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Hace una década los miembros de las comunidades indígenas mantenían su dieta tradicional, en la que predominaba la carne de pavo. Sin embargo, el deterioro que ha sufrido la Reserva de Biosfera Bosawas los ha obligado a cambiar sus hábitos alimenticios, cuenta Armando Edwin, expresidente del territorio indígena mayangna Sauni Arungka, en Bonanza.

“Para comer un pavo se tiene que buscar al menos 100 córdobas. Eso es difícil porque con eso se puede comprar dos libras de pollo, pero esto es algo que no está en nuestra forma de vivir; nuestra forma de vivir es ir a cazar un pavo, una gallina de monte y es una comida sana”, lamenta Edwin. 

Cada vez hay menos animales de caza. En ello coincide Lusbin Taylor, de la comunidad Musawas, quien dice: “hay que decir que la reserva ya no es reserva. Antes sí era reserva. Con la destrucción y desaparición de los bosques, los ríos y los animales que vivían ahí ya no”.

Según Taylor, entre las especies que han ido desapareciendo están el lagarto y cocodrilo de agua dulce, varias especies de peces y aves, además de venados. 

“Para poder cazar tenemos una normativa ecológica. Para hacer la siembra de arroz y maíz tenemos limitaciones. Si hacemos las cosas de manera descontrolada, vamos a desaparecer por completo”, añade Taylor. 

Además: El Hormiguero, puerto de montaña y puerta de entrada a Bosawas

Datos ofrecidos durante un ciclo de conferencias "Bosawas de Nicaragua y la Amazonía Peruana, comparación de dos casos de ecosistemas tropicales latinoamericanos", organizado por la Universidad Centroamericana (UCA), estiman que la reserva ha perdido al menos el 70% de su biodiversidad. 

Poca agua

Emilio Bruno, presidente del gobierno territorial Sauni As, ubicado justo en el corazón del “Pulmón de Centroamérica”, señaló que en al menos tres comunidades de la zona hay problemas de acceso al agua. 

“Nunca padecímos problemas de agua, pero hoy día hay comunidades donde se está secando la fuente de donde tomaban agua”, denunció. 

En ese sentido, Lusbin Taylor dice que al menos unas 2,350 personas han sido afectadas por dicha situación. 

  • territorios indígenas habitan en la reserva.

Problema complejo

La Reserva de Biosfera Bosawas tiene una extensión de 8,000 kilómetros cuadrados. Sin embargo en los últimos años, señala Jaime Íncer Barquero, asesor presidencial para asuntos ambientales y presidente de la Fundación para el Desarrollo Sostenible (Fundenic-SOS), se han perdido “por lo menos entre 2,500 y 3,000 kilómetros cuadrados". 

La situación, dice Erick Ramírez, voluntario de la iniciativa Misión Bosawas, es compleja debido a que “hay varias razones entrelazadas que hacen muy difícil que el proceso (de deterioro) se detenga”. 

"Por un lado, está la explotación maderera, está la invasión continua de los colonos (…), ya no se puede hablar de la cosmología de las comunidades indígenas de hace 30 años. Hay más contacto con las tecnologías y modos de vida del Pacífico, buscan unos niveles de vida más occidentales. Todo eso se traslapa y causa que la visión y la propuesta que se tenía para el manejo de la reserva estén desactualizadas”,  añade Ramírez.

Otro problema, según Ramírez, es que el territorio de la reserva es grande pero la densidad poblacional es bajísima. 

“Decir que ellos solos van a tener la capacidad de resguardar todo ese territorio es mentira. Además,  hay pocos guardabosques ni manera de evitar en la práctica toda la presión que llega desde afuera”, acota. 

  • 2,500 kilómetros cuadrados ha perdido Bosawas, según Jaime Íncer Barquero.
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