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A Margarita Saballos, de 17 años, no le gustaba ir a clases en el colegio bilingüe de Managua donde cursó la primaria. Aunque siempre se sentaba en la primera fila del salón de clases, se distraía dibujando. No tenía amigos y sus compañeros solían burlarse de ella. Le decían que era fea y gorda. 

Calificaban sus dientes como asquerosos porque usaba frenillos. El acoso duró toda la primaria, si bajaba de peso le decían flaca y si subía insistían en que era gorda. 

“Buscaba cómo verme mejor, a veces dejaba de comer y me ponía a llorar al verme en el espejo”, recuerda.

El suceso que más la marcó ocurrió cuando entre seis y siete años, no puede precisarlo ahora. Se dirigió al baño a hacer sus necesidades y estando ahí sus compañeros abrieron la puerta y comenzaron a burlarse de ella.

Isabel Cruz, la madre de Margarita, aún se siente culpable por lo que sufrió su hija. Recuerda que le aconsejaba no prestar atención a las burlas. 

Los maestros estaban enterados, pero se hacían de la vista gorda aduciendo que no notaban nada raro y la directora de ese entonces dijo que se iba a hacer cargo, pero no fue así. “La niña siempre llegaba llorando a casa”, relata Isabel.

“Cometimos un gran error que me va a doler por el resto de mi vida. Debimos retirarla del colegio, pero pensando en que recibiría la mejor educación, creí que el problema se resolvería y no pasaría a más”, lamenta.

Margarita Saballos visitó el psicólogo hasta el noveno grado y padece de ansiedad social. Le cuesta relacionarse con las demás personas. Este es su último año de secundaria, está superando el miedo a hablar en público y planea estudiar administración de empresas.

Dos tipos de acoso escolar

La psicóloga y asesora de género de Plan Internacional, Johana Chévez, señala que la manifestación de bullying en las niñas es más psicológico, pero en el caso de los niños incurren en la violencia física.

Tal es el caso de Miguel Carranza, que desde los 10 años fue agredido por no comportarse como los demás niños.

El bullying tiene grandes repercusiones en la vida de los niños que debe ser detenido”. Johana Chévez, Plan Internacional 

“Me lanzaban papeles, botellas y galletazos. Me decían que no servía para nada, que era feo, que era indefenso, aburrido, un extraño, ¿para qué van a acercarse a él?, preguntaban”.

Lo apodaron pollito y eso lo irritaba. Agrega que ocho de sus compañeros se reunían antes de las clases para planear cómo iban a molestarlo en clases.

Aunque su madre sospechaba lo que ocurría, él nunca se lo expresó. Se avergonzaba por no poder defenderse.

“Mi solución fue divina, al vivir un retiro con un grupo católico llamado Jóvenes para la Familia y la Vida, mientras estaba en el último año de secundaria. Ahí comprendí quién soy y que Dios me ama. En esos instantes pensaba lo contrario”, expresa.

Carranza está en el último año de ingeniería en sistemas y no recibió atención psicológica como el caso de Margarita.

Tema pendiente

La coordinadora nacional de Promoción Social de Fe y Alegría, Jealtha Márquez señala que ahora las personas tienen más conciencia sobre los efectos del bullying, pero son situaciones que toda la vida se ha presentado.

Márquez recomienda estudiar más a fondo los posibles casos de acoso escolar. En ese sentido hay que incluir a tres actores: a la víctima, al victimario y al espectador. 

Johana Chévez, de Plan Internacional, sugiere a los padres poner mucha atención en el comportamiento de los niños: si no quiere ir a la escuela, si llora, dice mentiras, tiene bajas calificaciones a pesar que estudia, si manifiesta cosas negativas de la escuela, si se orinan en la cama, entre otras.

“Hay que sentarse a hablar con ellos para entender qué le está ocurriendo, no venir y pegarle porque se piensa que está siendo desobediente”, dijo.

La experta agrega que la expulsión del centro escolar del victimario no es la solución porque se le está excluyendo y se le está quitando el derecho a la educación. A la víctima no hay que sobreprotegerla porque no se le facilita el desarrollo de habilidades para socializar. La alianza entre padres y maestros es fundamental en estos casos, finaliza.

Desde el año pasado el Gobierno a través del Ministerio de Educación (Mined) ha desarrollado talleres para sensibilizar sobre esta problemática. En lo que va del año se han desarrollado dos congresos departamentales y se habilitó la línea 133 para brindar información, detección y orientación a la población.

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