•   Somotillo  |
  •  |
  •  |
  • Edición Impresa

Abejas por pandilla, miel en lugar de drogas. Aarón Antonio Vásquez Blandón, de 19 años, cambió su vida. El joven oriundo de la comarca Santa Isabel, municipio de Somoto, decidió hace un año abandonar los “grupos juveniles”, transgresores de la ley, y también la adicción a las drogas.

El giro en su vida empezó con la apicultura, un taller que cursó junto a otros 5 jóvenes de la comarca. El proyecto se llama “Jóvenes Constructores”, que impulsa el Instituto de Promoción Humana Inprhu de Somoto, con auspicio de Catholic Relief Service y el Departamento de Agricultura de Estados Unidos. El título, avalado por el Instituto Nacional Tecnológico, lo recibió  recientemente junto con más de un centenar de adolescentes y jóvenes.Aarón Vásquez Blandón

Los muchachos cuentan con 12 colmenas que produjeron los primeros ingresos, ahora el plan es crecer a 26.

“También quiero crear una empresa avícola, sea para carne de pollo o de producción de huevos, porque veo la demanda en mi comunidad”, expresó Vásquez, quien resultó ser todo un emprendedor.

Por la charla de unos técnicos que hablaron de la oportunidad de estudiar unos cursos que ofrecía el Inprhu-Somoto, se motivó a inscribirse. “Por joder acepté al inicio, pero poco a poco fui tomando interés. Ahora quiero seguir adelante para llegar a tener un trabajo y así ayudar a mis padres y a mí mismo. Ese es mi gran sueño”, indicó.

Amigos y drogas

Vásquez Blandón dejará en el recuerdo esos fines de semana violentos en los que, igual que otros adolescentes, solía acumular piedras en puntos estratégicos del perímetro de la comarca para utilizarlas en los enfrentamientos campales que protagonizaba con contendientes de las comarcas de Unile y Santa Rosa, incluso, en ocasiones para atacar a la Policía.

“Eran enemistades gratuitas, de pura onda”, calificó. Añade que aún le duele recordar la mirada triste y seca de su madre Alba Andrea Blandón, quien sufría al verse impotente por controlarle su conducta, incluso alterada por los efectos de la marihuana. “De tanto fumar marihuana casi me dio ‘la blanca’. Se me fue la memoria, estaba como perdido, casi loco, que solo quería correr”, recordó con tristeza.

Con pesar recuerda cuando regresaba a la casa de sus padres con los bolsillos vacíos, después de cortar café en Jinotega, junto con los de su “pandilla”, porque lo que ganaba se lo gastaba en la compra del monte alucinógeno en aquella zona.Jelum García Mejía.

“Mis amigos ahora me miran diferente. ‘Entonces, ¿no vas a probar?’, me dicen, cuando me ofrecen marihuana. Les digo no, ya me alejé de ese vicio. Mejor busquen las cosas de Dios, estudiar; que aprovechemos el tiempo con tantas oportunidades que hay. Y si no, ahí van a venir ‘Los Dantos' (destacamento motorizado de la Policía Nacional) a traérselos”, acotó.

Reconciliación

Celebra no haber tenido problemas con la Policía. “Cuando llegaban, corría. Cuando armábamos aquellos pleitos, al que agarraban y metían preso, era el que pagaba por todos”, comentó.

Enfatiza el hecho que ahora se ha reconciliado con algunos excontrincantes de los enfrentamientos campales, incluso, en los estudios del mismo proyecto compartió aulas y partidos de futbol con dos jóvenes de la comarca Santa Rosa, de nombre Noé y Holman. “Hemos hecho prácticas de campo en Santa Isabel y en Santa Rosa y no ha habido problemas. Nos sentimos contentos, también nuestros padres”, reflexionó.

“Seré un empresario”

Jelum Duvier García Mejía, de 18 años, residente del Sector 12 de la ciudad de Somoto, es otro de los jóvenes que viró su vida por un camino distinto.

A su criterio, ahora que ha pasado el curso de manufactura de alimentos de ganado y sanidad animal, con el proyecto “Jóvenes Constructores”, llegó a comprender todos los esfuerzos que ha realizado su mamá, María Auxiliadora Mejía, para formarlo, no obstante, los sufrimientos que le infligió con sus vagancias nocturnas.

