Raúl Obregón
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Las relaciones interpersonales son indispensables para el desarrollo de las personas, mediante ellas, establecemos intercambios de afecto, necesidades y perspectivas que pueden representar factores de protección. Sin embargo,  cuando no son sanas, se convierten en factores de riesgos.

Las relaciones sanas son factor de protección en la medida que contribuyen a elevar la calidad de vida de las personas que las practican, ya que están basadas en el respeto, en propiciar el bienestar psicológico y físico, potenciando la autoestima de las(os) actoras (es) de este tipo de relaciones. 

Pareciera que en las relaciones interpersonales y de grupos prevalecen aquellas que pueden ser categorizadas como factores de riesgo, que se caracterizan por ser tóxicas e inducir a la infelicidad de las personas que son víctimas de ellas. La coerción o chantaje emocional es uno de los tipos que se ubica entre los de mayor prevalencia.

Puede que muchos en una u otra circunstancia, hemos estado expuesto a coerción o chantaje en nuestras relaciones personales o de grupo. ¿Cómo saberlo? Si alguna vez hemos tenido que ceder o hacer algo contra nuestra voluntad, para no ser discriminados, o para mantener una relación, entonces si se ha sido víctima.

Los entendidos afirman que la coerción emocional es practicada con mayor frecuencia por personas del entorno inmediato de la víctima. Estas personas por lo general han estudiado y conocen los puntos vulnerables de su víctima para lograr sus propósitos.

Son hábiles en hacer sentir culpables a sus víctimas y por tanto ser merecedoras(es) de represión o castigos psíquicos o físicos. Una de su frase más usada es “si no haces lo que te digo… entonces…” 

Es muy común escuchar a personas que han  sido maltratadas(os) decir “es que yo lo o la provoqué, la culpa es mía”. El miedo a ser discriminadas(os), o abandonadas(os), o maltratadas (as) nuevamente, les induce a asumir culpas que no tienen y a exonerar a quién ejerce la acción coercitiva.

Estas personas abusan de aquellos(as) que no son capaces de establecer límites en la relación y por lo tanto son temerosos(as) de poner un alto a la falta de respeto, de decir no a sus exigencias.

Amiga, amigo, si usted está viviendo en una relación en donde es una práctica achacarle culpas, le tratan con sorna, en la cual ha sido despojado(a) de la capacidad de discernir y decidir, en donde se esmera por soportar todo con tal de no “crear” conflictos, entonces con ese sometimiento usted está desperdiciando su mayor tesoro, su vida. 

Es imperativo poner un ¡hasta aquí! buscar ayuda profesional para recuperar niveles adecuados de autoestima; disponerse a poner mojones en la relación, para que la persona abusadora sepa que está dispuesta(o) a mantener la relación pero en condiciones de respeto e igualdad. 

Amiga, amigo, para salir airoso(a) de esta situación, invite a Jesús a su vida, para que le de fortaleza y sabiduría, dígale: Jesús, abro las puertas de mi corazón y lo acepto como mi Señor y Salvador; deme amor y dominio propio, para respetar y hacerme respetar, para no temer ni asumir culpas que no me corresponden, y disfrutar de una vida en paz, armonía y felicidad. 
Queremos saber de usted., Les invitamos a escribirnos al correo electrónico crecetdm@gmail.com

 

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