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El Volcán Masaya ha acaparado la atención del mundo. El lago de lava en el cráter Santiago, producto de la actividad del coloso atrajo a turistas locales, extranjeros y expertos de todo el mundo, incluida una expedición de la cadena internacional National Geographic que incluye la participación del exastronauta de la NASA, Scott Parazynski.

Sin embargo, la majestuosidad del Volcán Masaya ha sido objeto de estudio durante siglos. El periodista y catedrático Orlando Blanco Galo, destaca que en el libro Historia Eclesiástica de Nicaragua, escrito por  Edgar Zúñiga se hacen varias alusiones al coloso. 

Por ejemplo, “al finalizar el año 1537 tuvo lugar el descendimiento hecho por Fray Blas del Castillo, de la orden de Santo Domingo, narrado en detalle por el cronista Gonzalo Fernández de Oviedo, al fondo del Volcán Masaya. Asimismo el Fray Toribio de Benavente, llamado el Padre Motolinia, se interesó por el volcán”, señala.

La historia de la cruz

El 10 de abril de 1538 dio inicio la expedición para descender al volcán y comprobar la teoría de los conquistadores españoles de si el interior albergaba grandes cantidades de oro o no, como creían entonces. 

“El 12 y sábado 13 colocaron todos los instrumentos para el descenso, vigas, poleas, cuerdas, un gran canasto, etc., y ese mismo sábado, víspera de Domingo de Ramos, después de decir misa de Nuestra Señora y rezar todo el oficio divino corrido, Fray Blas bajó hasta el fondo, donde besó la tierra y dio gracias a Dios por el éxito de su descenso y fue a poner la cruz que llevaba, en mano, en una peña que se encontraba por ahí. Después de haber intentado acercarse al fogón fue levantado por sus compañeros. Fray Blas no pudo saber qué era lo que ardía en ese fogón”, relata.

Según información tomada del libro de Zúñiga, la expedición fue infructuosa, por lo que días después siete personas intentaron sacar una muestra de lo que ardía en la caldera.  Después de varios intentos perdieron el mortero de hierro, logrando sacar incandescente la cadena que los sostenía. Ante este fracaso, el gobernador prohibió más descensos en el Volcán Masaya a causa de los peligros que esto significaba.

La boca del infierno

Durante el siglo XVI, el Volcán Masaya fue considerado por los españoles como la boca del infierno, ya que según el cronista Gonzalo Fernández de Oviedo, los indígenas consultaban a una bruja dentro del volcán, quien pedía sacrificios humanos y los caciques de las tribus ofrecían a los indios más jóvenes y bellos.  Por lo que se supuso que ella era el mismo diablo. Debido a esto, contaba Oviedo en sus crónicas, los sacerdotes de entonces daban de penitencia ir a ver el volcán para contemplar una verdadera imagen del infierno.

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