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Una de las formas de violencia sexual más frecuente que persiste en algunas comunidades indígenas de Matagalpa es la creencia comunitaria del “mono mico”, un hombre que mediante rituales de brujería, se convierte en un mono para robar y abusar sexualmente de las jóvenes, reforzando y justificando estos actos, expresó Mariela Bucardo Chávez, quien abordó la situación en la investigación "Experiencias y resistencias de mujeres, adolescentes y jóvenes rurales ante la violencia sexual, las uniones tempranas y el embarazo en la adolescencia".

“Yo siempre duermo con un short socado y recuerdo que estaba en mi cama y después amanecí sin short, pero sentí como que se me tiró un animal encima, este me tapaba la respiración, le platiqué a mi mamá y me dijo: Seguro fue el mico que vino”, comentó Mayra, uno de los testimonios recopilados para esta investigación.

Mayra piensa que esa fue la única vez que le sucedió y aún se pregunta si fue “el mico” o su papá, aunque cree que de haber sido él hubiera ocurrido varias veces.

Esta práctica comunitaria del “mono mico” es en realidad abuso sexual contemplado en el Código Penal, donde se define que “quien realice actos lascivos o lúbricos y tocamientos en otra persona, sin su consentimiento, u obligue a que lo realice (...) será sancionado con pena de prisión de cinco a siete años”, indicó Chávez.

La investigación fue realizada a inicios del 2015 en tres comunidades rurales del municipio de Matagalpa (Samulali 1, Samulali 2 y Piedra Colorada) donde fueron entrevistadas 19 jóvenes entre los 13 y 28 años. En esta también se menciona  las uniones a temprana edad entre menores de edad y hombres mayores, principalmente en zonas cafetaleras.  

Muchas de las jóvenes que convivían con hombres mayores que ellas manifestaron que habían sufrido violencia, sin embargo, preferían seguir con ellos que regresar a sus casas.

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