Noel Ramírez Sánchez / Doctor en Derecho y Economía
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Cuando uno sale de las aulas universitarias, uno sale convertido en un completo ortodoxo, en un Torquemada, y si estudiaste economía en una escuela donde lo que prevalece es la economía de mercado, aunque hayas estudiado en Yale con James Tobin y no en Chicago con Milton Friedman, salís creyendo ciegamente que la economía de mercado es totalmente incompatible con el desarrollo de programas sociales y con los subsidios que normalmente se utilizan para combatir la pobreza, que ahora es la única guerra que los políticos desean librar y liderar.

Aunque estudiaste los mercados oligopólicos, donde unos pocos dominan el mercado y logran construir sus carteles, y los monopólicos, donde solo existe un oferente que determina las reglas del mercado, continuás creyendo que todos los precios son determinados por la competencia pura y que el precio, que es el ingreso marginal, es igual al costo marginal.  Pero la verdad es que el mundo real es un poco más complicado.

Si usted es un empresario o un gerente general, con seguridad estará vinculado con alguna cámara empresarial y, por lo tanto, de vez en cuando tendrá que abordar temas gremiales como el de los impuestos, los aranceles, las tarifas de servicios públicos, los subsidios, las políticas salariales y los programas sociales desarrollados por los gobiernos de turno.

Por lo tanto, la próxima vez que le toque participar en este tipo discusiones, tenga presente lo siguiente:

Primero, la única forma sostenible de combatir la pobreza es con el crecimiento económico y con un crecimiento que sea muy superior al crecimiento de la población y especialmente al crecimiento de la población económicamente activa (PEA), es decir, la población con capacidad y deseo de trabajar.

Segundo, la única forma de mantener un crecimiento económico sostenible es promoviendo la inversión productiva privada, nacional y extranjera y debemos promoverla y atraerla, ya que el capital no tiene nacionalidades y no está haciendo filas para invertir en nuestros países, pues la competencia entre países es feroz.

Tercero, la inversión se atrae respetando la propiedad y promoviendo, ya que no se puede garantizar, la rentabilidad de la inversión.  Esta promoción debe ser permanente, ya que de lo contrario nos convertimos en un país péndulo y lo que atraeremos será la especulación y no la inversión.  Debemos recordar que para el inversionista lo primero es la seguridad física y jurídica ,y lo segundo es la rentabilidad.  

Cuarto, para que la inversión sea rentable, se requiere de estabilidad monetaria y de una estructura de los costos —incluyendo los impuestos y las tarifas de servicios públicos— y los precios que fundamentalmente estén determinados por el mercado y sean competitivos a nivel nacional e internacional.  En consecuencia, es falso que exista un conflicto entre la estabilidad financiera y el crecimiento económico; la realidad es todo lo contrario, ya que cuando no hay estabilidad monetaria no hay crecimiento económico.

Quinto, la mejor política social es la política económica que promueve el crecimiento económico que genera el empleo productivo, pues no existe mejor política social que crear las condiciones para que el individuo pueda incorporarse a la fuerza laboral y sentirse útil a la sociedad y digno ante su familia.

Sexto, sin embargo algunas veces la política de crecimiento económico y generación de empleo no es suficiente y debe ser acompañada de programas sociales que ayuden a combatir la pobreza más rápidamente.  Pero en estos casos se deben respetar tres principios fundamentales; primero, que los mismos no destruyan el deseo de trabajar, de ser productivos a la sociedad; segundo, que sean sanamente financiados, es decir, que no sean financiados inflacionariamente y, tercero, que sean focalizados, o sea, que realmente vayan a los sectores que deben ir.

Y séptimo, si existe la necesidad de establecer algún subsidio, también debe ser focalizado y fundamentalmente debe ser financiado con el presupuesto nacional de la república, evitando los llamados subsidios “cruzados”, donde para beneficiar a unos se sobrepenaliza a otros, creándose distorsiones en ciertos precios clave de la economía nacional que pueden afectar el crecimiento económico y, por lo tanto, la creación de empleo.  En estos casos es muy común escuchar que ya no hay espacio en el presupuesto para financiar el subsidio, pero si sabemos priorizar, siempre encontraremos la forma de hacerlo.

Por experiencia propia le digo que esto no es fácil y a veces no se logra por evitar “el costo político”, pero es necesario hacerlo cuando se quiere crecer de forma rápida y sostenida para crear más empleo y combatir la pobreza,  también de forma sostenida.

Por lo tanto, guarde este artículo publicado por El Nuevo Diario y llévelo con usted a su próxima reunión de carácter gremial.

Y no se olvide que hoy jueves, 21 de julio, en Hispamer, a las 6:30 p.m. estaremos presentando “Reflexiones para la Alta Dirección Empresarial”. Los espero. 

nramirezs50@hotmail.com  

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