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La Villa de Santa Ana pasó a ser ciudad el 2 de septiembre de 1839. Las autoridades celebran hoy el 177 aniversario de haber pasado a otra categoría, pero Chinandega sigue siendo un “punto de encuentros”.

Ahora, la ciudad se ve más moderna y el comercio ha marcado su estética. “Ha sacrificado su historia. El crecimiento del comercio trajo al suelo a los edificios más viejos, para levantar un centenar de módulos y tiendas modernas, que dejan atrás lo que fue Chinandega”, comentó el historiador Arturo Cano Díaz.

En estado de abandono se encuentra la casa del obrero, la fachada del antiguo Colegio San José, que han sobrevivido al paso del progreso.

En mejor estado se visualizan ahora la casa de las hermanas Deshon Morazán, convertida en el Hogar de los niños Ángeles, la casa de la familia Callejas, donde funciona una universidad, la casa de la familia González, en la misma manzana del barrio San Antonio.  En algunos barrios como Santa Ana, El Calvario o Guadalupe, se encuentran viviendas que conservan la estructura de la vieja ciudad.

Ciudad de “encuentros”

Sin embargo, la fisonomía de la ciudad de “las naranjas” mantiene a través de los años el punto geográfico de “encuentros”, por situarse en el centro de varias ciudades importantes.  Cuando se fundó la ciudad, en Chinandega convergían los españoles que viajaban y entraban por el puerto de El Realejo, quienes venían de León o los que regresaban de El Viejo, como también nuestros aborígenes.

Hoy por hoy, pasan por Chinandega las importaciones que vienen del Puerto de Corinto, los comerciantes hondureños y salvadoreños que entran por el puesto fronterizo de El Guasaule.

Su historia

Chinandega nació alrededor de una ermita, describe Cano Díaz. Es lo que es hoy la iglesia de Santa Ana. El pueblo se desarrolló alrededor de ese templo. Su plaza es singular, asegura Díaz, quien al estudiar la colocación de la plaza de armas, descubrió que en Chinandega, al igual que Matagalpa, la iglesia está colocada al norte de la plaza (parque central) y no como lo concibió la tradición española, que ordenaba la iglesia al este.

Sus mejores hombres

Ricardo Delgado Ramos es otro historiador de Chinandega. Según sus investigaciones, Chinandega ha tenido gente ilustre que nos ha representado a lo largo de la historia de la ciudad.

“El primer hijo dilecto es el presbítero Abel Ruiz Romero, cura párroco de la iglesia El Calvario, en el año de 1945”, dijo Delgado, quien fue nombrado hijo dilecto de la ciudad en el año 2012.

Los hijos dilectos son escogidos del seno del Concejo Municipal y suman  más de 40.

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