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Pese a que hace miles de millones de años había agua en abundancia en el planeta, los primeros pobladores ya solían recolectarla, aprovechando la temporada lluviosa. Colocaban sus vasijas en medio de la selva y así aseguraban el riego de sus plantaciones durante el verano.

Mucho tiempo después, la lógica de esta práctica sigue siendo la misma, pero lo que sí ha cambiado son los materiales y la tecnología, y por supuesto, el hábito en sí.

Se le conoce como cosecha de agua a la práctica de captación de agua de lluvia por medio de la construcción de obras adecuadas para su almacenamiento.

A juicio del máster Luis Beltrán Moreno Delgado, subdirector del CIRA/UNAN-Managua (Centro para la Investigación en Recursos Acuáticos de Nicaragua), la gente ha olvidado esta tradición, que era ejercida por los primeros pobladores.

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Agregó que al vivir en una zona tropical donde por lo general llueve bastante, se cree que siempre habrá agua.

En Nicaragua tenemos escasez de agua, pero toda esa agua que se desperdicia en la lluvia la podríamos utilizar para regar el patio o la acera, porque irónicamente la gente en eso es en lo que más gasta, hasta hay quienes tratan de retirar una hojita de la acera con la manguera, toda esta gente bien podría estar cosechando agua”, comentó Moreno.

SIN COSTUMBRE

La cosecha de agua vinculada a las áreas urbanas es muy poca. Por ejemplo, en los barrios de Managua no se acostumbra a utilizar el agua pluvial para regar, lavar los lampazos o descargar el inodoro. En cambio, a nivel rural es mucho más frecuente, sobre todo porque es utilizada para el riego de las cosechas durante todo el año, refirió Gustavo Martínez, director de la Fundación Nicaragüense para el Desarrollo Sostenible (Fundenic).

Martínez estima que menos del 1% de la población urbana aprovecha esta práctica, que permitiría conservar el nivel de los depósitos naturales de agua y bajar el consumo del agua potable. Sin embargo, como la población no ve los resultados a corto plazo, prefiere no adoptar la recolección de agua como un hábito, expresó Delgado.

Tengo conocimiento que en el campo sí se hace. Mi tío, por ejemplo, tiene una finca en Masatepe y él es un tremendo cosechador de agua que la utiliza para riego, para eso ocupa cuatro tinajas grandes y recoge el agua del techo, ahorrándose miles de córdobas”, expresó Moreno, el subdirector del CIRA/UNAN-Managua.

TÉCNICAS

Moreno explicó que existen tres maneras de cosechar el agua. La primera consiste en utilizar el techo como captador de agua, que preferiblemente debe ser de materiales que permitan el escurrimiento de la misma, como el zinc. Al pie del techo se utiliza un canal que puede ser de metal, bambú o tubería de PVC, que conduce la corriente de agua hacia la estructura de almacenamiento.

La estructura de almacenamiento puede ser piletas, tanques, barriles, reservorios o tinajas. A esta se le debe construir una tapadera para garantizar la calidad del agua captada, permitiendo a su vez que a esta no se le produzca lama, que se origina cuando entran algunas algas que se adhieren a la superficie y empiezan a reproducirse a causa del sol.

La otra forma es haciendo uso de filtros, que reducen el paso de basura y partículas que contaminan el agua a almacenar. Estos filtros están compuestos por cuatro capas y pueden utilizarse tubos de PVC. La capa del fondo es hecha de carbón activado utilizando carbón vegetal, que se parte en pedazos pequeños y se pone a hervir a 100 grados centígrados, este se hierve por unos 15 minutos unas tres veces. La segunda capa está conformada por arenilla de mar, después la capa de arena y por último unas piedras más gruesas.

La técnica menos costosa es cuando se usa un plástico negro, enterrándolo a unos metros de la superficie como si fuera una piscina. Sin embargo, antes de construir un reservorio hay que hacer un análisis de suelo que permita retener el agua por mucho tiempo, por ejemplo, el reservorio no funciona en suelo arenoso o francoarenoso, solo en suelo arcilloso pesado, según se explica en el documento “Tecnologías para cosechar el agua”, del Instituto Nicaragüense de Tecnología Agropecuaria (INTA).

Moreno, por su parte, expuso que en una lluvia copiosa pueden caer hasta 40 metros cúbicos de agua, lo que asegura el líquido para lavar la ropa, el lampazo, el carro y regar hasta por lo menos un mes.

De acuerdo con un estudio publicado por el Instituto de Ciencia y Tecnología Ambiental de la Universidad de Barcelona, España, los hogares con sistemas de recuperación de agua pluvial ahorran más de cinco euros (unos 168 córdobas) por cada 10 ciclos de lavado. Esto se debe a que el agua de lluvia tiene unas características distintas al agua proveniente de otras fuentes.

Como el nivel de minerales del agua de lluvia es bajo, esto permite reducir la cantidad de detergentes y suavizantes utilizados, lo que justifica dicho ahorro, se explica en el estudio.

El agua de las piscinas

PROPUESTA • El subdirector del CIRA/UNAN-Managua, Luis Beltrán Moreno Delgado, dijo que una vez finalizada la temporada lluviosa puede hacerse uso de las aguas grises, es decir aquellas que son utilizadas en la lavadora, para lavar los trastes, lampazos o para descargar el inodoro. De esta manera, se reduce aún más el consumo de agua potable para labores que no lo ameritan.

“Incluso, una vez finalizado el uso de las piscinas, la gente puede hacer uso de esa agua, ¿pero qué es lo que comúnmente se hace? Dejar que esta se vaya por la calle, en vez de utilizarla para regar el patio y más en Semana Santa, que hace tanto calor, pero simplemente a muchos les da pereza”, cuestionó Moreno.

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