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Los sacerdotes Mariano Dubón y Remigio Salazar, recientemente declarados siervos de Dios, precisan que se les atribuyan dos milagros para ser declarados santos, pero ¿quiénes son estos hombres que se encuentran en el primer paso para llegar a los altares?

El hermano Benito Agustín Díaz, teólogo y miembro de La Salle en León, afirmó que los padres “vivieron de manera intensa en una entrega a Dios y al prójimo”.

Sobre Dubón, oriundo de León, dijo que se entregó a los pobres: “Su ejemplo fue evidente desde el Hospicio de Huérfanos San Juan de Dios, en donde brindaba bienestar a muchos niños”.

Según el hermano Díaz, cuando un cristiano con fama de santidad muere, la iglesia lo puede proponer como modelo de santidad.

“Se inicia un proceso de recoger datos, documentación, testimonios, historia de su vida y obra, así como la heroicidad de virtudes cristianas y la prueba de intercesión ante Dios, que es la prueba de los milagros divinos”, explicó Díaz.

“Si no se documentan muy bien los milagros que prueben la influencia e intercesión ante el poder de Dios, atribuyéndole la fe milagrosa, habrá problemas. Tiene que haber en el pueblo nicaragüense una devoción extraordinaria para que sean santos”, señaló el hermano Díaz.

El padre Johnny José Guerrero, rector del Santuario de Nuestra Señora de los Remedios en Quezalguaque, reconoció la bondad de los padres Dubón y Salazar.

Es hermoso saber que en estos tiempos de poca fe en mucha gente y de mucho materialismo, comprendamos que la santidad es posible en todos los ámbitos de la sociedad”, dijo.

Según el padre Guerrero en El Viejo, Chinandega, el padre Salazar goza de mucha estima y consideración, “es muy venerado por muchas personas que le conocieron o que escucharon sobre su vida y obra en el trayecto que le tocó en este mundo”.

“Su obra fue entregarse pastoralmente al servicio de sus hijos espirituales, de los viejanos, que siempre lo honran y se someten a su intercesión”, contó.

Milagros que deben estudiarse

De acuerdo con Carlos Manuel Enríquez Dipp, miembro de la hermandad Franciscana de León, la historia del padre Dubón es extraordinaria.

“Fue un varón que irradiaba rasgos de santidad. En su diario personal, escrito de su puño y letra explica que cuando oraba, la imagen del Cristo crucificado se iluminaba, cuando estos fenómenos sobrenaturales suceden es cuando hay una relación muy íntima entre Dios y el sacerdote”, dijo.

Enríquez Dipp sostuvo que tanto el diario personal del padre Dubón como el Cristo de madera aún existen.

Dubón nació en León el 12 de mayo de 1863. En el libro Historia Eclesiástica de Nicaragua de Edgar Zúñiga se cuenta parte de su vida.

A los doce años ingresó al Colegio de San Ignacio de los Jesuitas en Matagalpa, donde fue admitido en la Compañía de Jesús. Expulsados los padre jesuitas en 1881, Dubón partió a Quito, Ecuador, para continuar su carrera. Terminados sus estudios en la Universidad Gregoriana, siendo alumno del colegio Pío Latinoamericano, fue recibido por el obispo Francisco Ulloa y Larios, quien lo ordenó.

Era especialista en liturgia y con muchísima capacidad era el encargado de hacer, año con año, el “Ordo Eclesiásticus” de la entonces Diócesis de Nicaragua. Era el ceremoniero de la Catedral de León y por breve tiempo fue vicario general.

Se describe al padre Mariano Dubón como “una de las personalidades más descollantes de la Iglesia nicaragüense moderna”. En 1899 fundó un asilo de huérfanos en el antiguo edificio del hospital San Juan de Dios.

En el libro de Zúñiga se cuenta que el asilo se mantenía de la caridad pública y de las oraciones del padre Mariano Dubón, quien siempre estuvo alejado de autoridades y dignidades eclesiásticas. Su camino fue el del servicio a los más pobres, la vivencia de la pobreza más absoluta y la negación de sí mismo.

Ya en vida, se le atribuyeron varios milagros. Se cuenta que impidió el asesinato de una mujer por su marido borracho porque en un sueño tuvo la visión del pecado que estaba por cometerse”, relata Zúñiga en Historia Eclesiástica de Nicaragua.

Según el libro, “se levantó y se dirigió al lugar que había visto, llegando a tiempo para impedir el crimen y lograr la conversión del malhechor”.

El 17 de enero de 1934 murió de cáncer y tuvo el entierro más concurrido después del de Rubén Darío, asegura Zúñiga en su libro.

Remigio Salazar tenía fama de santo. Nació en 1857 en El Viejo y se ordenó como sacerdote cuando tenía 20 años. En el centenario de su nacimiento, 1957, se fundó la primera asociación cultural en El Viejo.

Pasos para llegar al altar

Para que una persona sea declarada santa debe cumplir con el proceso de canonización que consta de cuatro pasos explicados en el sitio web oficial de la prensa vaticana.  

El primer paso consiste en la declaración de Siervo de Dios: El obispo y postulador de la causa pide iniciar el proceso de canonización y presentan a la Santa Sede un informe sobre la vida y las virtudes de la persona, luego el Vaticano a través de la Congregación para las Causas de los Santos, examina el informe y dicta el decreto diciendo que nada impide iniciar la causa.

Ahora deben ser declarados venerables: primero se ahonda sobre la vida y las virtudes del Siervo de Dios, después se abarca la parte de los escritos, ahí una comisión de censores analiza la veracidad de los escritos del Siervo de Dios.

Todo es analizado por una comisión de teólogos consultores y una sesión de cardenales y obispos. En esta parte del proceso al final interviene el Papa, quien dicta el Decreto de Heroicidad de Virtudes, en el que el Siervo de Dios, pasa a ser considerado Venerable.

El tercer paso es la declaración de beato: en esta parte se muestra al nuevo venerable ante la feligresía como un modelo e intercesor para recibir favores. El último paso es que el beato sea declarado santo.

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