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Sebastián Segovia nació en 1990, es acróbata y le ha tocado salir al show con dolor de muela. Ocurrió una vez. Aunque se inyectó un analgésico, sentía el malestar.  Llegó al país junto con sus compañeros del Circo Hermanos Segovia a inicios de junio y forma parte de la cuarta generación de un grupo de circenses.

“Es un compromiso, me apasiona tanto que no acepto no salir al show. Simplemente estos son gajes del oficio”, asegura Sebastián, quien nació en Guatemala.

Llegaron provenientes de El Salvador, pero antes estuvieron en Guatemala, Belice y Honduras. Son aproximadamente 60 personas —entre adultos y niños— los que, de forma nómada, viajan para brindar diversión.

Un hombre de aproximadamente 50 años, de piel clara y pelo largo, lee sentado en una hamaca que cuelga en la parte trasera de un furgón. Cuatro camiones lo dividen de una mujer —de remarcado acento mexicano—, que baña a sus dos hijos echándoles agua de una tina que poco a poco se queda vacía.

Parte de la rutina: leer.Son las 11 de la mañana. En Managua está haciendo un calor que supera los 35 grados centígrados. De un momento a otro aparece Sebastián Segovia, de ojos color café y quien tiene una barba crecida que revela que no se ha afeitado en los últimos días.

El cuerpo de él denota las exigencias en los entrenamientos al ser parte del elenco del circo, que se asentó durante meses en un costado de la Catedral Metropolitana.

“A diferencia de otros circos, aquí no usamos animales”, interrumpe Leonel Miquel, un hombre de 46 años, encargado de entrenar a los más pequeños en el arte circense.

Miquel es originario de Chile, pero al igual que él hay otros que han abandonado sus países para trabajar en esta profesión. Colombia, México, Guatemala, Chile, Honduras, El Salvador, Costa Rica y Panamá algunos de los países de los que proceden parte de los miembros de este circo.

Las carpas de color rosado chicha y azul que cubren al Circo Hermanos Segovia, esconden las historias de bailarines, acróbatas, trapecistas, malabaristas y payasos. Cuando se le pregunta a Sebastián a qué edad llegó al circo, su respuesta es corta y rápida: “Nací en el circo”.

“Yo nací aquí. Mis padres, abuelos y bisabuelos también nacieron en un circo. Son cuatro generaciones de circenses las que ya llevamos. Incluso los que están aprendiendo a actuar nacieron aquí”, dice el joven, quien es acróbata y cómico musical.

El miedo de los nómadas

“Las personas no lo saben pero siempre existe el nerviosismo”, confiesa Sebastián mientras camina bordeando el circo para llegar hasta el lugar donde están entrenando los más pequeños.

Ahí, dos niños y una niña caminan sobre una cuerda a 80 centímetros del suelo, mientras son observados por su entrenador Leonel Miquel, quien tiene dos cosas en común con Sebastián Segovia: el haber abandonado su país de origen y pertenecer a una vieja generación de circenses.

En mi vida en los circos he hecho de todo, pero ahora solo soy trapecista y entrenador”, dice Leonel Miquel, quien a su vez agrega que vive en una de las ocho casas rodantes que viajan con el Circo Hermanos Segovia y que lo acompañan su esposa y sus cuatro hijas.

“Esta es una ciudad movible, somos distintas familias pero estamos bastante unidos. Aquí no hay pleitos ni indiferencias, estamos para protegernos”, comenta Miquel mientras sostiene la mirada en los pequeños aprendices.

Uno de los espectáculos del circo.

Leonel Miquel asegura que el pago que a un circense le gusta recibir son las sonrisas y aplausos del público. “En este circo van a ver siempre una diversión sana. Yo pongo todo mi esfuerzo en enseñar para que el público quede agradecido. Ver que los asistentes se olviden de sus problemas es nuestro pago final”, dice.  

Los que conviven en el circo aseguran que entre sus temores esta la inseguridad de muchos países a donde llegan. Pero,  dicen, hay una que es mucho más impredecible: la fuerza de la naturaleza.

“Hay veces la lluvia está a punto de botar la carpa por alguna tormenta muy fuerte. Cuando sucede eso absolutamente todos salimos, incluyendo las mujeres para apretar las fajas que sostienen al circo porque esta es nuestra casa y nadie quiere verla caer”, confiesa Sebastián Segovia.  

“Gracias a Dios en ningún país se nos ha caído la carpa”, dijo Sebastián sin saber que 20 días después — la tarde del pasado 22 de julio— antes de partir rumbo a Panamá, el circo cayó en Managua debido a fuertes ráfagas de viento.

“Tenemos que levantarnos, esta es nuestra casa, nuestra cultura y tradición. Este circo es el todo para nosotros. Además aquí tenemos un lema: el show debe continuar”, dice Leonel Miquel, nacido en 1970 en una pequeña comunidad al sur de Chile.

¿Sin animales?

Al preguntarles el por qué no utilizan animales en sus presentaciones, ambos coinciden en que no están ni a favor ni en contra. “No necesitamos animales porque tenemos mucho talento artístico humano. Sabemos que si el circo no va presentar animales tiene que presentar muy buenos artistas”, señaló Leonel Miquel.

Varios personajes en el Circo Segovia.El día de estas personas inicia a las 7:00 de la mañana. Sebastián Segovia dice que lo primero que hacen es desayunar, ya que necesitan de muchas energías para el entrenamiento que iniciará una hora más tarde.

Al igual que la presentación del show ante el público, los entrenamientos duran dos horas. Después viene un descanso de una hora para limpiar el circo antes del almuerzo. Por la tarde tienen un tiempo libre, el cual ocupan para conocer un poco la ciudad en donde se encuentran.

Al contrario de Leonel Miquel, Sebastián Segovia no tiene novia, dice que ahorita su prioridad son sus entrenamientos para mejorar. “Más adelante quizás quede tiempo para establecer una familia”, dice.

La mamá de Sebastián tiene 60 años y es malabarista con los pies en el circo, pero su padre no está trabajando debido a su edad. “Aunque antes fue uno de los mejores trapecistas y acróbatas en toda Latinoamérica. También fue motociclista suicida”, comenta el joven.

“Aquí en Nicaragua nos hemos sentido bien, pues el público nos ha apoyado bastante”, dice Sebastián Segovia, ya vestido con su traje de acróbata, sacude sus manos y sus ojos se ven brillosos antes de salir a escena.

Son las 7:00 de la noche, el show esta que empieza. Los adultos se emocionan y aplauden, mientras los niños abren más sus ojos para ver qué es lo que va salir cuando baje el telón.  Es Sebastián y va iniciar el acto. Junto a él se encuentra un enano, quien será el presentador de hoy.

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