Raúl Obregón
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Se dice que la niñez, pre adolescencia, y adolescencia son etapas en las que con mayor intensidad es marcada la personalidad. Vivencias experimentadas en estos  períodos condicionan patrones de comportamiento en la edad adulta de las personas.

En mí adolescencia me prometí que cuando tuviera mis hijos(as), haría todo lo necesario para que no enfrentaran ni las dificultades ni los peligros que a mí me tocó vivir, quizá debido a esa promesa por un tiempo fui un padre sobreprotector.

La sobreprotección  es una actitud y una conducta de excesiva protección a los(as) hijos(as), bajo el supuesto de evitarles tropiezos, negándoles el derecho que todo ser humano tiene de aprender de sus equivocaciones.

La sobreprotección desde todo punto de vista, obstaculiza el desarrollo e independencia de los(as) hijos(as), y atenta contra su autoestima.  En el transcurso del tiempo he aprendido que los padres tenemos que permitir, que nuestros hijos tropiecen y hasta caigan de vez en cuando, para que fortalezcan su capacidad de enfrentar dificultades, solucionarlas y seguir adelante.

Por ejemplo, cuando los(as) niños(as) hacen sus primeros “solitos” (intentar ponerse de pie sin ayuda) o cuando dan sus primeros pasos, lo normal es que tropiecen y/o  caigan, ellos(as) en tanto no conocen el miedo, se levantan y vuelven a intentarlo, este proceso lo repiten tantas veces como sea necesario, hasta que logran ponerse de pie y/o caminar.

Sin embargo, los padres sobreprotectores, cuando los niños(as) están en este proceso de aprendizaje, constantemente transmiten mensajes del tipo “cuidado,  te vas a golpear, etc.. ”, es decir, inculcan miedos en vez de estimularles a que continúen adelante. Si de padres sobreprotectores dependiera, los(as) niños(as) nunca aprenderían a caminar.

Desde su tierna edad, los(as) hijos(as) de padres sobreprotectores, son enseñados a practicar una prudencia excesiva, y cuando llegan a adultos(as) por temores y prejuicios no logran disfrutar plenamente de su vida. Más aún, si los padres continúan practicando la sobreprotección con independencia de la edad de sus hijos(as), pueden estar propiciando comportamientos infantiles en personas adultas.

Infantilizar hijos(as) adultos(as) puede acarrear entre otros riesgos los siguientes: tener que solucionar problemas por ellos(as), impidiéndoles adquirir habilidades que son necesarias para establecer relaciones interpersonales maduras tanto en su vida sentimental como laboral; depender de la aprobación de los padres para seleccionar a la pareja con quien quisieran compartir su vida; caer fácilmente en relaciones donde predomine la dependencia emocional, ya que necesitan que alguien les guíe y les apoye.

Ante las dificultades, se sienten incapaces de enfrentarlas y, a la vez, son dominados(as) por el miedo a equivocarse, por lo que, para no fallar, muchas veces ni siquiera intentan buscar soluciones, recurriendo a los padres u otras personas adultas para que ellos lo hagan.

Padres sobreprotectores e hijos(as) infantilizados(as) deben disponerse a hacer cambio y fuera.

Si Ud. Es sobreprotegido(a) siendo adulto(a), hágase responsable de su vida, con amor y respeto establezca límites para poder crecer como persona y mejorar su calidad de vida.

Si Ud. Es sobreprotector apoye a su hijo(a) a ser una persona independiente y feliz. Hágale el mejor regalo de su vida.. Déjele vivir, no continúe sobreprotegiéndole, recuerde que Ud. No estará siempre en esta tierra para protegerle.

Queremos saber de Usted., Le invitamos a escribirnos al correo electrónico crecetdm@gmail.com.

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