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Cuando en vida le preguntaron, ¿dónde quiere quedarse al final de su vida? “No voy a decir Nueva Segovia, porque aquí está mi corazón, creo que voy estar por este lado, sí”, había respondido fray Evaristo Bertrand. 

Ese fue el argumento de los miles de feligreses, desde que recibieron el féretro del querido religioso en Ocotal y que luego fue trasladado a Mozonte, ante las pretensiones de la Orden de Capuchinos y la Fraternidad Franciscana, de llevarlo a Managua.

El padre Aarón Tercero, párroco de la iglesia San Pedro y San Pablo de Mozonte, explicó a la multitud que es una norma de la congregación a la que pertenecía ser enterrado junto a otros religiosos de su generación. Al finalizar la misa de cuerpo presente, oficiada por monseñor Pablo Smith, vicario de la Conferencia Episcopal y más de una docena de sacerdotes, los miles de feligreses no desalojaron el templo y comenzaron a agolparse en las puertas y en largas filas circulaban alrededor del féretro para dar el último adiós.

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