•  |
  •  |
  • Edición Impresa

Muchas personas en algunas etapas de la vida, hemos sido exigentes con quienes nos relacionamos, particularmente nuestros seres queridos. Quizá ser exigente con el prójimo no debería ser un problema, pero cuando lo somos en demasía o cuando exigimos a otros que hagan lo que nosotros no hacemos, eso es un problema.

Un amigo me comentaba que él solo utilizaba la cocina para calentar agua, sin embargo era exigente en extremo con su pareja en lo referido a la preparación de las comidas. En mí caso fui del equipo de los ultraexigentes con mis hijos en cuanto a su desempeño escolar y en la práctica de actividades extracurriculares: deportes, aprendizaje de instrumentos musicales, etcétera, pero nunca fui autoexigente en esos temas.

Estudiosos de este tema dicen que quienes exigen más allá de límites razonables, tienden a vivir en constantes frustraciones e insatisfacciones debido a que en el fondo buscan una perfección que muy difícilmente o nunca se logrará. Lo que muy probablemente obtendrán es granjearse el rechazo de los demás, en tanto se les transmite que nunca hacen nada bien, y cuando, quien exige se ve en la sin remedio de reconocer que hicieron algo bien, lo minimizan argumentando que es lo menos que podían hacer. 

Cuando no se es capaz de reconocer que las personas hacen su mejor esfuerzo para salir airosas en lo que emprenden, lo que se logra es inyectarles inseguridad, ansiedad, insatisfacción y baja autoestima. 

No ser capaz de valorar el esfuerzo que realizan los seres queridos o compañeros de trabajo por lograr algo puede ser una manifestación de no saber amarles,  por ende  no saber amarse a sí mismo. 

La biblia dice: ama a tu prójimo como a ti mismo; ello entre otras cosas significa que deberíamos aceptar a las personas tal cual son. Apropiarnos de una realidad: todos somos seres valiosos, tenemos cualidades y defectos, estamos dotados de habilidades para algunas cosas y para otras no. 

Deberíamos evitar exigirles que sean y hagan lo que nosotros no hacemos. La Biblia en Mateo 23:2 relata que Jesús le decía a sus seguidores: los escribas y los fariseos (persona que finge una moral o creencias que no práctica) no hacen lo que predican, así que escuchen y hagan todo lo que les digan; pero no hagan lo que ellos hacen.

Es conveniente motivar a las personas del entorno a ser mejores cada vez, pero no exigirles perfección. Deberíamos incidir en ellos para que tengan el carácter y la capacidad de afrontar situaciones, complicadas o no, darles solución y continuar su vida, además a estar preparados para levantarse cuando las cosas no salen bien y seguir adelante en la lucha diaria.

Desde el rol que cada quien cumple, allí donde se desenvuelve: en la familia, en el trabajo, con amistades. Deberíamos de desechar la tendencia a exigir sin medida; disponernos a cultivar la capacidad de aceptar a los demás con sus virtudes y defectos, practicar el arte de la persuasión mediante el ejemplo. Si lo logramos, en vez de ser un factor de riesgo, estaremos erigiéndonos en factor de protección para la salud psicológica de ellas(os). 

Queremos saber de ustedes, le invitamos a escribirnos al correo electrónico: crecetdm@gmail.com 

Últimos Comentarios
blog comments powered by Disqus