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Cuando el presidente hondureño, Juan Orlando Hernández, denunció el cinco de agosto que algunas pandillas que operan en Centroamérica dirigen sus operaciones con llamadas telefónicas desde Estados Unidos y México, las maras ejecutaban en El Salvador, Guatemala y la propia Honduras varios crímenes al unísono.

Por tal motivo, el mandatario hondureño impulsó la creación de una fuerza trinacional antimaras, que se formalizó el pasado martes en una reunión en San Salvador, en la que participaron sus homólogos Salvador Sánchez Cerén (El Salvador) y Jimmy Morales (Guatemala).

La fuerza conjunta contra el crimen en el Triángulo Norte centroamericano se desplegará desde septiembre próximo y estará conformada por autoridades de seguridad, justicia, inteligencia y defensa, según el acuerdo suscrito por los mandatarios de Honduras, El Salvador y Guatemala.

El Triángulo Norte es una de las zonas más violentas del mundo, con las pandillas, el narcotráfico y el crimen organizado como mayores responsables.

En 2015 se registraron 17,422 homicidios en esos tres países, donde viven 31 millones de personas, la mayoría sumida en la pobreza.

El sociólogo José Miguel Cruz, en su estudio La transformación de las maras centroamericanas, escrito para el Latin American and Caribean Center, señala que la evolución de las temibles maras responde a dos grandes factores: “la transmisión de identidades culturales de los Estados Unidos y las políticas estatales” de los países centroamericanos.

GRUPO ÉLITE

Para combatir a esas pandillas, el grupo élite de seguridad trinacional solo operará en las fronteras que comparten Guatemala, El Salvador y Honduras, y es parte de un “Plan Regional” para el combate de la criminalidad.

Los acuerdos entre Sánchez, Morales y Hernández, los mandatarios de El Salvador, Guatemala y Honduras, respectivamente, quedaron plasmados en una declaración conjunta suscrita por cada uno.

El pasado 12 de agosto los titulares de Seguridad y Defensa de los tres países acordaron, en un encuentro en San Salvador, ejecutar la propuesta de Honduras de crear una fuerza antipandillas regional, denominada “Grupo Élite de Seguridad”, que quedó definitivamente establecida en la reunión presidencial del pasado martes.

Tanto las pandillas Mara Salvatrucha (MS13) como el Barrio 18 asedian a los tres países y son responsabilizadas por los altos índices de homicidios.

La situación de violencia afecta gravemente la vida de una región marcada por la pobreza que decidió emigrar de forma masiva a Estados Unidos y México, entre los principales destinos.

Las maras, según han demostrado las autoridades de la región, poseen diversos negocios, que van desde los hospedajes, transporte y servicio de mecánica, hasta la extorsión.

Pero el sociólogo Cruz sostiene que las maras no nacieron únicamente por la deportación de los jóvenes migrantes desde Estados Unidos, sino que también influyó la exclusión socioeconómica. -El triángulo de la muerte-

“En ese contexto, las identidades y normas culturales importadas desde el exterior jugaron un papel fundamental para enfrentar la marginación y la violencia porque esas identidades habían sido creadas como producto de la exclusión sufrida en las megaciudades del norte. Convertirse en un MS-13 o en un Dieciocho ayudaba a comprender y sobrevivir en las calles y en las relaciones con los demás”, indica Cruz.

IMPUESTO DE GUERRA

Y mientras los presidentes firmaban en El Salvador el acuerdo de seguridad regional, en Honduras las maras mantuvieron su accionar delictivo.

Los pandilleros incendiaron el martes dos autobuses del transporte público en Honduras después de desalojar a los pasajeros, en un aparente intento de extorsionar a los dueños de los vehículos, informó una fuente de los bomberos.

El 19 de agosto, además, otro pandillero intentó quemar un bus del servicio público en la periferia oeste de la capital hondureña, pero varias personas lograron sofocar el fuego.

Los pandilleros de la MS-13 y Barrio 18 siembran el terror en el transporte público y en barrios y colonias de las principales ciudades de Honduras, Guatemala y El Salvador, con asesinatos en el cobro de “impuesto de guerra”.

Entre el accionar de las pandillas se incluye la quema de buses y dispararles.

También cometen extorsiones en los barrios, lo que ha obligado a los habitantes a abandonar sus localidades e incluso sus países de origen. Nicaragua se ha convertido en uno de sus destinos.

POLÍTICA DE MANO DURA

Los gobiernos, en tanto, continúan aplicando una política de mano dura contra los pandilleros. Hace una semana cinco miembros de la violenta banda Mara Salvatrucha murieron en un enfrentamiento con la policía en la zona rural de la 87ciudad de San Rafael Cedros, en el noreste de El Salvador, informó la Fiscalía.

De acuerdo con el sociólogo Cruz, la política de mano dura de los gobiernos contra las maras tuvieron resultados impactantes: En Guatemala capturaron a más de 20,000 miembros en el período de un año y El Salvador casi 31,000 delincuentes pasaron a la cárcel solo en 2003 y 2005.

Pero esos encarcelamientos, irónicamente, fomentaron que las maras empezaran a organizarse desde las cárceles, explica Cruz en su análisis La transformación de las maras centroamericanas.

“En los institucionalmente débiles países centroamericanos, estas medidas represivas proporcionaron la oportunidad para el fortalecimiento y organización de las pandillas. En las cárceles las maras comenzaron a organizarse en estructuras jerárquicas. Decenas de pandilleros, pertenecientes a la misma mara, pero que provenían de distintos lugares, establecieron contactos, reconocieron otros grupos y reestructuraron sus organizaciones”, concluye.

El próximo paso para tratar de frenar el reguero de sangre en el triángulo norte de Centroamérica se dará a partir de septiembre, cuando el equipo élite trinacional enfrente a las maras. 

EL OTRO PLAN

MEDIDAS. Los países del Triángulo Norte de Centroamérica (Guatemala, El Salvador y Honduras) también impulsan el llamado Plan de la Alianza para la Prosperidad, con el que pretenden impulsar la economía y los asuntos sociales para desincentivar la migración hacia Estados Unidos, que en el 2014 llegó a ser crítica con la llegada de miles de niños centroamericanos solos a territorio estadounidense.

El vicepresidente de EE.UU., Joseph Biden, habló de la “violencia terrible” que azota al Triángulo Norte y recordó que el presupuesto de su país hacia la región se ha duplicado en los últimos dos años, hasta los 750 millones de dólares actuales.

“Hemos dejado claro que este dinero no es un regalo, sino que está condicionado a que cada país cumpla objetivos específicos para fortalecer su seguridad e implementar reformas políticas y económicas”, que a la postre desincentiven la migración hacia EE.UU., señaló Biden en un artículo difundido hace una semana en su país.

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