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Esta semana Carmenza Betanco Quiñónez, de 61 años, aplazó las labores domésticas porque tenía mucho trabajo en la planta de procesamiento de carne ubicada en la comunidad Los Limones, en Somotillo. “Tengo que clasificar los cortes, separar las costillas, el lomo, la posta y escoger la carne que se utilizará para hacer el frito, el chorizo parrillero, el antioqueño, la charrasca y el nacatamal”, detalla. 

Ella es originaria de la comunidad Augusto C. Sandino, también ubicada en Somotillo, y forma parte de un grupo compuesto por 20 mujeres que esta semana inauguró una planta de procesamiento de cerdo que denominaron “La bendición”. 

De acuerdo con Gloria Cardenal,  directora ejecutiva del Cipres, organización que les dio asesoría técnica, las mujeres han sido capacitadas en diversos aspectos, entre ellos género y derechos humanos, con el propósito de que venzan la timidez al comercializar los productos y se independicen. 

Ante los efectos del cambio climático en esta zona, que es parte del corredor seco de Chinandega, las mujeres han optado por nuevas formas de subsistencia con ayuda y financiamiento de diversos organismos y con la colaboración de las municipalidades. 

“Venderemos el  producto en el asentamiento Los Limones y en las comarcas cercanas”, donde habitan unas 4,000 personas, quienes ya no tendrán que viajar a comprar carne de cerdo a Somotillo, que dista a ocho kilómetros, puntualiza Carmenza Betanco Quiñóñez, quien confiesa que no tenía experiencia en este negocio. 

REINVENCIÓN

En 2005, un grupo de mujeres del municipio de Villanueva se organizó en una cooperativa para dedicarse a la siembra de maíz, sorgo y frijoles. La sequía las obligó a reinventarse y debido a eso ahora se dedican a la crianza y el destace de pollos, cuenta Amparo Reyes, originaria de la comunidad Los Genízaros. 

“Cada quince días destazamos 100 pollos. Este es un animal que nosotras hacemos crecer en un plazo de 45 días, lo vendemos entero y su costo promedio es de 140 córdobas”, precisó la productora, quien lamenta que en la zona no exista servicio de energía eléctrica, lo que les impide vender el pollo por libra.

Reyes subraya que la independencia económica es positiva. “Nosotras pensamos en qué vamos a invertir esos 300 córdobas semanales que nos ganamos, si lo reinvertimos o los gastamos en nuestras necesidades. No estamos esperando que nos lleguen a dar la provisión, sino que tenemos otros planes”, indicó. 

En la comarca El Nancital 2, ubicada en el municipio de San Francisco, la Cooperativa de Mujeres Emprendedoras de San Francisco del Norte recientemente inauguró una planta de producción de huevos de gallina de raza mejorada. 

“Dejé la siembra de ayotes y ahora tengo esperanzas en esta granja de huevos”, expresó Rosalía Andrade, quien tiene cuatro hijos y sufre por la escasez de alimentos. 

Gloria Cardenal detalló que dentro del Programa de Seguridad Alimentaria y Adaptación al Cambio Climático, que se ejecuta en Somotillo, Villanueva, San Juan de Cinco Pinos y San Francisco, y que ejecuta el Cipres y Adenoch, con financiamiento de Oxfam y Heifer, se han entregado bienes a las mujeres, entre ellos cerdos, semillas de granos básicos, plantas de reforestación y silos, “que son importante para la seguridad alimentaria”.

Según Cardenal les enseñaron el denominado pase de cadena, que consiste en que una mujer recibe un cerdo o semillas y luego esto se lo pasa a otra mujer.  

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