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Era Semana Santa, 1931, cuando Managua fue sacudida por un terremoto que, 85 años después, aún es de referencia si se habla de la sismicidad que amenaza a la capital de Nicaragua. En “Cinco estrellas”, el libro que esta semana presenta Francisco Mayorga, está la historia de esa tragedia y también la de uno de los personajes que llegó a tener mucho poder en el país: el fundador de la dinastía Somoza.

Un viraje importante en el devenir político de Nicaragua inicia en esos días santos, cuenta Mayorga.

Empezó a escribir sobre el terremoto de 1931 y terminó contando la historia de Anastasio Somoza García. ¿Por qué ese salto?

Cuando comencé a estudiar aquel episodio histórico, descubrí algunos detalles poco conocidos. Por ejemplo, que Somoza García era el único miembro del gabinete que se encontraba en Managua y que el presidente (José María) Moncada estaba temperando en el Palacete de Venecia, a orillas de la laguna de Masaya. También comprobé que gran parte de la Casa Presidencial recién inaugurada se precipitó en la laguna de Tiscapa. Eso fue aprovechado por Tacho para instalar el despacho presidencial en su mansión. Entonces hurgué un poco más y encontré un buen filón para una novela histórica.

La portada del libro.¿Qué aspectos desconocidos de Somoza García podemos hallar en este libro?

Los estudiosos de la historia seguramente conocen mucho. Tal vez lo más novedoso es que Tacho aprovechó la catástrofe para jugar un papel importante en la emergencia y a partir de eso asegurar su nombramiento como primer jefe director nicaragüense de la GN (Guardia Nacional).

¿Cómo cambia la historia de Nicaragua, producto de ese ascenso del primer Somoza?

La novela relata los entretelones de la amistad de Tacho con Henry Stimson, quien se convirtió en su mentor y padrino político. Stimson era ya el poderoso secretario de estado en el momento del terremoto de 1931. El viraje de la historia a partir del asalto al poder de Tacho ha sido muy estudiado. La novela está enfocada en lo que pasó en la Semana Santa. No me extiendo más allá. Eso vendrá en otra novela que saldrá a luz el próximo año.

¿Dónde estaba usted cuando mataron a Somoza García? ¿Tiene algún recuerdo de ese suceso en su natal León?

Yo tenía siete años y recuerdo vívidamente el episodio. Además, a partir del año siguiente tuve como maestra a Amparito, quien había sido novia de Rigoberto López Pérez. Tengo mucho que contar. Pero esta novela no aborda eso.

Lo veo a usted muy interesado en la historia. Primero una novela sobre Darío y el primer proyecto de canal interoceánico hace más de un siglo, después las memorias del primer mestizo de Nicaragua y ahora aborda el ascenso de Somoza. ¿Qué ha pretendido?

Me he enfocado en la novela histórica porque puede ser un medio para que las nuevas generaciones conozcan nuestro pasado y reflexionen sobre nuestras raíces y nuestro destino. Pero, claro, se trata de novelas. Allí no todo es historia. Uso la ficción y las metáforas, es decir, la literatura, para ofrecer unas hipótesis, mis propias reflexiones sobre nuestro devenir y nuestro destino.

Por mucho tiempo solo se le conoció a usted como un economista dedicado más a la docencia en Incae y, en un momento clave, en el Banco Central. ¿Por qué se ha entregado a la literatura?

Comencé a escribir literatura cuando por las vicisitudes de la política me metieron por dos años y medio en la cárcel. Allí escribí mis primeras dos novelas y desde entonces esa ha sido más que mi afición, mi gran pasión.

¿Qué más le inquieta de la historia nicaragüense, que quisiera novelar?

Tengo ya casi terminada otra nueva novela, Memorias de Anastasio, que publicaré el año próximo, y estoy preparando otra sobre los años setentas. Después me dedicaré a explorar temas más bien ajenos a la historia.

¿Qué temas, por ejemplo?

En “Cinco estrellas” he explorado algunas pasiones humanas fundamentales: la ambición, la codicia, el erotismo y el poder. Para el futuro he identificado algunos personajes de otros lugares, otras épocas, otras situaciones. Deseo explorar más a fondo algunos misterios de las almas de esos personajes: el odio y el amor, la envidia y la caridad, la venganza y el perdón.

¿Cómo concilia sus labores en el BID, en Washington, con la dedicación al arte literario?

Como siempre he dormido poco, cinco o seis horas solamente, dedico mis horas de solaz a mi familia y a la literatura. Por lo demás, estoy satisfecho de mi modesta contribución al país con mi labor en el BID.

¿En qué tareas se ha realizado más?

Mi mayor realización profesional siempre ha estado en servir al país, como economista, como banquero, como docente y como servidor público. Pero mis mayores satisfacciones han provenido de la literatura. Cuando escribo puedo desplegar mi creatividad y dejar volar mi imaginación. Eso lo descubrí cuando estuve en prisión, porque supe que escribiendo, mi espíritu es completamente libre.

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