos y siempre los motivó a luchar para ser alguien en la vida”, dice Mercedes Fuentes, quien vive junto con su esposo Ramón Saravia, de 70 años, que no estaba el día de la entrevista porque padece insuficiencia renal y se encontraba en consulta médica. 

Están en la lucha

Ante esta situación los abuelos no se rinden. Todos los niños están estudiando en el colegio Enmanuel Mongalo, al que llegan después de recorrer tres kilómetros. 

“Nosotros nos levantamos desde las cinco de la mañana para ayudar en los quehaceres de la casa. En tarde nos vamos al colegio”, comenta Yamileth de los Ángeles, mientras abraza a sus otros hermanos.

Actualmente no existen registros de cuántos son los menores de edad huérfanos a causa de los femicidios, pero se sabe que en su mayoría viven con las abuelas.  

Reyna Rodríguez, enlace nacional de la Red de Mujeres contra la Violencia (RMCV), señaló en entrevista con El Nuevo Diario que las víctimas de los últimos meses han dejado a dos o más hijos entre los seis meses de nacido y los 15 años. -Tanto el abuelo como la abuela sufren de distintos problemas de salud-

Después de las abuelas son las tías con las que quedan al cuido. “Y en algunos casos sorprendentes e ilógicos los menores quedan bajo la tutela de la familia del victimario y no de la víctima”, sostiene Rodríguez. 

Según Magaly Quintana, activista de la organización Católicas por el Derecho a Decidir, desde el año 2014 visitan a familiares de víctimas de femicidios y por lo general encuentran que las abuelas, en su mayoría de avanzada edad, están a cargo de  los menores. 

“Esto es vulnerable porque las abuelas son muy mayores, enfermas y con un alto grado de pobreza, pues la mamá era la que trabaja para mantener a toda la familia”, consideró Quintana. 

Según datos de distintos organismos de mujeres, en todo 2016 se han  registrado 38 muertes violentas de mujeres. Siendo las mujeres entre 26 y 40 años el porcentaje más alto, con 13 víctimas. Seguido por las féminas de más de 41 años, con 11. 

De acuerdo con la organización Católicas , 26 de los agresores se encuentran prófugos de la justicia, y en su mayoría fueron los cónyuges de las víctimas. 

El informe indica que los sitios donde más han ocurrido los crímenes son la Región Autónoma del Caribe Sur, con 9; seguido del departamento de Jinotega, con 7; y el departamento de Managua, con 4.

Odette Leytón, fiscal de la Unidad de Género del Ministerio Público, aseguró a los medios de comunicación el 5 de julio que “los femicidios ocurridos en los seis últimos meses han sido cinco”.  Pero la magistrada Alba Luz Ramos, presidenta de la Corte Suprema de Justicia (CSJ), la contradijo tres días después diciendo que “los femicidios de acuerdo a las estadísticas son 24, y no cinco como indicó Odette Leytón”.

A criterio de Reyna Rodríguez, de la RMCV, el 80% de las víctimas de femicidios vivían en una situación vulnerable, eran de escasos recursos y muy humildes. “Pero esto no quiere decir que solo le pase a ellas porque a cualquiera le puede ocurrir, sin importar si tiene dinero o no”, enfatizó. 

La activista de la organización Católicas por el Derecho a Decidir asegura que “el Ministerio de la Familia (Mifamilia) y otras instituciones que deberían velar por el derecho de la niñez y la adolescencia, ponen poco interés a pesar de que son menores los afectados”. 

Durante 2015 fueron asesinadas 53 mujeres, 22 menos que en 2014, cuando asesinaron a 75, según cifras de distintos organismos.

Círculo de violencia

La psicóloga y especialista en familia Brenda Cisneros comenta que al darse este tipo de situaciones “siempre hay un duelo natural en el menor de edad, y con mucha más razón al ver cómo su progenitor le quita la vida a su mamá”. 

Cisneros sostiene que “en ese momento los sentimientos que se le vienen al menor son de impotencia y frustración. Si un adulto al ver situaciones así de fuerte y dramática queda impactado peor un niño que no sabe lo qué pasa”.

En cuanto a los síntomas que quedan después del femicidio, la psicóloga explica que los seres humanos tienden a registrar las situaciones crueles a nivel neuronal, “es decir que siempre están presentes”. 

Los menores huérfanos llegan a sentir culpabilidad, depresión, crisis de angustia, ansiedad e intentos de suicidios, aunque estos suelen aparecer en la etapa adolescente o adulta, asegura la especialista.

Agrega que el Ministerio de Educación (Mined) debe incluir entre sus programas temas como la educación ante los fallecimientos e inculcar el respeto hacia la mujer. “Esto logrará que después de que hayan observado algo como un femicidio, siendo adultos no repitan esas conductas”, concluyó Cisneros.  

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