“Con los contenidos de los cursos, mi vida se ha transformado, porque reconozco que antes no tenía buena vida”, admitió.

“Ahora pienso en mi futuro, no en el presente; porque antes vivía mi presente en fiestas, fumando en las esquinas, creyendo que era lo correcto y estaba equivocado. Tengo el propósito de llegar a tener mi propia empresa”, dijo con convicción.

El plan de negocios que espera sea aprobado por el proyecto es instalar servicios de venta de agropecuarios, como concentrado lechero, bloques nutricionales, fármacos y vitaminas para ganado.

Se burlan de él

Sus amigos de andanzas nocturnas, que ahora saben que él estudia un curso técnico, se burlan.

“Vean al vaquero, el vaquero sin finca”, le dicen. “No les contesto nada. Sigo mi camino, normal, que hablen… si hay un loco, que no haya dos. En el curso, los profesores me enseñaron có-mo comportarme”, remarcó.

También encontró a uno de sus exrivales en ese curso, de nombre Rony, y pensó que iba a tener problemas con él. “Me dije, si este ‘man’ se me pone al brinco, hay que darle. Pero en el transcurso del estudio nos hicimos amigos. Olvidamos lo que pasó, ahora estamos en otro presente”, expresó.

Hay ocasiones en que se encuentra con otros “brothers” que se le acercan para preguntarle qué ha hecho para cambiar. “Yo les he explicado todo lo que he pasado en los cursos, y ellos se han interesado, y me interrogan: ‘¿Qué hacemos para meternos en eso?’", contó.

Su niñez rebelde al recuerdo

Dijo que deja atrás una vida de niñez y adolescencia rebeldes. “Mi mamá se iba a trabajar y quedábamos al cuidado de una tía, quien falleció. A escondidas fumaba cigarros, pero porque mirábamos que otros también lo hacían”, recordó.

Cuando asistía a las fiestas, también se involucraba en pleitos y en una ocasión le propinaron una pedrada en la espalda.

“Me iba sin permiso de mi mamá y regresaba a medianoche. En una ocasión ella se enfermó, y sin importarme, me fui a vagar… ahora que he cambiado, pienso en ayudar a mi mamá, a mi hermano para que siga estudiando; también a mi padrastro que me ha apoyado”, reconoció. Su progenitora María Auxiliadora Mejía también expuso las vicisitudes con su hijo, y hoy agradece a las personas que lo encauzaron por un buen camino.

Concursan por financiamiento para proyecto de reinserción

FUTURO • Gladys Cáceres, directora del Inprhu, explicó que “Jóvenes Constructores” pretende cambiar la dirección de las vidas en los jóvenes en riesgo. “Deben subir nueve gradas: cumplir metas y compromisos, pensamiento crítico, salir de la zona de confort, es decir, de los grupos juveniles, del consumo de drogas; que sepan cómo resolver los conflictos, la flexibilidad, el manejo de emociones y frustraciones y la práctica de la comunicación”, enumeró.

Los requisitos que estableció el programa eran tener entre 16 y 25 años, como mínimo el grado sexto aprobado, estar sin trabajo, sin estudio, en pobreza extrema y expuestos a situaciones de violencia.

Al finalizar el curso de un año, los jóvenes participan con sus planes de negocio en un concurso de financiamiento, que oscila entre U$100 y U$1,500 dólares. La formación gratuita por joven ha tenido un costo de U$700 a U$1,000 dólares.

De la mala vida, a la Universidad

Algunas ONG habían llevado capacitaciones a la comunidad sobre temas de sexualidad, primeros auxilios, prevención de VIH y otras cosas. “Yo le daba importancia, pero miraba que los demás jóvenes llegaban por pura onda, solo para llenar espacios”, dijo Aarón Blandón.

También le motivó el ejemplo de los jóvenes de la Cooperativa Multiservicios Jóvenes Emprendedores de Madriz, pues algunos de sus socios pertenecieron a grupos juveniles. Agregó que en los propósitos de superación ya está cursando el primer año de inglés en la filial de la Universidad Autónoma de Nicaragua en Somoto.

Últimos Comentarios
blog comments powered by Disqus