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Estuvo durante veintitrés días perdido en las aguas del Pacífico. Aquella odisea parecía interminable para Alberto Andrés Quintero Reyes, pero mientras la vivió jamás pensó en no regresar al mar. Todo lo contrario: juró que si sobrevivía, se encargaría de rescatar a los pescadores que pasaron por una situación como la de él. Y ha cumplido.

“Casi a todos los que se han perdido en los últimos años en Corinto los he ido a buscar.  Creo que esa fue la tarea que Dios me dejó, al salir con vida de una amarga experiencia, en la que casi pierdo la vida”, relató Quintero Reyes, de 48 años, al recordar la fatídica mañana de un día de octubre de 1994, cuando se perdió en el mar.

Desde entonces, la población del barrio de “pescadores” y especialmente quienes faenan en el mar, lo ven como su tabla de salvación, aunque ahora poseen aparatos para registrar la ubicación de la embarcación o teléfonos celulares para llamar si se presenta un desperfecto en el motor o si hay mal tiempo.

“Cuando el mar está agitado, la vientos son fuertes o hay mal clima, lo mejor es no salir, pero nosotros vivimos de esto. Hay que trabajar para dar de comer a nuestros hijos y sabemos que salimos, pero no sabemos si vamos a regresar”, reflexionó el hombre, quien tiene más de 30 años de lanzarse al mar en busca de pescados.

La experiencia en las aguas del Pacífico le dio confianza para ir al rescate de quienes se pierden durante tres o cinco días. “Yo voy a rescate de mis compañeros.  Cuando salgo, siento la fuerza que me empuja ir tras ellos porque sé lo duro de pasar noches y días bajo el cielo, con la esperanza de que alguien aparezca”, confió. 

En esa labor de búsqueda y rescate ha encontrado a cinco grupos en diferentes posiciones, lo que le deja una paz interior y la satisfacción que cumplió con la misión por la que asegura está en esta tierra.

Perdidos en el mar

Su historia es conmovedora. “Salí de Aserradores (El Viejo) a tiburonear a 25 kilómetros mar adentro. Caminaba dos motores. Uno de ellos me empezó a dar problemas.  Iba en una lancha bermuda, propiedad de un salvadoreño y mi equipo eran Rafael y ‘Chepe’ Pineda Reyes, mi tío y mi sobrino”, dijo.

Yo le prometí a Dios rescatar a cualquiera que se encuaentre en peligro dentro del mar. He ido tras ellos porque es triste estar allá adentro”. Alberto Quintero Reyes.

En ese momento, Quintero Reyes quiso devolverse con la carga, pero no pudo. “La corriente estaba muy fuerte, quisimos echar el ancla y no agarró, así que recorrimos una hora pero el motor se quebró, quisimos fondear pero la corriente era pesada y al día siguiente nos encontramos en medio del mar”, recordó.

Las horas transcurrieron. “Los barcos mercantes pasaban y no nos miraban, o no podían hacer algo por nosotros. Vi pasar ocho barcos y con ellos se iba un pedazo de nuestras fuerzas. Los primeros dos días aguantamos sed. Boté una pichinga de gasolina y una lluvia nos salvó, porque recogimos para agua para beber, pero de manera racionada”, narró.

“Arponeábamos tiburón, dorado o pescados y los poníamos al sol y eso comíamos. De la ropa hicimos velas para aprovechar el viento y si no nos tapábamos con ellas mismas. Era triste ver pasar las horas. El sol, el frío, el hambre y la lluvia”, relató.

La desesperación se apoderó de ellos a los 15 días, pero no podían hacer nada más que esperar.  A los 23 días vieron otro barco, un poco más cerca. Era un guardacostas de la DEA que les confundió con narcotraficantes y les rescataron a 290 millas cerca de Guatemala, entregándoles  a las autoridades de El Salvador.

“En El Salvador nos hidrataron, el guardacostas habló a El Salvador y ellos avisaron a Nicaragua. Yo le prometí a Dios rescatar a cualquiera que se encuentre en peligro dentro del mar. He ido tras ellos porque es triste estar allá adentro”, reveló el pescador.

La semana pasada tres pescadores estuvieron desaparecidos por más de un día luego que salieron a faenar en las costas de Poneloya, en León. En lo que va de 2016 han naufragado 121 personas en el Caribe  de Nicaragua, según datos de la Fuerza Naval, instancia que reporta nueve operaciones de búsqueda y salvamento en el presente año.  

Otro rescatado

Jerry Francisco Zepeda se perdió en el mar el 22 de marzo de este año. Salió en una lancha bermuda a pescar con sus compañeros Jorge Luis Torrentes, Jorge Luis Lindo Calero y Tomás Mayorga, “pero se averió el motor y el mar nos aventó a 42 millas náuticas del Puerto Sandino”, recordó. 

“Pasamos cinco días perdidos. Mi esperanza fue que Quintero se apareciera y me rescatara.Me fondeé y esperé, vi pasar dos barcos mercantes, pero sabemos que ellos no tienen permiso para rescatarnos, así que al verlos la esperanza se desvanece”, mencionó.

“Pasé hambre y sed.  La poca agua la racionamos y tuvimos miedo de los grandes vientos, de hundirnos y del mar que estaba bravo”, confesó mientras abrazaba a Quintero, quien llegó a rescatarlos.

Afortunadamente los pescadores salen al mar con GPS, lo que les permite determinar la posición en la que se encuentran al momento de un incidente. Portan radiocomunicadores y celulares, con los cuales pueden comunicarse con alguien e informar sobre cualquier acontecimiento.

Quintero Reyes y Zepeda son parte de una gran familia, la de los pescadores de Corinto, que tienen muchos ejemplos de solidaridad.

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